
No es del caso abrir hoy un debate acerca de los sucesos del 24 de marzo de 1976 ni de sus consecuencias en los años siguientes. La historia se encargará debidamente de eso. Este es un espacio periodístico y la temática que nos compete no es el pasado sino la actualidad. La cuestión, entonces, es analizar si aquellos episodios sucedidos hace hoy exactamente 35 años forman parte de nuestro presente como para que se haya establecido un día feriado para conmemorarlos.
La violencia extrema no forma parte de la praxis política vigente en
Pero no es esa la cuestión que nos interesa plantear sino la oportunidad de seguir insistiendo en mantener vigente una etapa de la historia que ya no forma parte de nuestra actualidad. El hecho de que estemos rememorando permanentemente un ciclo que quedó atrás hace tanto tiempo se asemeja a la conducta de esa gente que constantemente añora su niñez o su juventud porque carece de contenidos propios de la vida de las personas adultas.
Los argentinos tenemos la mirada echada hacia atrás porque carecemos de horizonte hacia el futuro. En ese sentido, este feriado del 24 de marzo es un símbolo de todo lo que los argentinos deberíamos no olvidar pero sí dar por superado. Es legítimo que algunos piensen que los militares fueron unos genocidas y otros consideren que salvaron al país de caer bajo el yugo de una dictadura marxista. Ese es un tema que deberán dirimir los historiadores cuando las pasiones referidas a estas cuestiones se apacigüen. Pero no es el problema de hoy y eso es lo que queremos recalcar.
Los problemas de hoy son la pobreza, la inseguridad, la inflación que reapareció bajo la gestión del kirchnerismo, la desastrosa calidad del sistema educativo, entre muchos otros más. La fruición con la que el gobierno se solaza en machacar con el recuerdo de lo sucedido en la década del ’70 pone en evidencia su carencia de planes hacia el futuro. Dejemos de lado la cuestión referida a la versión que el gobierno ha impuesto acerca de lo sucedido en esos años. Ese es un aspecto del problema que despierta discrepancias y pasiones muy agitadas. Pero no es un asunto que condicione nuestro análisis del presente con proyección al futuro. Dos personas que piensen sustancialmente diferente acerca de la década del ’70 pueden ser parte del mismo orden pluralista y coincidir o establecer una corriente de diálogo aún en el disenso en relación a las cuestiones de 2011 y hacia adelante.
Por todo esto, porque es un factor de desunión y de canalización equivocada de los esfuerzos, sostenemos que el 24 de marzo no debe ser feriado, simplemente debe ser un día más, un día laborable como todos y donde se omita toda referencia al pasado, no para negarlo ni olvidarlo sino para evitar que las disputas desactualizadas de los ’70 nos impidan construir la realidad del siglo XXI. Contra los que dicen que los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo, nosotros decimos que los pueblos que se quedan anclados en su pasado hipotecan su futuro. Y eso es lo que nosotros estamos haciendo, en nuestro propio perjuicio.