
La actitud del gobierno en el sentido de generar un incidente diplomático con Estados Unidos por una supuesta infracción en la carga de un avión que aterrizó en Ezeiza tiene mucha similitud con el incidente que derivó en
Es posible que el avión norteamericano haya contenido carga ilegal. Seguramente los yanquis no son ningunos “angelitos” y es creíble que hayan querido hacer pasar de contrabando algo que no correspondía. Es incluso verosímil que en ocasiones anteriores lo hayan hecho quizá con la complicidad de autoridades argentinas, esos mismos funcionarios que ahora “se dieron vuelta” porque eligieron “indignarse” por la “violación de la soberanía” y el “menoscabo de la dignidad nacional” provocado por la llegada de ese avión a Ezeiza.
Si es efectivamente cierto que el avión contenía carga ilícita, la forma apropiada de resolver el problema era secuestrar los materiales prohibidos, retenerlos en custodia hasta que el avión partiera de regreso y devolverlos a su lugar de origen por la misma ruta por la que vinieron. No había ninguna necesidad de “armar el circo” que el gobierno generó a partir de un hecho intrascendente y muy fácilmente solucionable.
Pero para un gobierno deteriorado –Rosas en 1845, Galtieri en 1982, Cris en 2011- un conflicto con una potencia extranjera de primer orden es un “regalo del cielo” para afirmar su imagen en el deslucido frente interno. Quienes cuestionamos la postura del gobierno en el enfrentamiento con los yanquis nos exponemos a ser acusados de ser “traidores a la patria”. Pero Rosas y Galtieri, al menos, tenían mejores pretextos que unas armas fuera de lugar en un avión. En aquellos casos, las excusas eran más plausibles porque estaban relacionadas con la soberanía territorial del país. Todo este conflicto con USA por la cuestión de las armas en el avión no es más que una payasada demagógica carente de sentido en sí misma y sólo explicable como parte de una escenografía montada deliberadamente por el kirchnerismo con el fin de extraer beneficios políticos en el frente interno, como el campeón de la soberanía frente al “ultraje” de una potencia extranjera. Lo que Cris y sus muchachos se olvidan es que Argentina no es Venezuela y que el discurso del “imperialismo” aquí se escuchaba hace 40 años –en la época en la que los actuales gobernantes militaban en los Montoneros- y ahora ya no conmueve a nadie.
Seguramente, dentro de pocos días toda esta pantomima habrá quedado olvidada y volveremos a las cuestiones domésticas que son las que verdaderamente nos preocupan. El futuro del país y la posibilidad de restablecer un ordenamiento republicano, usurpado por los últimos gobiernos, es la cuestión central de la política argentina de estos tiempos. Las payasadas de Timerman son una cuestión absolutamente secundaria.