Este es el punto donde suelen aparecer los argumentos en el sentido de que no se vislumbra con claridad qué gobierno podría sobrevenir en reemplazo del kirchnerismo. Hay también muchos liberales que sostienen que cualquier peronista o radical que acceda al gobierno no modificaría sustancialmente la situación respecto de la gestión desarrollada por el kirchnerismo.Esta consideración está basada en la idea de que tanto peronistas como radicales expresan un pensamiento político estatista, incompatible con la orientación ideológica del liberalismo. Pero esa apreciación omite considerar otros aspectos contenidos en el problema.
El kirchnerismo no es un gobierno que sólo tenga inclinaciones estatistas sino que además tiene una concepción totalitaria y hegemónica de la acción de gobierno. El kirchnerismo es esencialmente antidemocrático. Y esa es la diferencia con otras corrientes que, si bien son básicamente estatistas, también están inscriptas en los lineamientos de la democracia y no tienen la inclinación a vulnerar las reglas democráticas para ejercer el poder. Este hecho, que no todos los liberales valoran debidamente, implica que las corrientes de oposición que podrían subseguir en el ejercicio del gobierno al kirchnerismo, necesitadas de asegurarse un consenso popular básico, presumiblemente corregirán por lo menos los más burdos de los desaciertos del kirchnerismo y, al mismo tiempo, dejarán despejado para debatir, en el contexto de la institucionalidad democrática, las cuestiones de fondo que tienen que ver con el rumbo general del país. En ese marco, el liberalismo presumiblemente podrá encontrar los espacios para hacerse oir, expresar sus propuestas y programas y ejercer influencia concreta acerca de la marcha del país.

El año 2011 se perfila, entonces, como el momento en el que quedará reabierto el debate democrático y eso es muy bueno para que el liberalismo encuentre un espacio favorable para desenvolverse. Es en este sentido que señalábamos al principio que el principal problema político de nuestro país es la presencia del kirchnerismo en el gobierno. La presencia del kirchnerismo en el gobierno impide el debate político genuino en cuyo contexto los liberales podríamos hacer valer la consistencia de nuestros argumentos y la validez de nuestros principios, basados en consideraciones racionales y realistas que están en condiciones de superar las posturas voluntaristas y arbitrarias de los partidos mayoritarios, los cuales tienden a desacreditarse en razón de sus propias contradicciones.
Mirado desde este punto de vista, debemos admitir que el año 2011 se vislumbra como un año positivo si es que se concreta el definitivo alejamiento del kirchnerismo del gobierno y se abre una etapa de mayor debate democrático que, bajo el régimen actualmente imperante es imposible porque la dinámica de confrontación que está impuesta no deja margen para debate conceptual alguno. Los liberales debemos mirar como un hecho positivo que se despeje el espacio para que el debate político se abra hacia una creciente dosis de racionalidad. Si, como es altamente probable, esto sucede, tenemos motivos válidos para iniciar el año 2011 con una mirada optimista y con esperanzas fundamentadas de que dentro de 365 días estaremos mejor que ahora.