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martes, 15 de marzo de 2011

El cierre de las importaciones condena al pueblo a consumir productos caros y de baja calidad

El gobierno nacional ha tomado la decisión de cerrar la importación de numerosos productos tales como motos, autos, juguetes, indumentaria, alimentos, computadoras, bicicletas, etc. No viene al caso el análisis macroeconómico de las razones por las cuales el kirchnerismo adoptó estas resoluciones. Al final de cuentas llegaremos a la conclusión de que estas restricciones absolutamente arbitrarias e ilegítimas –porque el gobierno no es quién para determinar qué está permitido y qué no, en cuanto al modo en que los ciudadanos gastan su dinero- se deben a las inconsistencias de la política económica. No importa discutir ahora cuáles son esas debilidades y a qué se deben. Lo cierto es que, como tiene problemas, el oficialismo eligió perjudicar y avasallar a los ciudadanos para tratar de salir del atolladero en el que se encuentra. Lo que nosotros podemos decir es, sencillamente, que esta política no dará resultados como no los da ninguna política dirigista y que se trata de medidas abusivas y avasalladoras que contrarían los principios del derecho y de la dignidad personal de los ciudadanos.

Pero, dejando de lado los aspectos filosóficos y humanísticos de la cuestión, es oportuno hacer un análisis acerca de las conductas individuales que están envueltas en este tema. Si el gobierno cierra las importaciones es, evidentemente, porque los productos importados compiten exitosamente con las mismas mercaderías fabricados en Argentina. ¿Y por qué compiten exitosamente? Obviamente, porque las relaciones calidad-precio que ofrecen son convenientes para los consumidores. ¿Y por qué no es posible desarrollar en nuestro país productos aptos para competir con la producción extranjera? Aquí es donde llegamos al punto clave en el que queremos enfatizar.

La economía no se desarrolla “sola”. El desenvolvimiento de la economía demanda, inexorablemente, la existencia de un marco jurídico-institucional apropiado para asegurar la vigencia de las condiciones necesarias para que haya inversiones que motoricen todo el proceso de desarrollo y crecimiento. En la Argentina el nivel de inversiones es bajo, precisamente porque el marco jurídico-institucional no es el que los capitales demandan para establecerse en un país determinado. Ese bajo nivel de inversiones provoca que la relación calidad-precio de la producción argentina sea inferior a la de los artículos fabricados en el extranjero. Por eso los consumidores prefieren productos importados. Conviene destacar este hecho: los consumidores eligen mercacerías extranjeras porque les convienen más. Pues bien, esto, lo que los consumidores libremente eligen en cuando al modo de gastar su dinero, es lo que el kircherismo ha decidido prohibir...

¿Qué implica esto? Implica, por lo pronto, que los funcionarios del ministerio de industria, -Debora Giorgi específicamente- se atribuyen a sí mismos el derecho a decidir por los ciudadanos. Eso es lo que sucede cotidianamente en el país cuya señora presidenta describe como un paraíso de la libertad... Pero dejemos de lado los divagues de los burócratas y veamos el tema desde la perspectiva de los ciudadanos-consumidores. ¿Qué representa para ellos el cierre de las importaciones? Significa, sencillamente, que se verán obligados a adquirir productos argentinos de inferior relación calidad-precio que las mercaderías importadas cuyo ingreso al país ha quedado impedido...

Este es el punto al que queríamos llegar. El cierre de las importaciones deriva en una reducción de la calidad de vida del pueblo, que no tiene acceso a productos de mejor calidad y menor precio porque el gobierno, necesitado de compensar su despilfarro, decide impedir a los ciudadanos que ejerzan su derecho a adquirir aquello que deseen con el dinero obtenido por medio de su trabajo. Si esto no es una dictadura ¿qué nombre deberíamos aplicarle?

En definitiva, la cuestión en la que procuramos enfatizar es que, como consecuencia de su errónea política económica general, el gobierno –que se jacta de sus logros- obliga a los ciudadanos a vivir peor para evitar que todo el sistema económico se desmorone. Por lo tanto, que el gobierno no mienta más, que no afirme que su política económica es exitosa. Si lo fuera, no se vería obligado a cerrar las importaciones porque el nivel de inversiones permitiría que la industria argentina sea competitiva y entonces el ingreso de productos importados no provocaría desequilibrios macroeconómicos insalvables. Las inconsistencias de la política económica general son pagadas, en definitiva, por el atraso tecnológico y los productos caros y de baja calidad a los que el gobierno condena al pueblo argentino.