
El subsecretario de inversiones de
Pirovano expresó una idea que todos aquellos que militamos en el liberalismo compartimos enfáticamente: que la educación no es una cuestión que deba situarse en la esfera estatal. Se trata, por cierto, de un pensamiento que carece completamente de consenso. No por eso, sin embargo, deja de ser una orientación acertada.
Es significativo el hecho de que alguien que forma parte de la estructura de la política se haya decidido a dar el paso de decir esa verdad en público, saliéndose por completo de las tácitas normativas imperantes. Y por eso es lógico que haya sido severamente criticado, al punto de que muchos políticos estatistas solicitaron la renuncia del funcionario. Afortunadamente, la cúpula del Gobierno de
Es comprensible que las expresiones de Pirovano hayan desencadenado fuertes rechazos. La educación solventada por el estado con los impuestos pagados todos los ciudadanos es una institución fuertemente arraigada en nuestro país aún desde antes del inicio de nuestra vida como nación independiente. Ya el virreinato y luego Rivadavia le habían dado un sesgo estatista a la educación. Más tarde, esa tradición se reafirmó fuertemente con la acción de Sarmiento y otros dirigentes que consolidaron una intensa presencia del estado en la gestión educativa. Contra esa tradición se alzó Pirovano.
Técnicamente, las expresiones del funcionario macrista son acertadas. Sería largo y complejo explicar por qué lo son pero, en esencia, Pirovano se expresó con acierto. Pero como la abrumadora mayoría de las personas y de los políticos que representan a esas personas piensan de otro modo, sus palabras sonaron heréticas. Y así como Galileo Galilei fue condenado en 1633 por decir lo que actualmente nos parece absolutamente obvio, que
Vivimos bajo un régimen de pensamiento único donde el espacio para la expresión de iniciativas de orientación liberal está muy restringido. El incidente que tuvo a Carlos Pirovano como protagonista ha puesto claramente de manifiesto esa limitación que existe de hecho aunque nominalmente exista libertad de pensamiento. No existe, en