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lunes, 18 de julio de 2011

Se empieza a notar la muerte de Kirchner

Las probabilidades de que Cristina Kirchner gane las elecciones de octubre son ahora menores de lo que eran hace dos meses. Seguramente los encuestadores amaestrados que el gobierno tiene entre sus operadores políticos diría otra cosa pero se “palpa en el ambiente” que los acontecimientos de las últimas semanas (el Madres-gate, la derrota de Filmus, el papelón por la filiación de los hijos adoptivos de la señora de Noble, la escasez de nafta, etc) han erosionado la base de sustentación política del kirchnerismo.

No por esto el oficialismo ha dejado de tener ventajas en cualquier sondeo serio que se haga sobre el resultado electoral. Si las elecciones fueran hoy, Cristina ganaría, quizá no ya en primera vuelta pero con una ventaja significativa sobre el segundo que, aparentemente, estaría disputado entre Alfonsín y Duhalde. El interrogante que se plantea es si este bache es temporario y en pocas semanas se producirá una recuperación o si se trata de un gobierno que se encuentra en un proceso de declive irreversible.

Este es el tipo de situaciones donde, para el kirchnerismo, la ausencia de Néstor es más notoria. El fundador del régimen sabía mejor que nadie cómo administrar las adversidades, tejer nuevas redes de adhesiones, motivar a los militantes desmoralizados y reformular los objetivos hasta lograr un reposicionamiento que le permita al gobierno retomar la iniciativa perdida. Desde que Kirchner murió hasta ahora, nunca el oficialismo se había encontrado en una situación tan adversa. La muerte de Kircher operó en sí misma como un factor revitalizador de su propio movimiento. Pero ahora, aquel impulso que la muerte del fundador diera a todo el kirchnerismo, parece haberse agotado. Por eso el gobierno está ante una situación inédita: procesar una instancia desfavorable sin la presencia de Kirchner.

Si Néstor Kirchner viviera, es fácil imaginarlo por estos días pronunciando un discurso con su característico tonito sarcástico, descalificando a quienes lo cuestionan, burlándose de sus adversarios e identificándolos con los intereses antipopulares. Ese tipo de intervenciones eran las que desconcertaban a los opositores y dejaban en posición favorable al gobierno. Pero ahora no hay quien cumpla esa misión tan delicada que Kirchner realizaba a la perfección. Y eso deja al gobierno a la deriva.

Los antecedentes muestran que es muy difícil que la Señora sepa administrar esta circunstancia adversa. Fue ella quien generó, con su miopía, buena parte del problema. Tengamos en cuenta que, además de las dificultades que la oposición y las noticias le plantean, hay en el kirchnerismo serios problemas internos derivados de la preferencia de la Presidenta por los grupos juveniles en desmedro de los cuadros tradicionales del peronismo. Néstor Kirchner no hubiera permitido jamás que esta sorda revuelta interna se produzca.

Pero la posibilidad de que este panorama favorable sea aprovechado depende también de cómo opere la oposición. Hay que repetir una vez más el obvio concepto de que, para que Cristina pierda, es necesario que alguien le gane. Parecen perfilarse mejor Alfonsín y Duhalde, Carrió aparenta haber perdido protagonismo y Binner es una incógnita. Quizá Macri termine teniendo bastante influencia si concreta su previsiblemente amplia victoria sobre Filmus. Las internas del 14 de agosto pueden ser –o no- determinantes en este sentido. Si hay un vencedor amplio, ese candidato probablemente se convierta en el referente de la oposición pero si el resultado es incierto, la dispersión de votos puede concluir por ser funcional a los intereses del gobierno. Quizá la suerte juegue a favor del kirchnerismo aún en este momento de debilidad.

En definitiva, el dato es que el gobierno está debilitado en comparación con la situación de hace dos meses pero sigue dominando el escenario político. El interrogante es si ese debilitamiento se acentuará o se revertirá. No se puede hacer pronósticos definitivos. Los acontecimientos están en pleno desarrollo. Lo único que cabe hacer es seguirlos, interpretarlos y, quien tenga posibilidades de hacerlo, influir sobre su marcha.

miércoles, 22 de junio de 2011

El anuncio formulado por la presidenta formaliza el escenario electoral

El anuncio formulado oficialmente ayer por la Presidenta de la Nación en el sentido de que presentará su candidatura a la reelección elimina cualquier duda: hay que derrotarla para que Argentina no se convierta definitivamente en una dictadura; estamos ante una situación límite, es ahora o nunca.

Afortunadamente, el gobierno llega a esta elección en un momento en el que nuevamente empieza a debilitarse. Es altamente probable que, de ahora en más ese fenómeno tienda a acentuarse, en particular si los opositores producen hechos políticos que pongan en evidencia que son una alternativa viable frente al kirchnerismo.

Conviene en este punto clarificar ciertas cuestiones básicas referidas a lo que una elección representa.

Una elección consiste en seleccionar un candidato entre un menú de postulantes, lo cual no implica una decisión de carácter absoluto y definitivo sino circunstancial y aplicada a la coyuntura específica en la que esa votación se está produciendo. Trasladado este concepto general a la situación particular de la Argentina de hoy, la cuestión es que necesitamos sacarnos de encima a la lacra kirchnerista... Ese es el problema central que los argentinos debemos dirimir en la elección del próximo 23 de octubre: si vamos a seguir sometidos a la dictadura que nos quiere imponer el actual gobierno o desarrollamos los anticuerpos suficientes como para derrotarla y abrir así un debate amplio y democrático respecto del futuro de nuestro país.

Este es el punto donde debemos ser flexibles en términos ideológicos porque las posturas dogmáticas no tendrán más efecto que favorecer al kirchnerismo. Los liberales tenemos enormes diferencias con todos los candidatos opositores pero, a pesar de eso, tenemos algo en común: estamos dispuestos a convivir en un ordenamiento que reconozca el pluralismo como marco general de la vida política. Los liberales tenemos grandes diferencias con Elisa Carrió, Eduardo Duhalde, Hermes Binner, Ricardo Alfonsín, etc pero, al menos, ninguno de ellos se perfila como un dictador. En otro contexto, este hecho sería irrelevante pero, en el marco de un escenario donde está en juego la vigencia del orden republicano amenazado por un proyecto político con intencionalidades totalitarias, el hecho de que alguien no tenga vocación hegemónica adquiere una significación esencial. Con Carrió, Duhalde, Binner y Alfonsín tenemos enormes diferencias pero al menos compartimos la voluntad de vivir en un marco de respeto por el derecho del otro a expresar su pensamiento, precisamente el requisito que el kirchnerismo quiere eliminar. Lo que estará en juego en la elección de octubre es la vigencia de la república pluralista o la conversión de Argentina en una dictadura monopartidista. Por grandes que sean las diferencias que los liberales tengamos con los candidatos opositores, debemos priorizar lo que es el problema inmediato del país, precisamente para garantizarnos la vigencia de un contexto político que nos permita tratar de divulgar el liberalismo en etapas posteriores...

Si el kirchnerismo gana en octubre, no hay futuro para el liberalismo en la Argentina; si gana la oposición, la posibilidad de que el liberalismo tenga cabida en el escenario político estará disponible, no porque quien gane vaya a aplicar políticas liberales sino porque no tendrá propensiones totalitarias. Esta es la cuestión clave para definir la orientación del voto liberal en las elecciones de octubre. Debemos preservar la vigencia de la república para que el liberalismo sea posible en el futuro.

Lo que se deduce de todo esto es que la idea básica con la cual los liberales deberíamos evaluar el voto es la de garantizar la vigencia de la república contra las intenciones hegemónicas del kirchnerismo. Aún no está definitivamente claro cuál es la mejor alternativa para alcanzar ese objetivo coyuntural aunque hay indicios que dan una orientación apreciable. Pero faltan cuatro meses para las elecciones, el desarrollo de la campaña permitirá ofrecerá elementos de juicio que permitirán extraer conclusiones mejor fundamentadas.

miércoles, 15 de junio de 2011

Acompañemos la divulgación de los índices de inflación elaborados por las consultoras

El gesto de los diputados opositores que respaldaron ayer la difusión de un promedio de los índices de inflación medidos por consultoras privadas, simboliza el eje de las disputas políticas de la Argentina de esta época. Como la política del kirchnerismo consiste en mentir sistemáticamente, el acto de respaldar la verdad científica se ha convertido en una postura opositora. El kirchnerismo ha provocado que el concepto de verdad se convierta en sí mismo en un motivo de debate político. El gobierno nos ha transportado en el tiempo a la Edad Media, antes del advenimiento del racionalismo, cuando las teorías más disparatadas adquirían legitimidad porque no se requería la confrontación con los hechos concretos para verificar su autenticidad. Entonces, si alguien sostenía que la tierra era plana, el argumento se tornaba verosímil porque no se le exigían pruebas que lo demostraran. El concepto de verificación no se conocía por aquella época.

Eso, negar la validez de las demostraciones, es lo que el kirchnerismo hace actualmente. Por ese motivo la conducta de los diputados opositores tiene significación política ya que marca la diferencia con el gobierno. Los memoriosos cuentan que, cuando Perón se enfrentó con la Iglesia, hasta los opositores ateos iban a misa. Ahora está ocurriendo algo similar. Como el gobierno ha convertido a la mentira en una política oficial, el acto de decir o respaldar la verdad se ha convertido en un gesto de militancia opositora.

Esto de que la verdad se convierta en objeto del debate político debería entrar en el terreno de lo absurdo y hasta de lo cómico si no fuera porque quien provoca esta situación es un gobierno elegido democráticamente dos veces por el pueblo y que, según todas las encuestas, se perfila como favorito para ganar las elecciones de octubre. Que el gobierno mienta, vaya y pase, todos los gobiernos lo hacen. Pero que el pueblo vote a ese gobierno que hace de la mentira una política sistemática ya es más grave. Por eso mismo el gesto de los dirigentes opositores que respaldaron la difusión de un índice de inflación que desmiente las habladurías del oficialismo tiene un perfilado sentido político.

Sucede que, a los efectos del desenvolvimiento general del país y de cada habitante dentro de ese contexto, la verdad no puede estar sujeta a discusión porque, entonces, todas las decisiones se tornan inciertas. No es lo mismo evaluar una hipótesis de inversión con una inflación mínima que con aumentos de precios descontrolados, por ejemplo. Y de milllones de decisiones de ese tipo depende el progreso general y los bienestares individuales de toda la población. Entonces, que se diga o no la verdad no es una cuestión secundaria o anecdótica sino un problema básico, casi previo a cualquier otro. Una vez que se conoce cuál es la situación real en la que nos encontramos puede debatirse –porque eso es inherente al sistema político- cuáles son los problemas prioritarios a los que hay que atender, cuál es el mejor método para abordarlos, cuáles son las políticas que conviene aplicar, etc.

El kirchnerismo ha llevado al reconocimiento de la verdad al centro del debate político y, en ese sentido, el gesto de los legisladores opositores es valioso porque contribuye a marcar una diferencia con el gobierno y a respaldar a las consultoras privadas que miden la inflación y que el gobierno ha estado acosando por medio de multas y denuncias. Pero es necesario señalar que se trata de un debate muy primitivo, muy básico, muy elemental.

Por cierto que no es por casualidad que hayamos llegado a esto sino que ocurre porque así lo ha decidido el pueblo a través de sus pronunciamientos electorales y en medio de circunstancias de crisis y de angustia que permitieron que aventureros como lo Kirchner se encumbren hasta espacios adonde nunca deberían haber llegado si las etapas políticas anteriores hubiesen tenido desenlaces menos traumáticos. Pero, dentro del cuadro general de deterioro en el que estamos inmersos, no nos queda a los liberales otro camino por seguir que acompañar a los diputados opositores que respaldaron la publicación de los índices que reflejan la inflación real. Por muchas diferencias que tengamos con ellos, no nos queda más alternativa que situarnos del lado de la verdad. Cuando la vigencia de la verdad haya quedado definitivamente restablecida, será el momento oportuno de marcar nuestras diferencias con aquellos a quienes ahora nos corresponde apoyar.

jueves, 21 de abril de 2011

Todos estamos pendientes de la decisión de la Señora

Todos los análisis políticos actuales están basados en el supuesto –sólidamente fundamentado, por cierto- de que la presidenta ganaría las elecciones de octubre. Las encuestas reflejan este hecho inequívocamente. La Señora tiene a su entera disposición cuatro años más de mandato presidencial. Esto le podría permitir seguir avanzando contra los poderes económicos concentrados, trabajando en el proceso de redistribución de la riqueza, combatiendo los monopolios mediáticos, en definitiva, seguir consolidando el “modelo”. El interrogante que cabe plantearnos es si resulta prudente semejante curso de acción.

Porque este modelo se sustenta en circunstancias muy favorables, no sólo en el campo internacional sino inclusive en el plano interno. Y no sólo en factores económicos sino también políticos. Quienes creen que todo el secreto del éxito kirchnerista se explica por el elevado precio de los commodities se confunden. El éxito del kirchnerismo se explica esencialmente porque aplica políticas contradictorias con las que se ejecutaron durante los años ’90. Hasta ahora esas políticas no produjeron resultados positivos pero generaron la esperanza de que estos sobrevengan. Si la Señora gana las elecciones, el pueblo empezará a demandar resultados visibles y eso es algo que el kirchnerismo no puede ofrecer. Por lo tanto, es altamente probable que, una vez que pasen los comicios, cuando el pueblo demande una devolución por el crédito que le dio al kirchnerismo y este no esté en condiciones de saldar esas facturas, sobrevenga un rápido desgaste del oficialismo. Si esto ocurre, los próximos cuatro años serán muy difíciles porque habría un gobierno con un largo período por delante y un malestar social creciente. Afortuanadamente para la Señora, De la Rúa devolvió el helicóptero y la viuda lo sigue teniendo a su disposición.

Pero por estas mismas razones resulta posible que, finalmente, la viuda desista de presentar su candidatura a la reelección, como parecen insinuarlo algunas de sus expresiones en sus últimos discursos. Por supuesto que no se puede tener una certeza absoluta acerca de lo que piensa la Señora en su intimidad pero en los últimos discursos hizo repetidas alusiones a conceptos como la temporalidad de los mandatos políticos, o que apoyará este proyecto desde cualquier lugar donde le toque estar, entre otras insinuaciones en el mismo sentido. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si Cristina eligiera bajarse de la presidencia y dedicarse a erosionar al futuro gobierno desde la oposición? ¿No sería eso una perspectiva política más promisoria para ella? ¿No podría convertirse en una suerte de “Elisa Carrió” del kirchnerismo, dedicada a la crítica sistemática sin tener el problema de tener que gobernar y asumir responsabilidades cotidianamente? En definitiva, ese es el papel político en el que Cristina brillaba con luz propia, cuando era legisladora y fustigaba a los gobiernos de otros o apoyaba la gestión de su marido. A Cristina el papel de legisladora le sienta mucho más que el de presidenta, más aún cuando no tiene a su marido a su lado para que la respalde y la inspire...

Si Cristina decidiera dejar la Presidencia y ocupar algún otro espacio dentro del sistema político, tendría todas las ventajas del reconocimiento popular y ninguno de los problemas que el ejercicio del gobierno plantea. Y, admitámoslo, la Señora es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de esto. Hasta ahora, las hipótesis que se vienen manejando son: 1) que Cristina se presenta a la reelección; 2) que se aleja de la política. Pero hasta ahora nadie consideró la alternativa intermedia, que es que se aleje del gobierno pero no de la política, preservándose como alternativa para más adelante, tirándole la “bomba de tiempo” a otro para que se haga cargo de enfrentar los serios problemas que probablemente sobrevengan en los próximos años. Si tomamos los contenidos de sus últimos discursos, esa podría ser la conclusión que puede extraerse de sus palabras. Y si esto sucediera todo el escenario político se revolucionaría... El dato clave de la coyuntura política es qué camino seguirá Cristina. A ese dato están condicionadas todas las demás variables. Por eso la oposición no logra plasmar ninguna propuesta consistente. Y, obviamente, la Señora se guarda la decisión hasta último momento para asegurarse el mayor margen de maniobra. Todos estamos pendientes de ella. Cuando ese dato se aclare, el resto de las variables se acomodarán espontáneamente. Mientras tanto, seguirá reinando la incertidumbre...

miércoles, 30 de marzo de 2011

Mientras el gobierno es coherente y eficaz, la oposición es vacilante y dubitativa

Todos los indicios señalan que la ministra de justicia, Nilda Garré, no concurrirá hoy a la Cámara de Diputados, adonde fue citada para dar explicaciones por su inacción ante el bloqueo a la planta impresora de Clarín del último domingo. Si así procediera, la actitud de Garré sería lógica y consecuente con el accionar del gobierno que, simplemente, ignora a las instituciones y opera en el terreno de los hechos consumados. El problema es que, frente a esta conducta del gobierno, la oposición sigue expresando su “condena” y su “preocupación” por “la degradación del sistema republicano”. Mientras tanto, el kirchnerismo continúa consolidando los fundamentos de su poder.

El hecho de que Garré ignore la convocatoria para presentarse en la Cámara de Diputados es natural de parte de una ministra que tiene como práctica habitual el desconocer las órdenes de la justicia y ordenar la pasividad policial ante situaciones que exigen la intervención de la fuerza pública. Quizá no esté mal que los diputados convoquen a Garré a dar explicaciones, aún sabiendo que la ministra eludirá hacerse presente en el Congreso. De ese modo, al menos, no le darán la posibilidad de mentir que “no me presenté porque no me convocaron”. Sí, señora ministra, usted fue convocada y no se presentó. No podrá decir que no fue invitada a dar una respuesta.

La ausencia de Garré sería funcional a la estrategia del gobierno, que pretende que el episodio del bloqueo a Clarín quede sepultado en el olvido lo más pronto posible. La cuestión es: frente a este accionar del gobierno ¿qué plan de acción eficaz tiene la oposición? La realidad es que no tiene ninguno. Y ahí está la diferencia entre el kirchnerismo y la oposición y también la razón por la cual el gobierno se encamina a obtener la victoria en las elecciones a pesar de que su imagen no es buena.

El plan político del kirchnerismo no es del agrado de mucha gente pero es un plan, hay un curso de acción definido, se puede aproximadamente imaginar qué es lo que el kirchnerismo representa. La oposición no tiene un plan claro, sus propuestas son inconsistentes, se perciben como contradictorias, impracticables, ilusorias. Y eso explica por qué la oposición no está en condiciones de enfrentar seriamente al gobierno. El oficialismo puede no gustar demasiado –de hecho, a la mayoría de la población no le agrada mayormente- pero expresa un proyecto que es políticamente inteligible. Eso da, al menos, un margen de previsibilidad. Como la oposición no presenta una alternativa mejor, el krichnerismo termina consolidándose como el único proyecto “votable”. La previsible ausencia de Garré de la Cámara de Diputados es consecuente con el plan político del gobierno.

Dos ejemplos de la carencia de planes políticos por parte de la oposición los constituyen la decisión de Ernesto Sanz de negarse a participar de la interna radical que él mismo promovió y el anuncio de Mauricio Macri de que las elecciones en la Capital se realizarán el 10 de julio pero su partido no tiene candidato. ¿Qué adhesión pueden suscitar en el electorado políticos tan vacilantes, dubitativos, medrosos y contradictorios? Frente a esas ambivalencias, el gobierno es claro: bloquea Clarín, le dice a la policía que no actúe y cuando los diputados citan a la ministra, Garré les hace pito catalán. La Presidenta, mientras tanto, no se refiere al tema en sus discursos y los medios oficialistas pronuncian un discurso consecuente con ese curso de acción. La población percibe esta unidad de acción, esta coherencia en el desarrollo de la gestión política y termina prefiriendo al gobierno que a la oposición porque, al menos, le da una dosis de previsibilidad que los opositores no le ofrecen.

No se trata de que la población desconozca que lo que el gobierno hace está mal. Por el contrario, lo tiene muy claro. Pero el problema es que nadie hace nada mejor. Y entonces no hay alternativa posible. La opción es “kirchnerismo o caos” y, ante ese escenario, el oficialismo sigue siendo lo menos malo.

Si no se produce una reacción, las elecciones de octubre serán “un paseo” para el gobierno. Todavía nada es irreversible pero las perspectivas no son halagüeñas. No hay razones para el optimismo. Para obtener determinados efectos hay que operar sobre las causas. Y eso sólo lo hace el kirchnerismo. Por eso, hablando estrictamente, si gana las elecciones, la victoria será merecida. Que los cusantes de esto se hagan cargo de su responsabilidad.

lunes, 28 de marzo de 2011

Podría estar gestándose una alternativa opositora viable

En el curso del fin de semana circuló una información que no tuvo mucha repercusión pero sobre la cual conviene depositar la mirada porque puede tener gran importancia. La noticia es que se estaría organizando, para mañana, martes, una reunión secreta entre todos los referentes del peronismo disidente donde la cuestión determinante es la participación del senador Carlos Reutemann. Nada más que eso, al menos en principio.

El hecho de que Reutemann participe no implica, teóricamente, que el Lole vaya a ser candidato a nada. Según consta en las informaciones disponibles, Reutemann le dijo a Eduardo Duhalde que "yo acompañaré a quien gane la elección interna del Peronismo Federal: seas vos o Rodríguez Saá". La coordinación de la reunión está a cargo de alguien que se hace notar poco pero que tiene un papel significativo: la diputada Graciela Camaño.

No podemos engañarnos respecto de lo que una reunión de este tipo representa, en particular al estar centrada en la presencia o no de Reutemann. La lectura política apropiada es que se trata del paso inicial para motorizar el proyecto Reutemann 2011. Es natural que esta iniciativa no se anuncie aún e inclusive que se la niegue, tanto de parte del propio senador como del resto de los participantes en el acuerdo. Seguramente, hay todavía muchas cuestiones por negociar y resolver antes de que se tome una decisión al respecto. El propio Reutemann, por una natural y comprensible prudencia, no se decidirá hasta tanto toda la ingeniería política destinada a sustentar su eventual candidatura no esté debidamente edificada.

No vamos nosotros, desde el liberalismo, a sumergirnos en el análisis de los detalles de esta negociación. Se trata de una cuestión que involucra a una línea interna del peronismo y, por lo tanto, no nos concierne. Pero lo que no nos es ajeno es el destino del país. En las circunstancias actuales, es esencialmente importante que el kirchner-moyanismo sea derrotado en las próximas elecciones y un peronismo corrido hacia el centro, moderado y tolerante aunque mantenga los usuales contenidos populistas que lo caracterizan, es una opción satisfactoria dentro de este panorama. Reutemann es un político apto para encabezar un proyecto de esa naturaleza. Por eso el dato de que se proyecta una reunión trascendente donde el factor central es la presencia del Lole adquiere significación.

El principal problema de todas las corrientes de oposición, hasta el momento, es la imposibilidad de definir un candidato capaz de aglutinar y contener a todas las corrientes y a atraer a suficientes porcentajes del electorado como para derrotar al oficialismo. Por eso, desde este espacio, en las últimas semanas, hemos venido sosteniendo que, de no modificarse el rumbo político, la Señora ganaría las próximas elecciones presidenciales. Pero si sectores relevantes del justicialismo convergen en una candidatura aceptable y despliegan hacia abajo una base de sustentación política razonablemente consistente, la posibilidad de vencer al kirchner-moyanismo se torna cierta. Más aún, es posible que esta sea la señal que determine que la Señora resigne su candidatura porque se daría cuenta de que no puede ganar y, antes que perder, preferiría seguramente alejarse del poder para disfrutar de todos los beneficios acumulados a lo largo de estos años. Y que nadie se haga ilusiones: los peronistas la van a dejar ir sin llevarla a la justicia ni preguntarle cómo fue que se enriqueció.

Es posible que algunos se indignen ante este hecho pero no hay vuelta con esta cuestión. La Señora puede seguir siendo o no la presidenta pero no va a ser condenada por ningún ilícito. No nos quejemos, peor sería que vuelva a ganar las elecciones. También es posible que algunos liberales intransigentes cuestionen el hecho de que veamos como positiva la eventual candidatura de Reutemann y sostengan que, en definitiva, es peronista y no liberal. Pero nosotros debemos considerar como valioso al hecho de que pueda asegurarse la vigencia del orden republicano, aún cuando el gobierno no sea de carácter liberal porque en un contexto de pluralismo podríamos hacer valer la mayor consistencia de nuestra argumentación con vistas a un gradual crecimiento político posterior. Un eventual triunfo de Reutemann y el desplazamiento del kirchnerismo es funcional a los intereses políticos del liberalismo. Debemos saber apreciar y aprovechar la oportunidad que podría presentársenos.

jueves, 17 de marzo de 2011

El gobierno va ganando pero las elecciones de octubre aún no están definidas

Para que Cristina Fernández no gane las elecciones de octubre es absolutamente indispensable que haya algún candidato que le gane... Este hecho obvio, elemental, básico es la razón esencial por la cual el gobierno se está encaminando a obtener la victoria. El kirchnerismo se beneficia de la ausencia de adversarios que trabajen seriamente para derrotarlo.

Este hecho, la pasividad de la oposición, no es absolutamente inexplicable. No se trata simplemente de que los dirigentes del gobierno sean más inteligentes que los líderes de la oposición o que no pueda haber entre los opositores figuras que puedan enfrentar con solvencia a los representantes del oficialismo. En gran medida la ventaja competitiva del gobierno se explica porque el proyecto político que el cristinismo corporiza responde a las expectativas de anchas franjas de la población.

Nos guste o no, el kirchnerismo –y más aún el cristinismo propiamente dicho- responde a las demandas mayoritarias del pueblo argentino. Las prácticas clientelistas, que los opositores liberales fustigamos sistemáticamente, representan una respuesta a cuanto gran parte de la población demanda. Hay amplios sectores de de nuestro país que no quieren aprender a pescar; quieren que les den pescado. El gobierno lo sabe y actúa en consecuencia. El pueblo argentino repudia la aplicación de impedimentos directos a la libertad de expresión y por eso la presidenta debió desautorizar a quien pretendió descalificar la presencia de Mario Vargas Llosa en la Feria del libro pero los actos de intimidación contra medios y periodistas opositores no generan rechazo en la mayoría de la población, como tampoco tiene costo político alguno el montaje del circo mediático instituido por el gobierno. Y eso los estrategas del oficialismo lo saben y por eso mantienen su presión sobre los medios independientes aunque al mismo adoptan una fachada de tolerancia que no concuerda en absoluto con sus inclinaciones genuinas.

El mismo tipo de razonamientos podría hacerse en relación a otros temas. El cristinismo, como antes el kirchnerismo, tiene muy bien calibrado de qué modo “comprar” la voluntad del pueblo. Para que un proyecto opositor prospere sería necesario ofrecer algo mejor. Sería falsa la afirmación de que no hay margen para superar la propuesta del gobierno. La gestión del cristinismo tiene puntos débiles, tales como la inflación y la inseguridad, al mismo tiempo que no logra erradicar un sentimiento que no se manifiesta pero que está inconscientemente presente, que es la sensación (y esto sí es una sensación) de que todo el andamiaje social es muy precario y que podría desmoronarse en cualquier momento.

Pero la oposición no encuentra el modo de generar una oferta que aproveche los puntos débiles del gobierno para erosionar la base de sustentación electoral del oficialismo. En buena medida, esto se debe a la falta de convicción de los dirigentes opositores para impugnar los métodos clientelistas del gobierno porque todos saben que esas prácticas suman apoyos. Por lo tanto, el cuestionamiento hacia esas políticas traería aparejado un costo político que no tendría compensación suficiente por la adhesión que suscita, en núcleos minoritarios, el repudio al clientelismo. La realidad electoral de Argentina demuestra que, haciendo sumas y restas, la aplicación de prácticas clientelistas ayuda a ganar elecciones y el gobierno tiene muy bien armada su respuesta a esa demanda. Para derrotar al gobierno, habría que ofrecer respuestas mejores en las áreas donde el gobierno es débil pero sin desarmar –por lo menos, de manera abrupta- la red de contención social que el kirchnerismo ha montado.

Esta es la clave del resultado electoral de octubre. Si la oposición no logra armar algún proyecto que desactive los puntos donde el gobierno es fuerte, la Señora será reelecta, mal que nos pese. Pero aún hay tiempo para diseñar algún proyecto superador. Si bien el oficialismo lleva ventaja, la elección de octubre aún no está definida. Hay margen para revertir el resultado. El desenlace aún está abierto.

lunes, 7 de marzo de 2011

Aunque hubiera ballotage, ganaría Cristina

La marcha de los acontecimientos políticos sigue resultando favorable al gobierno nacional. Si el escenario se mantiene así hasta las elecciones, las probabilidades de que la Señora gane y obtenga un nuevo mandato son muy elevadas. Algunos análisis indican que si no obtiene los votos necesarios para ganar en la primera vuelta, en el ballotage perdería contra cualquier candidato. Pero estos análisis dan por cierto que en la segunda vuelta todos los votos que haya tenido la oposición irán automáticamente al candidato que se enfrente con el gobierno. Eso, por cierto, es muy dudoso. No está escrito en ningún lado que deba ser así.

Resulta muy difícil suponer, por ejemplo, que si Macri llega a la segunda vuelta, los votantes de Pino Solanas, de Elisa Carrió o de Ricardo Alfonsín se volcarán unánimemente por “Mauricio” antes que por la Señora. Y lo mismo sucede en cualquier otro caso, ya sea que el rival del oficialismo sea Alfonsín, el propio Solanas, Carrió o, por ejemplo, Eduardo Duhalde. Hay sin dudas en la mayoría de los votantes argentinos un sentimiento anti-kirchnerista. Pero ese sentimiento está muy disperso y se explica por muchas razones, lo cual dificulta la llegada a un acuerdo. Entonces, todos coinciden en la posición crítica hacia el gobierno pero en muchos casos los opositores están entre sí más lejos de lo que lo están del gobierno. Y en un ballotage, donde las opciones son sólo dos, es altamente probable que aquellos votantes cuyos candidatos preferidos quedaron fuera de carrera, aunque sean opositores del kirchnerismo, lo sean más aún de quien compite con el gobierno y, ante esa disyuntiva, terminen por apoyar al oficialismo. Si eso sucede, muchos de los votos obtenidos por el gobierno tendrían poca convicción y escaso entusiasmo pero en las urnas todos los votos valen lo mismo. Una vez que la boleta está en la urna, da lo mismo si el sufragio fue emitido con convicción o por rechazo al otro contendiente. De hecho, el kirchnerismo nunca fue una corriente política que suscite adhesiones calurosas pero ha ganado muchas elecciones, en buena medida porque nunca tuvo una oposición consistente que le hiciera sombra. Y ese fenómeno de la falta de oposición sigue presente, no porque no la haya sino porque está dispersa, lo cual es lógico porque los dirigentes responden a las expectativas de sus votantes y no pueden ponerse de acuerdo de cualquier manera simplemente para oponerse al gobierno si las diferencias entre ellos son tan acentuadas.

Es lamentable tener que decirlo pero todos los acontecimientos políticos, por el momento, están operando en favor de los planes reeleccionistas del gobierno y no porque el kirchnerismo actúe de mala fé sino porque no aparece nada mejor para suplantarlo. En definitiva, la orientación filo-izquierdista del kirchnerismo expresa el sentimiento mayoritario del pueblo, que demanda que el estado le saque a los que más tienen para darle a los que tienen menos. Y el kirchnerismo en cierto modo hace eso. Es una mala política porque condena a los pobres a la pobreza eterna pero es la política que la mayoría del pueblo demanda y es la que gana elecciones.

Por el momento, nadie desarrolló una estrategia apta para contrarrestar la capacidad del kirchnerismo de ganar “por descarte”. Puede discutirse todo lo que se quiera pero lo cierto es que para que el gobierno pierda es necesario que alguien le gane y no lo hay. En esa falta de respuestas se estrangulan todos los proyectos opositores y se despeja el espacio para la continuidad del gobierno. Ese es el cuadro de situación en este momento.

¿Puede modificarse la situación de aquí a las elecciones? Sí, puede. Pero para que eso suceda debería invertirse la tendencia en la que la dinámica política viene evolucionando. Desde las elecciones legislativas de 2009, hace casi dos años, cuando el gobierno resultó derrotado, se generó la expectativa de que surgiera alguna corriente opositora apta para vencerlo y esta no aparece. Por el contrario, las razones que provocan la dispersión de la oposición siguen más vigentes que nunca. Entonces, la conclusión a la que llegamos es que, por el momento, las perspectivas llevan a concluir que el gobierno ganaría las próximas elecciones y tendrá un nuevo período en el poder. Por el momento, esto es lo que hay. Podría cambiar pero por ahora no se vislumbra cómo. Los plazos se van acortando. Las perspectivas no son favorables...

lunes, 21 de febrero de 2011

Por falta de opciones, la señora se encamina a una nueva victoria

El transcurso del tiempo sin que se vislumbre la consolidación de proyectos alternativos opera en favor de las aspiraciones de la señora Cristina de obtener la reelección en los comicios de octubre. Aparentemente, los dirigentes opositores no tienen la intención de deponer las ambiciones de todos ellos y crear alguna propuesta apta para competir seriamente con el oficialismo. Ante este vacío, debemos admitir, reconocer y lamentar que probablemente el gobierno consiga la victoria en las elecciones de octubre. Y, debemos agregar, será un triunfo merecido y legítimo porque si nadie presenta una propuesta mejor, no se puede responsabilizar al pueblo de votar lo que hay...

Si las alternativas a Cristina son Alfonsín y Duhalde, no le pidamos a los beneficiarios de un Plan Trabajar, gracias al cual comen todos los días, que resignen lo ínfimo que tienen. Es humanamente entendible que se apoye a quien al menos les da un mendrugo diario si la opción es no recibir nada. El problema radica en que el gobierno es la única propuesta nítida que se perfila con vistas a las elecciones. En la oposición, la única candidata formalmente lanzada es Elisa Carrió, quien, a excepción de sus habituales y consuetudinarias denuncias sobre negociados y coimas, no representa un proyecto político claro. Nadie puede siquiera imaginarse qué haría Carrió si llegara al gobierno. Carrió es más bien de izquierda pero no mucho, lo cual significa que probablemente aplicaría una política muy contradictoria y nada previsible. Ese hecho la sitúa claramente en desventaja para competir con un gobierno al que se le pueden hacer todas las críticas que se quiera pero no se puede negar que tiene un rumbo político muy claro y no hace nada por ocultarlo.

En general, todos los precandidatos tienen posiciones cercanas a las del gobierno, no hay proyectos que promuevan abiertamente un cambio en la orientación política. ¿En qué pueden diferenciarse sustancialmente Ricardo Alfonsín o Eduardo Duhalde del kirchnerismo? ¿Van a reducir ampliamente las intromisiones del estado en la economía, van a disminuir el gasto público para eliminar la emisión como fuente de financiación para frenar la inflación, van a bajar la presión impositiva, van a crear condiciones para que los mercados operen libremente? ¡Por favor, estamos grandes para creer en los Reyes Magos! Y allí está el problema, justamente en que no aparecen programas alternativos y todos son burdos imitadores de las políticas que el kirchnerismo aplica. Ni siquiera Macri se puede imaginar como un político con un proyecto diferenciado porque las concesiones que constantemente hace para mantener unificado a su partido lo convierten simplemente en un peronista de Barrio Norte pero, al fin, en un peronista más.

En rigor, es sumamente difícil que haya un cambio visible de orientación política porque el electorado está predispuesto a apoyar la continuidad de la actual gestión. Lo que se le cuestiona al gobierno es su actitud confrontativa, no el sentido ideológico de su política. La expectativa sería que se aplique una política similar a la actual pero con menos agresividad, menos agravios, menos enfrentamientos y menos sospechas de corrupción. Si se puede bajar un poco la inflación y la inseguridad, mejor... Pero, puestos a considerar, por diferentes razones, ninguno de los demás candidatos responde al conjunto de las expectativas de la población mejor que el actual gobierno. Y así es como, por descarte, la señora Cristina va encontrando despejado el camino para obtener un nuevo mandato...

La suerte aún no está definitivamente echada pero si no se renueva la oferta electoral va a resultar muy difícil que el kirchnerismo pierda, esencialmente porque no hay quien le gane... Debemos hacernos cargo de la posibilidad de que algo así suceda. Hasta ahora, cabía pensar que, supuestamente, en una segunda vuelta, Cristina perdería con cualquiera pero son tan inconsistentes las alternativas opositoras que, aunque no nos agrade, debemos reconocer que es difícil que, en el momento crítico, haya quien ofrezca mayores garantías que el gobierno en relación a las demandas simples y básicas de la mayor parte del electorado... Si esto no se modifica, la Señora volverá a ganar las elecciones, lamentablemente.

martes, 18 de enero de 2011

Un candidato que presente un perfil menos confrontativo podría ser un adversario de riesgo para el gobierno

Probablemente no haya, en la política argentina actual, interrogante más grande que el referido al modo de diseñar un proyecto apto para competir, desde una posición diferenciada, con los intentos de continuidad del gobierno. Considerando, como lo señalábamos en nuestra nota de ayer, que el contenido del discurso kirchnerista es muy popular, es evidente que una línea ideológicamente diferenciada tiene pocas perspectivas en términos electorales. El pueblo no le prestaría su apoyo a quien promueva un “corrimiento a la derecha”. A pesar de eso, el kirchnerismo no tiene una imagen positiva demasiado alta y, en términos de penetración electoral, muestra flancos débiles que hasta ahora nadie ha logrado explotar satisfactoriamente.

Aunque no hay estudios sociológicos que lo muestren fehacientemente, es altamente probable que el factor que explique una posición crítica de amplios sectores de la población hacia el gobierno, tenga que ver con el estilo confrontativo del kirchnerismo. Esto es algo que genera resquemor en sectores muy amplios de la población. El hecho de que el kirchnerismo esté constantemente generando disputas con adversarios elegidos puntualmente con el fin de establecer una línea divisoria entre “ellos y nosotros” resulta muy chocante con los sentimientos populares. Esa proclividad a la confrontación, manifestada en las conductas de personajes como Aníbal Fernández, Hèctor Timermann, Hugo Moyano, Guillermo Moreno y convalidados y enaltecidos por la viuda presidencial (y bendecidos desde el más allá por "él"), constituye el principal punto débil del oficialismo y ofrece, al mismo tiempo, una oportunidad a quien sea capaz de lanzar un proyecto alternativo.

Eduardo Duhalde dijo recientemente que él será “el candidato del orden”. Por supuesto que las promesas de Duhalde son menos creíbles que los índices inflacionarios informados por el INDEC. (Este Duhalde que hace tantas promesas es el mismo que en su momento aseguró que “quien depositó dólares recibirá dólares”. ¿Por qué habría que creer que ahora sí cumplirá sus compromisos después de que incumpliera los de aquel momento?). Pero esa definición de Duhalde abre un espacio para el análisis político. ¿Qué condición debería cumplir un candidato para resultar electoralmente atractivo y al mismo tiempo presentar un perfil diferenciado del que muestra el gobierno?

Quizá una buena propuesta sería la “concordia”. ¿Qué pasaría si alguien, en una versión diferenciada del kirchnerismo, se postula a sí mismo como “el candidato de la concordia”? Por supuesto, todo depende de la credibilidad del candidato. Pero si quien encarnara un proyecto de ese tipo fuera un dirigente confiable, bien podría tener, a través de esa línea discursiva, la posibilidad de desplazar al kirchnerismo del centro de la escena política.

Algunos, en particular desde los sectores más ideologizados del liberalismo, seguramente criticarán una iniciativa de este tipo con el típico argumento de que se trata de una propuesta “ambigua” o “tibia”. Y, efectivamente algo de eso hay. Pero no se trata de la ambigüedad de no saber qué hacer ni de la tibieza derivada de la falta de convicción sino que se trataría de una estrategia deliberada, destinada a marcar claramente una diferencia con el nefasto gobierno kirchnerista.

Argentina necesita, ante todo, dejar atrás la dinámica de la confrontación “a muerte” que ha sido el rasgo determinante de la gestión del actual gobierno. En un marco de mayor tolerancia, concordia y comprensión, habrá, indudablemente, diferencias ideológicas y programáticas que desencadenarán debates intensos y quizá muy acalorados pero, al menos, respetuosos, una característica que el kirchnerismo, por definición no contiene.

La concordia, la tolerancia, la convivencia, la comprensión mutuas son argumentos válidos para marcar una diferencia nítida con el gobierno kirchnerista en el campo de la competencia electoral. Tal vez a partir de estas premisas sea posible imaginar un camino apto para desalojar al actual oficialismo del poder por medios institucionales inobjetables.