martes, 19 de julio de 2011

Carlotto, un lobo con piel de cordero

La actitud del kirchnerismo en el sentido de negarse a dar por terminado el acoso contra los hermanos Noble Herrera pone de manifiesto una vez más la catadura moral del gobierno y deja al descubierto cómo la supuesta defensa de los derechos humanos no es otra cosa que un instrumento de acción política.

Nada de esto, la inmoralidad del kirchnerismo ni el empleo de los derechos humanos como pretexto para encubrir designios políticos son hechos nuevos. Lo cierto es que, hasta ahora, tanto kirchneristas como “derechohumanistas” venían logrando disimular con bastante éxito sus verdaderas naturalezas. La actitud frente al caso de los hermanos Noble Herrera hace salir a la superficie aquello que, hasta ahora, estaba encubierto por las conductas demagógicas que lo escondían.

El gobierno y Estela Carlotto se niegan a admitir la realidad, es decir, que la justicia está demostrando que es falso que los hermanos Noble Herrera sean hijos de desaparecidos porque ese hecho tiene efectos negativos en función de sus intencionalidades políticas. El kirchnerismo eligió al Grupo Clarín como enemigo político y Estela Carlotto, una funcionaria sin cargo formal pero que integra para-oficialmente el elenco gobernante, se presta para fogonear la ofensiva oficialista contra esa empresa, para lo cual emplea un recurso abyecto, como el de inventarle a la dueña de la firma el delito de “apropiación”.

Sería bueno saber cómo se sienten aquellas familias que verdaderamente buscan a sus nietos perdidos sin otras motivaciones que restablecer lazos de sangre con quienes son sus descendientes pero sin finalidades políticas. La señora Estela de Carlotto es un lobo con piel de cordero que, hasta ahora, ha logrado engañar a mucha gente pero que, con esta actitud, está mostrando su verdadera naturaleza moral.

La cuestión de las violaciones a los derechos humanos toca nervios sensibles de la sociedad argentina. La metodología que fue empleada para combatir a las organizaciones guerrilleras fue cruel y despiadada. Las razones por las que eso sucedió involucran un análisis sociológico bastante complejo que no viene al caso realizar ahora. Lo cierto es que las violaciones a los derechos humanos fueron un fenómeno de magnitud y que eso moviliza la sensibilidad de un elevado porcentaje de la población del país.

Sobre ese sustrato ética y políticamente legítimo se montaron las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo para ponerse al servicio del proyecto kirchnerista. Porque una cosa es buscar a los hijos de padres desaparecidos y otra cosa muy diferente es darle a esa búsqueda un contenido político específico. Esto último es lo que hace Estela Carlotto aunque, hipócritamente, siempre haya pretendido aparentar otra cosa. La señora Carlotto siempre fue la misma aunque a lo largo de mucho tiempo se mostró con una imagen de “abuelita buena” que le permitió despertar la simpatía de mucha gente que valoraba su seriedad y su moderación en el desarrollo de su tarea. Lo cierto es que muchas de sus expresiones permitían percibir la naturaleza real de sus designios pero resultaba difícil demostrar el engaño y, por lo tanto, quien intentaba cuestionar a Carlotto terminaba identificado con los “represores”.

La conducta de Carlotto en relación al caso Noble Herrera tiene el efecto de que la máscara se está cayendo. Del gobierno, representado por Aníbal Fernández, esto no sorprende ni llama la atención. Pero Carlotto está, ahora, “mostrando la hilacha”.

La justicia ha determinado que Marcela y Felipe Noble Herrera no son hijos de desaparecidos, mal que le pese al gobierno y a Carlotto. Se desconoce quienes son los padres biológicos de esos jóvenes. Pero dentro de lo que humanamente puede verificarse, ha quedado demostrado que las acusaciones sobre Ernestina Herrera de Noble son falsas. Siempre, dentro del marco de las acciones humanas, puede quedar un ínfimo margen de duda, que es la argumentación esgrimida por Carlotto y por Aníbal Fernández para fundamentar la continuidad del acoso hacia esos jóvenes. Este persistencia en sostener el ataque por motivaciones políticas demuestra quiénes son los kirchneristas –algo que sabemos desde siempre- pero también pone en evidencia, para quienes pudieran no haberlo percibido antes, quién es Estela Barnes de Carlotto, una persona de conducta repudiable que ha desnaturalizado la causa humanitariamente legítima de la búsqueda de los hijos de desaparecidos para ponerla al servicio de un proyecto político inmoral y totalitario.

lunes, 18 de julio de 2011

Se empieza a notar la muerte de Kirchner

Las probabilidades de que Cristina Kirchner gane las elecciones de octubre son ahora menores de lo que eran hace dos meses. Seguramente los encuestadores amaestrados que el gobierno tiene entre sus operadores políticos diría otra cosa pero se “palpa en el ambiente” que los acontecimientos de las últimas semanas (el Madres-gate, la derrota de Filmus, el papelón por la filiación de los hijos adoptivos de la señora de Noble, la escasez de nafta, etc) han erosionado la base de sustentación política del kirchnerismo.

No por esto el oficialismo ha dejado de tener ventajas en cualquier sondeo serio que se haga sobre el resultado electoral. Si las elecciones fueran hoy, Cristina ganaría, quizá no ya en primera vuelta pero con una ventaja significativa sobre el segundo que, aparentemente, estaría disputado entre Alfonsín y Duhalde. El interrogante que se plantea es si este bache es temporario y en pocas semanas se producirá una recuperación o si se trata de un gobierno que se encuentra en un proceso de declive irreversible.

Este es el tipo de situaciones donde, para el kirchnerismo, la ausencia de Néstor es más notoria. El fundador del régimen sabía mejor que nadie cómo administrar las adversidades, tejer nuevas redes de adhesiones, motivar a los militantes desmoralizados y reformular los objetivos hasta lograr un reposicionamiento que le permita al gobierno retomar la iniciativa perdida. Desde que Kirchner murió hasta ahora, nunca el oficialismo se había encontrado en una situación tan adversa. La muerte de Kircher operó en sí misma como un factor revitalizador de su propio movimiento. Pero ahora, aquel impulso que la muerte del fundador diera a todo el kirchnerismo, parece haberse agotado. Por eso el gobierno está ante una situación inédita: procesar una instancia desfavorable sin la presencia de Kirchner.

Si Néstor Kirchner viviera, es fácil imaginarlo por estos días pronunciando un discurso con su característico tonito sarcástico, descalificando a quienes lo cuestionan, burlándose de sus adversarios e identificándolos con los intereses antipopulares. Ese tipo de intervenciones eran las que desconcertaban a los opositores y dejaban en posición favorable al gobierno. Pero ahora no hay quien cumpla esa misión tan delicada que Kirchner realizaba a la perfección. Y eso deja al gobierno a la deriva.

Los antecedentes muestran que es muy difícil que la Señora sepa administrar esta circunstancia adversa. Fue ella quien generó, con su miopía, buena parte del problema. Tengamos en cuenta que, además de las dificultades que la oposición y las noticias le plantean, hay en el kirchnerismo serios problemas internos derivados de la preferencia de la Presidenta por los grupos juveniles en desmedro de los cuadros tradicionales del peronismo. Néstor Kirchner no hubiera permitido jamás que esta sorda revuelta interna se produzca.

Pero la posibilidad de que este panorama favorable sea aprovechado depende también de cómo opere la oposición. Hay que repetir una vez más el obvio concepto de que, para que Cristina pierda, es necesario que alguien le gane. Parecen perfilarse mejor Alfonsín y Duhalde, Carrió aparenta haber perdido protagonismo y Binner es una incógnita. Quizá Macri termine teniendo bastante influencia si concreta su previsiblemente amplia victoria sobre Filmus. Las internas del 14 de agosto pueden ser –o no- determinantes en este sentido. Si hay un vencedor amplio, ese candidato probablemente se convierta en el referente de la oposición pero si el resultado es incierto, la dispersión de votos puede concluir por ser funcional a los intereses del gobierno. Quizá la suerte juegue a favor del kirchnerismo aún en este momento de debilidad.

En definitiva, el dato es que el gobierno está debilitado en comparación con la situación de hace dos meses pero sigue dominando el escenario político. El interrogante es si ese debilitamiento se acentuará o se revertirá. No se puede hacer pronósticos definitivos. Los acontecimientos están en pleno desarrollo. Lo único que cabe hacer es seguirlos, interpretarlos y, quien tenga posibilidades de hacerlo, influir sobre su marcha.

miércoles, 13 de julio de 2011

El kirchnerismo quiere perder por poca diferencia

Cuando se conocieron los resultados de las elecciones del pasado domingo en la Capital Federal, surgió la duda acerca de si, dada la diferencia en favor de Mauricio Macri, Daniel Filmus desistiría de competir en la segunda vuelta. Sin embargo, desde el primer momento Filmus aseguró que participará en el ballotage y su posición en ese sentido no se ha modificado. ¿Por qué Filmus se empeña en participar en una competencia donde sus chances de ganar son prácticamente nulas?

La formulación de la respuesta requiere insertar el proceso electoral de la Capital Federal en el contexto nacional. La disputa Macri-Filmus se inscribe en el contexto de la contienda kirchnerismo-oposición. En la primera vuelta de la Capital Federal ganó ampliamente la oposición. Es casi imposible que en la segunda Filmus revierta el resultado adverso. Si la elección tuviera una significación únicamente local, Filmus seguramente admitiría la derrota y la victoria de Macri quedaría consagrada. Pero en la elección del último domingo sucedió algo más que la victoria de Macri, que fue la contundencia con la que el candidato de PRO se impuso. Esta diferencia es la que motiva al kirchnerismo a sostener la candidatura de Filmus para que vuelva a presentarse. No les importa volver a perder, lo que quieren es perder por menos...

La idea de los estrategas kirchneristas es que si logran achicar significativamente la diferencia de casi 20 puntos que los separa del macrismo, podrán reducir el impacto negativo de la derrota. Supongamos que muchos de los votantes que no se pronunciaron en favor de Macri ni de Filmus, se inclinaran mayoritariamente por el candidato kirchnerista y el resultado de la segunda vuelta fuera, por ejemplo, de 54 % a 46 % en favor de Macri. Si eso sucediera, el gobierno podría exhibir la derrota como si fuera un triunfo. Esa es la esencia de la estrategia del kirchnerismo con vistas a la segunda vuelta. Por eso vuelven a mandar a Filmus –un soldado leal como pocos, verdderamente- al combate en condiciones tan desfavorables. Aún descontando que van a perder, quieren mejorar su imagen a través de un resultado más decoroso. Y este propósito es lo que define el sentido político de la realización del ballotage.

Si el objetivo del kirchnerismo es sufrir una derrota digna para mejorar su imagen después de la “paliza” que Macri les pegó el domingo, resulta claro que la estrategia de la oposición debe ser, justamente, impedir que eso suceda. Todos aquellos que militamos en la oposición al kirchnerismo debemos tener clara esta cuestión. Si para el gobierno es valioso perder por poca diferencia porque le ayuda a mejorar su imagen, la estrategia de la oposición debe ser la de impedir que el oficialismo logre su propósito. Debemos entender que lo que está en juego no es la elección en la Capital sino la proyección de este resultado con vistas a los comicios presidenciales de octubre. Para derrotar al oficialismo es necesario desgastarlo en todas las batallas previas. Esa es la cuestión esencial que estará en juego el 31 de julio.

Por este motivo es que todos aquellos que estamos comprometidos con la obtención de la victoria de la oposición por sobre el oficialismo, debemos dejar de lado los reparos que nos inspire la figura de Macri y debemos apoyarlo sin condicionamientos. Necesitamos someter al kirchnerismo a una derrota apabullante, humillante, categórica. Ese es el aporte que se puede hacer desde la Capital para debilitar al gobierno a fin de crear las condiciones que permitan la obtención de un triunfo opositor en las elecciones de octubre. Aunque no haya actualmente una representación liberal que participa de las elecciones, hay un interés estratégico de parte del liberalismo para que se consolide un sistema republicano y pluralista que genere las condiciones para que una fuerza que represente al liberalismo encuentre un terreno fértil para desenvolverse. Para que este objetivo se concrete, es necesario que el kirchnerismo sea derrotado ante una fuerza comprometida con los valores republicanos aunque no sea de extracción liberal. En ese contexto, una derrota amplia del gobierno en la elección de la Capital es un aporte relevante a fin de concretar el objetivo final.

No podemos darnos el lujo de permitir que el kirchnerismo reviva. Se trata de un enemigo poderoso y hábil. En este momento, cuando está herido, no hay que tener piedad, misericordia ni contemplaciones. Debemos propinarle una derrota contundente por medio del más legítimo de los recursos: el voto popular, ese voto que, según Fito Paez, le da “asco”. Que se vaya acostumbrando porque el mal olor finalmente abarcará todo el país.

miércoles, 6 de julio de 2011

El descenso de River y el mercado televisivo

El descenso de River ha traído aparejado, entre otros, al problema de reformular la distribución de los derechos de televisión del fútbol argentino. Es interesante detallar que este problema existe, precisamente, porque la comercialización de los derechos de televisión del fútbol no está regido por el principio del libre mercado y se aplica un sistema colectivista.

El estatuto de AFA establece, en su Artículo 94, que

“Los ingresos que se produzcan para cada una de las Categorías profesionales, en concepto de derechos de televisación, en directo y/o diferido, corresponden íntegramente a la Asociación del Fútbol Argentino, y su forma de distribución dentro de cada Categoría, será establecida a través del Comité Ejecutivo”

Esto significa que los clubes no están autorizados a comercializar individualmente los derechos de televisación sino que quien está legitimada para hacerlo es la AFA. Se trata, claramente, de un caso de propiedad colectiva. Y, como en todo caso de propiedad colectiva, se plantea el problema de la distribución de los ingresos. En AFA, es habitual que haya encarnizadísimas discusiones por el reparto de los fondos recibidos en concepto de derechos de televisión. Los clubes más importantes, que tienen más hinchas y, por lo tanto, más audiencia televisiva, reclaman una parte más grande de la “torta” y los clubes más modestos, que son más cantidad, suelen hacer valer su mayoría numérica y así obtienen una retribución superior a la que derivaría de su audiencia televisiva genuina.

El descenso de River pone este problema nítidamente en evidencia. La AFA tiene firmado un contrato con el programa “Fútbol para Todos”, de la Jefatura de Gabinete, que incluye a las tres categorías profesionales. Dentro de ese contrato quedó subsumido un contrato preexistente de AFA con una subsidiaria del Grupo Clarín para emitir los partidos del fútbol de ascenso, de modo que Clarín compra a “Fútbol para Todos” el derecho a emitir el los partidos de la Primera B Nacional y el estado liquida a la AFA el total del monto acordado en el contrato. Es decir, de los 600 millones de pesos acordados en la Claúsula tercera del contrato con “Fútbol para Todos”, hay 42 millones que el estado los recibe del Grupo Clarín en concepto de pago de los derechos de emisión de las categorías de ascenso.

Cuando se definió la forma de distribuir el dinero, las autoridades de AFA dispusieron, unilateralmente, que de los 600 millones del contrato, 415 millones se distribuirían entre los clubes de Primera y 70 millones se repartirían entre los equipos de la Primera B Nacional. El resto del dinero quedaba para otras categorías y 35 millones eran para gastos generales de organización de los torneos. Todas estas asignaciones fueron completamente arbitrarias. No hubo absolutamente ningún tipo de mecanismo que permitiera determinar valores por medio de criterios de mercado. Estas decisiones fueron adoptadas unilateralmente por Grondona y sus colaboradores más estrechos y los dirigentes de los clubes, sumidos en la euforia por el incremento del dinero recibido por el nuevo contrato, las aceptaron sin mayores objeciones.

Luego, los clubes de Primera debatieron como distribuir el dinero que tenían asignado y se determinaron tres escalas. En la primera están River y Boca, en la segunda cuatro clubes y en la tercera el resto. Esta distribución también fue completamente arbitraria, no hubo ningún criterio de mercado que determinara cuanto valía la emisión de los partidos de cada uno de los equipos. A River y Boca les correspondieron alrededor de 30 millones simplemente “porque sí”.

Los clubes de la B Nacional se distribuían los 70 millones en forma absolutamente equitativa y de ahí salen los 3,5 millones que les corresponden a cada uno. Teóricamente, River debería bajar de los 30 millones que cobraba en Primera a los 3,5 millones que le corresponderían en la B Nacional y que Grondona ya se encargó de decir que no serán de aplicación en este caso específico porque, según dijo “es un caso atípico”. No se sabe aún cuanto cobrará River en esta temporada pero, en cualquier caso, será una cifra determinada arbitrariamente, no un precio surgido de ningún mercado.

Y acá es donde surge una reflexión liberal respecto de este tema. Obsérvese que hemos mencionado muchos números, todos los cuales fueron establecidos en forma discrecional por la AFA o por tironeos entre clubes pero no hay un solo precio que haya sido establecido por medio de la oferta y la demanda. ¿Por qué sucede esto?

El origen del problema hay que ubicarlo en la disposición estatutaria que transcribimos al principio, donde se establecía una propiedad colectiva de los derechos de televisación del fútbol... Porque ¿quiénes son los proveedores de la “materia prima” para que existe el producto “fútbol por TV”? La respuesta es: los clubes... La TV paga para emitir a Boca, a River, a Lanus, a San Martín de Tucumán, hasta Atlas, que está en la Primera D recibe dinero de “La otra pasión”, que se emite por Fox Sports. Entonces, si la TV paga por emitir los partidos de los diferentes clubes ¿Por qué entonces la propiedad de los derechos de TV es de la AFA y no de cada club en particular?

En verdad, esto sucede porque los clubes más modestos consideran –y tal vez tengan razón- que les conviene esta forma de propiedad y no otra. De ese modo, pueden apoderarse del dinero que la TV paga por emitir a los clubes más poderosos. El argumento que esgrimen es que “a la TV sólo le interesan Boca y River y no pagaría nada por emitir los partidos de los demás equipos”. Sin embargo, este argumento omite considerar el escenario alternativo que se generaría si la televisación del fútbol se abriera al sistema de libre mercado. Un torneo de fútbol lo disputan veinte clubes y comprende 38 partidos, 19 como local y otros tantos como visitante. La forma lógica de distribuir la propiedad de los derechos de TV no es que la AFA sea colectivamente dueña de todo el torneo sino que cada club sea titular de los derechos de televisión de los partidos que disputa en su estadio. Y que cada uno venda el derecho a emitir esos partidos como mejor le convenga.

Lógicamente, Boca y River obtendrán por sus partidos más dinero que Lanus o Argentinos Juniors. Pero cuando consideramos a un equipo debemos considerar también al rival. Cuando Argentinos Juniors juegue como local contra Boca o River, podrá vender los derechos de televisación de esos partidos al valor de mercado de sus adversarios y disponer para sí de esos recursos. Es claro que si el rival de Argentinos Juniors es Arsenal ese partido valdrá menos que si el adversario es Boca o River.

Los dirigentes de los clubes más modestos suelen sostener que si el torneo no se vendiera en bloque, nadie tendría interés en televisar los partidos donde no participen los clubes más poderosos. Pero ese argumento omite considerar el modo de operar de un sistema de mercado. Es cierto que, en las condiciones actuales, no hay canales interesados en televisar los partidos menos importantes a menos que estos vengan como parte de un “lote” con los cotejos más convocantes. Pero las circunstancias vigentes son la consecuencia de la aplicación de un sistema cerrado, donde no se ofrece la oportunidad de una explotación del negocio en condiciones de mercado. Es obvio que si los partidos no están disponibles para ser adquiridos, ninguna señal tendrá interés en comprarlos. Es necesario que los partidos estén a la venta para que aparezcan empresarios dispuestos a invertir en ese negocio. En los casos de los clubes más importantes, la retribución será más elevada y para los clubes más modestos el pago será menor, siempre ligado a las condiciones de mercado. Un sistema abierto de este tipo podría hacer, por ejemplo, que aparezcan canales locales interesados en emitir los partidos de equipos de cada ciudad. A San Martín de San Juan, recientemente ascendido, probablemente tenga más interés en televisarlo un canal de San Juan que uno de Capital Federal. El mercado siempre tiene derivaciones imprevisibles.

Y este sistema resolvería el problema que le plantea ahora a los dirigentes del fútbol el descenso de River en lo referido a la distribución de los derechos de TV. Si River fuera el dueño de los derechos de televisación de sus partidos como local, quizá ganaría lo mismo –o sólo un poco menos- en la B Nacional que lo que podría recaudar en Primera porque, en definitiva, a los hinchas de River siempre les seguirá interesando ver los partidos de su equipo, sin perjuicio de que juegue en una categoría inferior. Para los rivales de River, el hecho de que River haya descendido será beneficioso porque, cuando jueguen con el Millonario, podrán vender la televisación de sus partidos por un monto sustancialmente mayor.

Por supuesto, en AFA, una organización corporativa y colectivista como pocas, no se hará nada de esto. Pero, dado que se viene debatiendo acerca de cómo se reasignarán los derechos de televisación del fútbol a raíz del descenso de categoría de River, no está mal que los liberales ofrezcamos una solución racional a este problema. Seguramente nuestra propuesta será desechada pero cuando se encuentren con problemas que no pueden solucionar satisfactoriamente, sepan que el mercado siempre ofrece caminos alternativos.

martes, 5 de julio de 2011

Macri es el mal menor

La elección por la jefatura de gobierno en la Capital Federal está fuertemente polarizada entre el candidato de PRO, Mauricio Macri y el representante del gobierno nacional, Daniel Filmus. El resto de los candidatos han quedado muy relegados y su participación quedó limitada al plano del carácter testimonial. La razón por la que esto ha sucedido es que las aspiraciones hegemónicas del kirchnerismo han provocado que estas elecciones se “nacionalicen” implícitamente, es decir, estén condicionadas por su impacto en el escenario nacional, que se dirimirá en la elección presidencial del próximo 23 de octubre. Esta elección es una suerte de “prueba piloto” con vistas a los comicios presidenciales.

¿Qué posición cabe asumir, desde un punto de vista liberal, frente a la elección de la Capital Federal, en este contexto político? Si la elección fuera “químicamente pura”, en vista de que no hay candidatos que representen genuinamente al liberalismo, sería cuestión de cada votante que elija a quien quiera o que se abstenga de votar si lo prefiere. Pero la elección no es “químicamente pura” sino que está contaminada con el proceso de nacionalización que le impuso el gobierno. Entonces, el análisis debe ser realizado desde esa perspectiva. Para el liberalismo no es indiferente que el gobierno se convierta o no en una fuerza hegemónica. Las posibilidades de que el liberalismo crezca en la consideración política del pueblo argentino están relacionadas con que haya espacio para que eso suceda. El kirchnerismo se propone impedir la presencia de voces disidentes, entre ellas, la del liberalismo. Este es el marco en el cual hay que analizar la postura del liberalismo respecto de la elección de la Capital Federal.

La clave de la estrategia kirchnerista frente a la elección presidencial es imponer la idea de que “Cristina ya ganó”. Con ese argumento procuran generar desaliento en potenciales adversarios, que se produzca un sentimiento de resignación generalizada y que, de ese modo, se acepte la victoria del oficialismo como un hecho irreversible frente al cual es inútil cualquier resistencia. Una victoria de Filmus en esta elección sería totalmente funcional a esa estrategia. La interpretación –nada descabellada, por cierto- que el kirchnerismo le daría a una victoria del candidato gubernamental en la elección de Capital sería aproximadamente que “es tan evidente que Cristina ya ganó que hasta donde siempre perdimos, como Capital, también ganamos esta vez”.

Pero si esta estrategia del gobierno tiene éxito, el espacio para el liberalismo en el escenario político futuro quedará directamente anulado. Entonces, no es indiferente desde un punto de vista liberal que sea Macri o Filmus el ganador de la elección en Capital porque una victoria de Filmus sería un gran espaldarazo para las aspiraciones hegemónicas del kirchnerismo. A Macri pueden hacérsele innumerables críticas desde un enfoque liberal: que aumentó los impuestos, que su gestión no tiene transparencia, que no redujo la dimensión del aparato estatal del gobierno, que pactó con el sindicato municipal y muchos etcéteras más. ¡Pero Macri es claramente opositor al gobierno nacional! ¡Esta es la cuestión clave en este momento!

El kirchnerismo ha provocado un corte abrupto en el escenario político. De un lado, están ellos y sus aspiraciones hegemónicas, en la otra vereda estamos quienes valoramos el pluralismo. En ese sentido, y sin perjuicio de las innegables críticas que su gestión merece, los liberales debemos estar con Macri. No podemos ser tan dogmáticos de desconocer qué es lo que está en juego en esta elección. El árbol no nos puede hacer perder de vista el bosque. Por eso, en definitiva, la clave del análisis es que, dada la forma en la que los acontecimientos están planteados, Macri es el mal menor. Si en 2013 hay candidatos liberales, como lo promete el Partido Liberal Libertario, tal vez entonces tengamos la oportunidad de votar por nuestras propias posiciones políticas. Por ahora, no hay otra alternativa que acompañar a quienes están en condiciones de oponerse al kirchnerismo con mejores perspectivas.

miércoles, 22 de junio de 2011

El anuncio formulado por la presidenta formaliza el escenario electoral

El anuncio formulado oficialmente ayer por la Presidenta de la Nación en el sentido de que presentará su candidatura a la reelección elimina cualquier duda: hay que derrotarla para que Argentina no se convierta definitivamente en una dictadura; estamos ante una situación límite, es ahora o nunca.

Afortunadamente, el gobierno llega a esta elección en un momento en el que nuevamente empieza a debilitarse. Es altamente probable que, de ahora en más ese fenómeno tienda a acentuarse, en particular si los opositores producen hechos políticos que pongan en evidencia que son una alternativa viable frente al kirchnerismo.

Conviene en este punto clarificar ciertas cuestiones básicas referidas a lo que una elección representa.

Una elección consiste en seleccionar un candidato entre un menú de postulantes, lo cual no implica una decisión de carácter absoluto y definitivo sino circunstancial y aplicada a la coyuntura específica en la que esa votación se está produciendo. Trasladado este concepto general a la situación particular de la Argentina de hoy, la cuestión es que necesitamos sacarnos de encima a la lacra kirchnerista... Ese es el problema central que los argentinos debemos dirimir en la elección del próximo 23 de octubre: si vamos a seguir sometidos a la dictadura que nos quiere imponer el actual gobierno o desarrollamos los anticuerpos suficientes como para derrotarla y abrir así un debate amplio y democrático respecto del futuro de nuestro país.

Este es el punto donde debemos ser flexibles en términos ideológicos porque las posturas dogmáticas no tendrán más efecto que favorecer al kirchnerismo. Los liberales tenemos enormes diferencias con todos los candidatos opositores pero, a pesar de eso, tenemos algo en común: estamos dispuestos a convivir en un ordenamiento que reconozca el pluralismo como marco general de la vida política. Los liberales tenemos grandes diferencias con Elisa Carrió, Eduardo Duhalde, Hermes Binner, Ricardo Alfonsín, etc pero, al menos, ninguno de ellos se perfila como un dictador. En otro contexto, este hecho sería irrelevante pero, en el marco de un escenario donde está en juego la vigencia del orden republicano amenazado por un proyecto político con intencionalidades totalitarias, el hecho de que alguien no tenga vocación hegemónica adquiere una significación esencial. Con Carrió, Duhalde, Binner y Alfonsín tenemos enormes diferencias pero al menos compartimos la voluntad de vivir en un marco de respeto por el derecho del otro a expresar su pensamiento, precisamente el requisito que el kirchnerismo quiere eliminar. Lo que estará en juego en la elección de octubre es la vigencia de la república pluralista o la conversión de Argentina en una dictadura monopartidista. Por grandes que sean las diferencias que los liberales tengamos con los candidatos opositores, debemos priorizar lo que es el problema inmediato del país, precisamente para garantizarnos la vigencia de un contexto político que nos permita tratar de divulgar el liberalismo en etapas posteriores...

Si el kirchnerismo gana en octubre, no hay futuro para el liberalismo en la Argentina; si gana la oposición, la posibilidad de que el liberalismo tenga cabida en el escenario político estará disponible, no porque quien gane vaya a aplicar políticas liberales sino porque no tendrá propensiones totalitarias. Esta es la cuestión clave para definir la orientación del voto liberal en las elecciones de octubre. Debemos preservar la vigencia de la república para que el liberalismo sea posible en el futuro.

Lo que se deduce de todo esto es que la idea básica con la cual los liberales deberíamos evaluar el voto es la de garantizar la vigencia de la república contra las intenciones hegemónicas del kirchnerismo. Aún no está definitivamente claro cuál es la mejor alternativa para alcanzar ese objetivo coyuntural aunque hay indicios que dan una orientación apreciable. Pero faltan cuatro meses para las elecciones, el desarrollo de la campaña permitirá ofrecerá elementos de juicio que permitirán extraer conclusiones mejor fundamentadas.

miércoles, 15 de junio de 2011

Acompañemos la divulgación de los índices de inflación elaborados por las consultoras

El gesto de los diputados opositores que respaldaron ayer la difusión de un promedio de los índices de inflación medidos por consultoras privadas, simboliza el eje de las disputas políticas de la Argentina de esta época. Como la política del kirchnerismo consiste en mentir sistemáticamente, el acto de respaldar la verdad científica se ha convertido en una postura opositora. El kirchnerismo ha provocado que el concepto de verdad se convierta en sí mismo en un motivo de debate político. El gobierno nos ha transportado en el tiempo a la Edad Media, antes del advenimiento del racionalismo, cuando las teorías más disparatadas adquirían legitimidad porque no se requería la confrontación con los hechos concretos para verificar su autenticidad. Entonces, si alguien sostenía que la tierra era plana, el argumento se tornaba verosímil porque no se le exigían pruebas que lo demostraran. El concepto de verificación no se conocía por aquella época.

Eso, negar la validez de las demostraciones, es lo que el kirchnerismo hace actualmente. Por ese motivo la conducta de los diputados opositores tiene significación política ya que marca la diferencia con el gobierno. Los memoriosos cuentan que, cuando Perón se enfrentó con la Iglesia, hasta los opositores ateos iban a misa. Ahora está ocurriendo algo similar. Como el gobierno ha convertido a la mentira en una política oficial, el acto de decir o respaldar la verdad se ha convertido en un gesto de militancia opositora.

Esto de que la verdad se convierta en objeto del debate político debería entrar en el terreno de lo absurdo y hasta de lo cómico si no fuera porque quien provoca esta situación es un gobierno elegido democráticamente dos veces por el pueblo y que, según todas las encuestas, se perfila como favorito para ganar las elecciones de octubre. Que el gobierno mienta, vaya y pase, todos los gobiernos lo hacen. Pero que el pueblo vote a ese gobierno que hace de la mentira una política sistemática ya es más grave. Por eso mismo el gesto de los dirigentes opositores que respaldaron la difusión de un índice de inflación que desmiente las habladurías del oficialismo tiene un perfilado sentido político.

Sucede que, a los efectos del desenvolvimiento general del país y de cada habitante dentro de ese contexto, la verdad no puede estar sujeta a discusión porque, entonces, todas las decisiones se tornan inciertas. No es lo mismo evaluar una hipótesis de inversión con una inflación mínima que con aumentos de precios descontrolados, por ejemplo. Y de milllones de decisiones de ese tipo depende el progreso general y los bienestares individuales de toda la población. Entonces, que se diga o no la verdad no es una cuestión secundaria o anecdótica sino un problema básico, casi previo a cualquier otro. Una vez que se conoce cuál es la situación real en la que nos encontramos puede debatirse –porque eso es inherente al sistema político- cuáles son los problemas prioritarios a los que hay que atender, cuál es el mejor método para abordarlos, cuáles son las políticas que conviene aplicar, etc.

El kirchnerismo ha llevado al reconocimiento de la verdad al centro del debate político y, en ese sentido, el gesto de los legisladores opositores es valioso porque contribuye a marcar una diferencia con el gobierno y a respaldar a las consultoras privadas que miden la inflación y que el gobierno ha estado acosando por medio de multas y denuncias. Pero es necesario señalar que se trata de un debate muy primitivo, muy básico, muy elemental.

Por cierto que no es por casualidad que hayamos llegado a esto sino que ocurre porque así lo ha decidido el pueblo a través de sus pronunciamientos electorales y en medio de circunstancias de crisis y de angustia que permitieron que aventureros como lo Kirchner se encumbren hasta espacios adonde nunca deberían haber llegado si las etapas políticas anteriores hubiesen tenido desenlaces menos traumáticos. Pero, dentro del cuadro general de deterioro en el que estamos inmersos, no nos queda a los liberales otro camino por seguir que acompañar a los diputados opositores que respaldaron la publicación de los índices que reflejan la inflación real. Por muchas diferencias que tengamos con ellos, no nos queda más alternativa que situarnos del lado de la verdad. Cuando la vigencia de la verdad haya quedado definitivamente restablecida, será el momento oportuno de marcar nuestras diferencias con aquellos a quienes ahora nos corresponde apoyar.

martes, 14 de junio de 2011

La acusación de Bonafini a Schoklender vulnera hasta los códigos del hampa

La actitud de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, en el sentido de presentarse ante la justicia como querellante por las presuntas malversaciones de su ex apoderado, Sergio Schoklender, constituye el colmo de la desfachatez. Que Bonafini procure demostrar su inocencia, sería lógico y aceptable porque nadie tiene por qué declarar en su contra. Pero esta actitud de victimizarse y ensañarse con quien hasta hace poco fue su “mano derecha” es verdaderamente una canallada que sólo una persona impregnada de una enorme inmoralidad puede cometer.

Conviene poner el tema en foco: no es creíble que Bonafini ignorara, por lo menos en sentido general, cómo operaba Schoklender. Bonafini puede argumentar –y quizá algo de verdad haya en esto- que desconocía los detalles de la gestión de su apoderado. Por cierto que, aún admitiendo que esto sea así, demostró poca vocación por aclarar los hechos mientras Schoklender estaba en funciones si admitimos que no podía desconocer los lineamientos generales de la metodología de su subordinado y, a pesar de eso, no se ocupó se supervisar con más detenimiento qué estaba sucediendo. En ninguna organización institucional un funcionario que rinde cuentas a sus superiores puede incurrir en delitos tan graves como los que se le imputan a Schoklender si los jefes se ocupan de estar informados sobre las actividades de sus subalternos. Schoklender, de acuerdo con las acusaciones que pesan sobre él, no se “quedó con un vuelto”, ni gastó de más de la “caja chica”. Schoklender aparentemente montó una estructura delictiva que le reportó fortunas de ganancias ilícitas. La magnitud de las operaciones de Schoklender es lo que torna inaceptable el pretendido argumento de Bonafini en el sentido de que ella no sabía lo que su apoderado estaba haciendo. La argumentación de Bonafini equivale a ver un animal gris, gordo, con cuatro patas y trompa y luego señalar que no se percató de que estaba frente a un elefante... Es demasiado infantil, burdo, evidente como para darle crédito a los argumentos de Bonafini en el sentido de que ignoraba qué estaba haciendo Schoklender.


Pero, aunque no sea creíble, es esa una línea de argumentación entendible como estrategia de defensa ante la justicia. Bonafini podría adoptar la postura de que ella es una persona muy dolorida por la tragedia de sus hijos supuestamente desaparecidos, situarse en el papel de abuelita víctima de un hombre malvado que se aprovechó de su bondad y tratar de desligarse del tema. Hasta ahí, podemos no creerle a Bonafini –y, de hecho, no le creemos- pero se trata de una estrategia de defensa judicial que el fiscal debería desactivar por medio de pruebas. La justicia no condena por “falta de credibilidad” sino cuando aparecen elementos objetivos de juicio que permiten verificar la culpabilidad de quien está acusado. Que Bonafini adopte la postura de “hacerse la zonza” para tratar de desligarse de las operaciones de Schoklender puede ser una estrategia procesal y, aunque no eluda la condena política de quienes la consideramos una persona repudiable, puede llegar a obtener una sentencia judicial favorable y, al menos, tener un argumento en su favor en términos de la presentación ante la opinión pública. Si algo así sucediera, podría decirnos a quienes la reprobamos que “fui absuelta por la justicia”. Y entonces deberíamos enredarnos en desaprobar a Oyarbide, acusar al kirchnerismo de cooptar a los jueces, cuestionar la falta de transparencia institucional... En definitiva, Bonafini habriá conseguido “embarrar la cancha” y sus críticos nos quedaríamos hablándole a la luna.

Pero la actitud de acusar a Schoklender por parte de Bonafini es una canallada que va mucho más allá de eso. Esa es una actitud aún peor que la de la mafia, que sentencia a sus propios miembros cuando dejan de resultarle útiles o pueden tornarse peligrosos. La estrategia de Bonafini es que, para salvarse ella, debe pisotear a un Schoklender que por supuesto es un personaje absolutamente despreciable pero que fue el ladero de la señora de Bonafini hasta el mes pasado. Esto no se hace, señora. Una cosa es que se quiera salva usted, pero que acuse a quien fue su secuaz hasta hace pocas semanas vulnera hasta los más elementales códigos del hampa. Su actitud, señora de Bonafini, es una “buchoneada” vergonzosa. Su conducta es inmoral hasta para los códigos mafiosos porque la mafia, al menos, no denuncia ante la justicia sino que asesina a los testigos peligrosos pero se hacen cargo los propios delincuentes del acto de ejecución. Este gesto de Bonafini de presentarse ante la justicia y denunciar a Schoklender demuestra el nivel ético con el que la presidenta de Madres de Plaza de Mayo actúa. No hay mucho más para decir. Es mejor guardar un piadoso silencio porque el tema es tan inmoral que no existen palabras suficientes para condenarlo.

lunes, 13 de junio de 2011

Cinco candidatos y ningún liberal

Cuando faltan diez días para el cierre de las postulaciones –la fecha es el viernes 24 de junio- el juego electoral para el próximo 23 de octubre ya está planteado. Cinco serán los candidatos presidenciales principales. Por orden alfabético: Ricardo Alfonsín, Hermes Binner, Elisa Carrió, Eduardo Duhalde y Cristina Fernández de Kirchner. Está aún pendiente la confirmación de la candidatura de la Señora pero es un secreto a voces que realizará el anuncio en cualquier momento. Se menciona como alternativa, para el caso de que finalmente no se presente para la reelección, al gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, pero esto provocaría un disloque imprevisible en las filas del oficialismo.

Como se ve, no hay ni un solo candidato que se aproxime siquiera mínimamente al liberalismo, particularmente en lo económico. Todos los candidatos son claramente dirigistas. La explicación a este hecho es, sencillamente, que no hay en el electorado segmentos significativos de votantes dispuestos a apoyar una propuesta liberal. La democracia en este sentido tiene similitudes con la economía de mercado: los candidatos son empresarios que ofrecen un producto y los votantes son los consumidores que eligen el artículo que les ofrece lo que, de acuerdo con sus expectativas, ofrece la mejor relación calidad-precio. Lógicamente, los políticos, como los emprendedores, procuran adaptar sus propuestas a los requerimientos de la demanda. Y el liberalismo no figura entre los rasgos requeridos mayoritariamente. Por lo tanto, los candidatos no ofrecen liberalismo. Lo bien que hacen, porque si lo propusieran perderían ampliamente las elecciones.

Por supuesto, esto no significa que el liberalismo esté equivocado. Los equivocados son la abrumadora mayoría de los votantes argentinos, que rechazan al liberalismo y después se quejan de que no les gusta cómo funciona el país... Pero esta es la realidad, que, como decía un conocido general “es la única verdad”. Cinco candidatos y ningún liberal, ni siquiera un poquito. No serán los “setenta balcones y ninguna flor” de Fernández Moreno, pero no deja de ser decepcionante.

Dentro de este panorama, es difícil elegir para quien reivindica el liberalismo. Está claro que la prioridad para los liberales es que el kirchnerismo pierda. La cuestión es: ¿quién le gana? Es indudable que existe el riesgo de que los votos opositores se dispersen y eso termine favoreciendo al gobierno, lo cual sería el peor escenario imaginable. Pero tampoco se puede definir por consenso un candidato para que sea el elegido para derrotar al kirchnerismo. Si ese consenso existiera, la oposición no se hubiera dispersado y habría un acuerdo general alrededor de una única candidatura. No obstante, el panorama de atomización que se percibía en ciertos momentos se atenuó bastante, en particular con las “bajadas” de sus respectivas candidaturas de parte de Cobos, Macri, Solá, etc. Las candidaturas que quedaron en pie, en definitiva, son bastante “lógicas”: Duhalde representa el peronismo ortodoxo, que no quiere apoyar al kirchnerismo pero tampoco a un no peronista, Carrió pretende expresar el “voto protesta” contra las mafias políticas, Binner representa a la centro-izquierda no kirchnerista, que rechaza el populismo y Alfonsín expresa al radicalismo pero con la novedad de que, a través de sus alianzas con De Narvaez y González Fraga, muestra un corrimiento hacia el centro que le permite atraer votos independientes y moderados que van a encontrar más difícil coincidir con las demás alternativas. Subsiste, por supuesto, el voto populista que apoyará, presumiblemente, al kirchnerismo, aunque habrá que ver, en el desarrollo de la campaña, si los opositores desarrollan una línea discursiva que les permita atraer al menos algunos segmentos de ese perfil electoral.

Un punto importante de este panorama es cuánto se influenciarán en restarse votos mutuamente Carrió, Alfonsín y Binner y lo mismo entre Duhalde y Cristina. Esos pequeños porcentajes pueden llegar a ser determinantes a los efectos de definir escenarios con vistas a una hipotética segunda vuelta. Pero es necesario decir que, en definitiva, la oferta electoral representa a grandes rasgos las tendencias predominantes del electorado y, por lo tanto, no hay mayores sorpresas, para bien ni para mal. Quizá el mayor interrogante lo plantee Alfonsín, con un perfil situado más a la derecha de lo previsible, que obliga a seguir con atención cuánta adhesión puede llegar a suscitar. En cuanto al liberalismo, no nos queda más que desear que una mejoría en la situación del país, que se acabe la pesadilla kirchnerista y, principalmente, hacer una autocrítica acerca de por qué no somos capaces de generar, siquiera, una candidatura testimonial.

viernes, 10 de junio de 2011

El caso Schoklender marca el inicio de la agonía kirchnerista

Hasta ahora, los escándalos por corrupción no habían hecho mella en las perspectivas electorales del oficialismo. Hasta ahora, porque el escándalo por los negociados vinculados con la construcción de viviendas por parte de las Madres de Plaza de Mayo a cargo del parricida Sergio Schoklender sí está empezando a tener costos graves para el kirchnerismo.

Se trata, por cierto, de una circunstancia particularmente inoportuna para que al gobierno le ocurra esto, cerca del cierre de la inscripción de listas con vistas a las elecciones de octubre y cuando ya están delineadas todas las candidaturas opositoras. Precisamente en este momento, cuando parecía que el kirchnerismo se encaminaba a una cómoda victoria electoral mediante el simple expediente de “hacer la plancha”, viene a estallar este incómodo escandalete, al cual, por supuesto, los medios opositores se encargan de magnificar con su diabólica mala fé...

¿Cómo pretenden que la salud de la Señora no se vea afectada cuando a su alrededor ocurren estos desastres? Si esto hubiese ocurrido seis meses antes, el gobierno se las hubiera ingeniado para inventar cualquier recurso que permitiera tapar el escándalo por medio de algún anuncio presidencial u otro método que permita distraer la atención. Pero ahora se hace muy complicado. Los medios se van a encargar de mantener esto en el primer plano desde ahora hasta octubre para tratar de “voltear” al gobierno. Además, aunque no lo quieran reconocer, es verdad que el estado de salud de Ella no es óptimo. En el gobierno descuentan que, más allá de estos pequeños barquinazos, las elecciones igualmente serán un trámite formal que simplemente hay que cumplir para salvar las apariencias democráticas pero de todos modos el triunfo de Cristina está fuera de cualquier duda. ¿Quién le va a ganar a la Señora? ¿Duhalde? ¡Por favor, no hay encuesta que muestre un repunte de su imagen! ¿Lilita? No, la gente ya no cree más en sus denuncias permanentes. ¿Binner? Y... es un buen médico pero para político le falta mucho... ¿Ricardito? ¡Dios nos libre! ¿Otra vez la hiper? No, pase lo que pase, a la Señora no hay como ganarle. Pero, sin dudas todo este “tole-tole” provocado por la codicia del imbécil de Schoklender nos obliga salirle al cruce a todas las exageraciones de los medios y a dar explicaciones sobre algo donde obviamente alguien se quedó con lo que no debía pero, al fin y al cabo, no es para tanto...

El problema del kirchnerismo frente al escándalo Shoklender es que no tienen respuestas, no saben cómo afrontar el problema. Si Néstor Kirchner viviera, él quizá habría inventado alguna manera de enfrentar el asunto. Pero con Néstor en la tumba, lamentablemente para el elenco gobernante, el barco se quedó sin un capitán apto para enfrentar las tempestades y eso los deja a merced de los barquinazos que promueve la oposición, fogoneada por los medios y, por supuesto, los poderes económicos concentrados.

¡Qué feo ser kirchnerista en este momento! ¡Haber saboreado la convicción de que ganaban caminando y que ahora empiecen a aparecer estos nubarrones! Y tener que convivir con la incertidumbre desde ahora hasta octubre, por supuesto siempre dando por descontado que al final van a ganar pero sintiendo en la intimidad qe no encuentran motivos para estar tan seguros como quieren aparentarlo.

El kirchnerismo ha entrado, finalmente, en una irreversible agonía. La República, con sus defectos, con sus imperfecciones, con sus gigantescas falencias, está comenzando a salvarse de la amenaza hegemónica y totalitaria del actual gobierno. Empieza a verse luz al final del túnel. No está muy claro qué es lo que vendrá pero seguramente no será peor que lo que venimos soportando...

jueves, 9 de junio de 2011

Los problemas de la economía argentina requieren soluciones simples

Empieza a cobrar cuerpo la idea de que, después de las elecciones presidenciales de octubre, el gobierno que emerja deberá adoptar medidas para resolver el problema del supuesto desfasaje que afecta al tipo de cambio como consecuencia de la persistente inflación. Ante este cuadro de situación los diferentes economistas tienen, cada uno de ellos su respectiva receta. En general, todos oscilan en la duda entre promover una devaluación de la moneda o no hacerla para no exponerse al riesgo de que se produzca una estampida inflacionaria aún mayor a la que hay actualmente. Entonces, proponen, cual grandes maestros de la cocina financiera, una devaluación gradual y un programa antiinflacionario...

El problema de fondo es que nadie plantea el problema en su correcta consideración. Lo que se debe hacer, sencillamente, es equilibrar las cuentas fiscales, cortar de cuajo la emisión de pesos, dejar flotar el tipo de cambios y garantizar plenamente el derecho de propiedad. Con ese simple paquete de medidas, que involucra una sustancial reducción de impuestos –que quizá no pueda ser abrupta pero que debe ser persistente- la propia dinámica del sistema resuelve todos los problemas. No hacen falta tantas alquimias pseudo-intelectualoides para resolver un problema que, en rigor, es sencillo. Con este esquema de gestión, la calidad de vida de la población irá mejorando gradualmente y el crecimiento y el desarrollo de la economía serán sustentables en el tiempo, sin necesidad de tener que estar constantemente dedicándole esfuerzos y energías a tratar de actualizar los salarios y los precios, tratando de no aumentar demasiado para que la inflación no se descontrole por completo y que los costos no sean excesivamente altos para que la actividad económica sea posible.

Por cierto que el próximo gobierno deberá adoptar medidas económicas para corregir las tonterías que realiza el actual. Pero sería bueno que no reemplace los disparates de este gobierno por otros desaguisados diferentes. Lo que necesitamos es un gobierno que se atenga a la realidad, no uno que sueñe con utopías absurdas. Tal vez se podría definir a la economía como “el arte de atenerse a la realidad”. De eso se trata el problema, esencialmente. El punto de partida, por supuesto, es sincerar los números. El INDEC debe volver a decir la verdad. De allí en adelante sobrevendrá, espontáneamente, la posibilidad de reordenar todo la dinámica de la economía.

Es indudablemente cierto que, durante algún tiempo, como consecuencia de los elevados índices de pobreza existentes, será necesario sostener algunas políticas de asistencialismo del estado por el sencillo motivo de que la gente necesita comer todos los días, los niños deben ir a la escuela, quienes tengan problemas de salud deben ser atendidos. Pero en la medida en que se sinceren las variables económicas y se apliquen los mecanismos institucionales que favorecen la inversión productiva de riesgo en el marco de un sistema de competencia abierta, los problemas que hay actualmente irán desapareciendo sin necesidad de estar pensando en el tipo de cambio, en esta o aquella variable macroeconómica, en las idas y vueltas de los índices estadísticos, etc.

La economía crece y la calidad de vida de las personas mejora merced a las inversiones que se producen como consecuencia del afán de lucro de los empresarios. Esta es la clave de toda la cuestión. Dejen que los empresarios ganen dinero y todo lo demás se produce por añadidura. Creemos las condiciones para que la gente se capacite porque eso es lo que ayuda a que cada individuo se incorpore al mercado laboral con calificaciones que le permitan aspirar a mejores retribuciones y naturalmente, sin forzarlo, todo el sistema económico se irá reacomodando con beneficios para todos.

El próximo gobierno deberá realizar, en todos los ámbitos de su gestión, una tarea de reordenamiento del sistema social. La economía es uno de los aspectos centrales de su gestión porque de ella dependen la disponibilidad de recursos para todas las demás actividades. Pero la solución no es tan compleja ni tan rara. Sólo se trata de volver a los principios clásicos. Lo demás viene solo. Porque cuando se quieren intentar maniobras antinaturales es cuando se generan los conflictos que luego derivan en crisis inmanejables.

miércoles, 8 de junio de 2011

Alfonsín se corrió a la derecha, Cristina está preocupada

El escenario electoral con vistas a octubre ha cambiado y pocos parecen haberlo apreciado. Hasta la semana pasada, la percepción generalizada era que en octubre competirían el kirchnerismo con otras corrientes políticas de su misma tendencia ideológica que pretendían diferenciarse únicamente por ser más “prolijas”, más “republicanas” y quizá menos comprometidas con los intereses sindicales. El presumible acuerdo entre el radicalismo alfonsinista y el líder socialista Hermes Binner encuadraba en ese análisis, donde también, con sus peculiares matices, se ubicaban las corrientes de Elisa Carrió y de Eduardo Duhalde. Este esquema empezó a quedar desactualizado cuando las negociaciones entre Alfonsín y Binner se estancaban como consecuencia del estrechamiento del vínculo entre el radical y Francisco De Narváez. Este decisión de Alfonsín de priorizar su acuerdo con De Narváez por sobre un entendimiento con su “aliado natural”, Binner, tiene lógica en términos electorales porque De Narváez ya demostró que puede traccionar un caudal importante de votos en la Provincia de Buenos Aires. Hasta ahí, la decisión de Alfonsín podía interpretarse como una voluntad de priorizar la estrategia electoral por sobre la ideología.

Pero cuando, días después, Alfonsín anunció que su candidato a vicepresidente será Javier González Fraga, se puso en evidencia que estamos ante una operación política de mayor envergadura. Hay que decirlo sin eufemismos: Alfonsín se corrió hacia la derecha. Y esto sí que es noticia. Porque hasta la semana pasada todos dábamos por descontado que el candidato radical, a imagen y semejanza de su padre, sería un cabal representante de la socialdemocracia, del “progresismo”, del centro-izquierda. Dentro de ese esquema, el acuerdo con Binner hubiera encuadrado perfectamente. Era raro pero entendible –por las razones electoralistas ya apuntadas- que un candidato de centro-izquierda sacrificara su alianza natural con el socialismo para pactar con un referente del centro-derecha moderado como De Narváez. Pero si a eso le sumamos la elección de González Fraga está claro que estamos ante un movimiento político de otra magnitud.


Alfonsín cuenta con la invalorable ventaja de que no necesita demostrar su condición de “progresista”. Esa identificación está implícita en su propio apellido. Y es precisamente por eso que puede volcarse hacia la derecha sin exponerse a las habituales descalificaciones que sufren quienes no cuentan con el respaldo de llamarse Alfonsín. Mauricio Macri, por ejemplo, carga con esa “cruz” y esa es una de las razones por las cuales su política es bastante más populista de lo que él probablemente preferiría. Macri necesita demostrar que no es “oligarca”. Alfonsín no tiene ese problema. ¿Quién acusaría a un Alfonsín de “derechista”? Y, paradójicamente, por ese motivo se puede dar el lujo de volcarse a la derecha y sumar muchos votos independientes sin perder la adhesión de los sectores de centro-izquierda que constituyen su base electoral natural. Si a eso le sumamos que tiene buena imagen personal, que está identificado con los valores democráticos y republicanos, que es un hombre tolerante y que no se lo puede identificar con la corrupción, la conclusión que extraemos es que el kirchnerismo, que daba por descontado su triunfo en octubre, se encuentra en problemas.

Con Alfonsín ha surgido lo que, hasta ahora, no había: un adversario político al que el gobierno no puede denostar, descalificar, atacar. El problema que “mató” las aspiraciones políticas de Julio Cobos –la exposición a las descalificaciones del kirchnerismo- no afecta a la figura de Alfonsín. No se puede descalificar sin motivo visible a un individuo que se llama Alfonsín. El pueblo argentino repudiaría a quien actúe de ese modo. Para los liberales, que tenemos una visión muy condicionada por el recuerdo de la hiperinflación y el fracaso de la política económica de Raúl Alfonsín, esto no tiene demasiado sentido. Pero lo cierto es que el “padre de la democracia” aún hoy suscita un enorme afecto en el sentimiento popular argentino. Los liberales somos una minúscula secta de inconformistas que navegamos a contracorriente de los sentimientos mayoritarios del pueblo.

El dato, por el momento, es que el escenario electoral ha cambiado. Ya no se puede dar por descontado que Cristina Kirchner ganará “caminando”. Le ha aparecido un adversario peligroso. Y, para colmo, el triunfalismo kirchnerista los lleva a subestimarlo, encerrados, como están en la lógica del “ya ganamos”. Peor para ellos, porque se llevarán una sorpresa. Nosotros no vamos a lamentar su fracaso, por cierto.

martes, 7 de junio de 2011

Mendiguren es un símbolo del empresariado prebendario


Las palabras empleadas por el presidente de la Unión Industrial Argentina, José Ignacio de Mendiguren, para expresar su alineamiento político con el gobierno nacional, sonaron oprobiosas, aún si quisiéramos mirarlas desde el prisma de la “corrección política”. Puede entenderse, dentro de ciertos límites, que un dirigente empresarial a veces eluda la confrontación innecesaria con el gobierno de turno. Es aceptable la visión de que, para los empresarios, suele ser más beneficioso llevarse bien que mal con cualquier gobierno. Pero las palabras de Mendiguen exceden el límite de lo políticamente correcto y entran en el terreno de la obsecuencia obscena. Que la dirigencia empresarial procure evitar confrontaciones y mantener relaciones fluidas con el gobierno, aún con el kirchnerismo, es aceptable. Pero que compita con La Cámpora por el premio al alineamiento automático con el oficialismo resulta vergonzoso.

Aún así, y sin ánimo de justificarlo, es necesario entender el exabrupto de Mendiguren. El kirchnerismo ha generado un clima de zozobra entre los empresarios porque los tiene bajo la constante amenaza de provocar cambios imprevistos en las reglas jurídicas. Ese hecho ha puesto al empresariado a la defensiva y a tratar, por todos los medios, de evitar conflictos con el gobierno para no generar roces que deriven en “represalias” por parte del kirchnerismo contra los rebeldes. Pero el hecho de que esa circunstancia obligue a actuar con prudencia (lo cual sí es comprensible) no habilita que un dirigente empresarial directamente “bese la mano” y se convierta en un vocero del gobierno.

"Damos por sentado que todas estas políticas tienen que estar por un período mucho más amplio. Estamos hablando de un proyecto a largo plazo, y esta oportunidad que la Argentina tiene, ni el gobernador ni nosotros queremos desaprovecharla", fueron las palabras pronunciadas por Mendiguren en declaraciones periodísticas al término de un almuerzo con el gobernador bonaerense, candidato a la reelección, Daniel Scioli. Dijo también que “estuve con la Presidenta en México y en Italia. Hemos tenido misiones comerciales muy importantes que indudablemente no son para cuatro meses. Una misión como la que tuvimos en Italia está hablando de un panorama que también trasciende a la próxima presidencia. Estamos hablando de un proyecto de la Argentina de largo plazo”.

Mendiguren es, en gran medida, un representante emblemático del empresariado prebendario, siempre especulando con el apoyo del estado para realizar negocios a expensas del conjunto de la población. Mendiguren ha adquirido el carácter de símbolo de ese perfil empresarial que está constantemente tratando de eludir la operatoria en el marco del sistema de libre mercado y que prefiere obtener ventajas y privilegios al amparo de sospechosos acuerdos privados con los funcionarios de todos los gobiernos.

Lamentablemente, en parte por vocación propia de parte de la propia dirigencia empresarial y en parte también porque las políticas de los sucesivos gobiernos y particularmente del actual no han dado margen para otra cosa, el “modus operandi” de Mendiguren está fuertemente arraigado entre los empresarios argentinos y no por nada un personaje con semejante perfil logró encumbrarse, después de un grave conflicto político interno hasta la presidencia de la Unión Industrial Argentina.

Podría decirse, parafraseando una expresión conocida, que “los pueblos tienen los empresarios que se merecen” y, de alguna manera, Mendiguren es la cara visible de ese estilo de gestión de negocios. Un sistema que, desde el estado, prohija las prácticas empresariales prebendarias, en el marco de un sistema dirigista y estatista, evidentemente no estimula la aparición de una clase empresarial con mentalidad competitiva al servicio de las demandas de los consumidores. El origen del problema es político y desde allí tiene que venir la solución. La puesta en vigencia de un sistema de libre mercado es una decisión política. Será en ese contexto donde habría que medir con claridad las capacidades empresariales de personajes tan cuestionables como José Ignacio de Mendiguren.

lunes, 6 de junio de 2011

El perfil impreso por Alfonsín a su candidatura es una piedra en el zapato del kirchnerismo

El perfil que el candidato radical, Ricardo Alfonsín, ha impreso a su candidatura presidencial, admite, con reservas, una valoración positiva desde una mirada liberal. Seguramente, los puristas de la ideología no coincidirán con esta visión porque el designado candidato a vicepresidente, Javier González Fraga, es un referente del dirigismo económico. “Es kirchnerismo con otro ropaje”, sería un típico argumento de los liberales “puritanos” frente a fórmula Alfonsín-González Fraga. Son los típicos liberales a quienes no les conformaría otra fórmula que Rothbard-Von Mises y que considerarían a Hayek un “zurdito”...

Lo cierto es que, dentro del panorama catastrófico que la Argentina presenta actualmente, el hecho de que un candidato llamado Alfonsín recurra a un economista solvente como González Fraga para acompañarlo en la fórmula es un dato positivo. Claramente, el apellido Alfonsín tiene atractivos electorales, en particular si el candidato opera con el propósito de neutralizar las dudas que ese mismo apellido suscita en cuanto al modo de conducir la economía. La decisión de Alfonsín en el sentido de designar a González Fraga demuestra que Ricardo comprende con claridad cuál es el activo pero también el pasivo de su apellido en el escenario político. No hubiera sido posible que Ricardo Alfonsín elija como compañero de fórmula a un economista liberal ortodoxo porque entonces hubiera recibido críticas muy fuertes desde la izquierda. Pero la elección de González Fraga como compañero de fórmula y el acuerdo con De Narvaez demuestran que el candidato radical está dispuesto a superar las paredes ideológicas y a abrir el juego para atraer a todos los sectores críticos del kirchnerismo hacia un punto de convergencia que todos puedan estar dispuestos a convalidar, al menos como solución coyuntural.

La cuestión de fondo, en definitiva, es que, si la opción es “Cristina o Alfonsín”, como aparentemente sería, el candidato radical ofrece una opción que, dada la coyuntura, admite una adhesión crítica de parte de los liberales. Alfonsín garantiza, al menos, que no procurará imponer un gobierno de naturaleza totalitaria, como lo intenta el kircherismo y seguramente acabará con los focos más cuestionables de la corrupción y del corporativismo del actual gobierno. Moyano no será más el referente inequívoco del sindicalismo con la conformidad del gobierno y dejará de tener la protección judicial que le asegura no ir preso a pesar de los actos de corrupción que la justicia omite deliberadamente investigar. Los medios periodísticos no serán acosados por propalar informaciones que no le agraden al gobierno y seguramente las estadísticas dejarán de ser falsas para volver a tener la credibilidad que les corresponde.

Por cierto que no cabe esperar que bajo un gobierno de Ricardo Alfonsín deje de haber grandes focos de intervencionismo económico. Los liberales no debemos dejar de tener una posición crítica respecto de esas políticas, cuyos efectos nocivos se percibirán nítidamente con el transcurso del tiempo y nos darán argumentos consistentes para expresar nuestras posiciones críticas. Pero un gobierno intervencionista en lo económico pero sin propensiones totalitarias en lo político, deja abierto el espacio para el ejercicio de esa crítica. El kircherismo, en cambio, opera con el deliberado propósito de bloquear inclusive esa posibilidad. Por eso la candidatura de Alfonsín admite una valoración positiva desde una perspectiva liberal. Bajo un hipotético gobierno de Alfonsín hay buenas probabilidades de que el liberalismo encuentre el espacio favorable para convertirse en una alternativa válida. Si el kirchnerismo continuara en el gobierno ese espacio se tornaría mucho más acotado o directamente sería inexistente. La opción kirchnerismo-alfonsinismo es parecida a la de 1983, Lúder-Alfonsín. En aquella ocasión, el liberalismo, a través de la UCEDE liderada por el ingeniero Alsogaray, consiguió abrirse un espacio en el escenario político y ejerció una considerable influencia que derivó finalmente en la política de reformas aplicadas a partir de 1989 por el gobierno de Menem. Parecería haber alguna analogía con aquella circunstancia en este momento.

El escenario electoral de octubre aún no está totalmente definido. Es indudable que el peronismo va a reaccionar ante la noticia del rumbo que Alfonsín está siguiendo. Los peronistas son concientes de que la certeza de su triunfo en octubre ha dejado de tener vigencia. Y no debe descartarse la hipótesis de que algo harán para no quedar derrotados si la candidatura de Alfonsín se afianza como perspectiva de triunfo. Al menos, se ha abierto una puerta que genera la expectativa de que los planes hegemónicos del kirchnerismo encontrarán un obstáculo. Ese solo hecho, en sí mismo, es una buena noticia.