lunes, 19 de septiembre de 2011

La guerra del colectivo

Desde hace unos dos meses, muchos colectivos de Buenos Aires circulan con carteles cuestionando a la Línea 194, reclamando justicia y despotricando contra la “desregulación”. El tema, a grandes rasgos, ha pasado desapercibido pero encierra, en pequeña escala, uno de los grandes conflictos conceptuales de la vida económica argentina. Veamos en qué consiste el problema...

La Línea 194 presta un servicio diferencial entre Plaza Miserere y Puente Saavedra. Recorre las avenidas Pueyrredón y Santa Fé, las cuales también son transitadas por muchas otras líneas. El servicio de la Línea 194 es un poco más caro pero tiene más calidad. Y justamente contra eso es lo que las demás líneas protestan, es decir, contra la competencia que les hace una línea que ofrece un servicio de otras características.

¿Qué es lo que reclaman los empresarios que protestan contra la Línea 194? Muy simple: que el estado les garantice el privilegio de monopolizar el mercado para que sus ganancias estén aseguradas aunque eso implique sacrificar la calidad del servicio que se le ofrece a los pasajeros. Y a esto, esa gente lo llama, pomposamente, “justicia”...

Pero ¿cómo es que se llega a esta situación? Bueno, básicamente porque lo que está ocurriendo en este caso, es decir, que el servicio se abra a la competencia, es una rareza. Lo usual es, precisamente, lo contrario, es decir, que el poder del estado avale el monopolio que mantiene a los pasajeros cautivos y los obligue a viajar como a los empresarios se les viene en gana, sin darles ninguna alternativa de elegir, porque de ese modo los capitalistas tienen aseguradas sus ganancias. Y, frente a la “herejía”, de que se rompa ese monopolio inmoral, los señores empresarios privilegiados claman justicia e invocan a la santa inquisición del corporativismo para que sus intereses prebendarios no queden afectados. ¿Los intereses de los pasajeros? Por favor, no hagamos preguntas políticamente incorrectas...

Se trata, por cierto, de un hecho que, en sí mismo, es de menor significación. No forma parte de los grandes problemas nacionales. Pero tiene un altísimo significado simbólico. En la Argentina, la “justicia” es invocada para defender privilegios sectoriales y no para resguardar la igualdad de los ciudadanos ante la ley... En el marco del ordenamiento liberal que desde aquí propugnamos, cualquier empresa debería estar autorizada a prestar el servicio de autotransporte de pasajeros que desee, en el recorrido que prefiera, al precio que le convenga y en la franja horaria que elija. De ese modo, la prestación del servicio estará adaptada a las demandas y necesidades de los pasajeros. Y las empresas, para ganar dinero, deberán responder a esas demandas y necesidades. Así, espontáneamente, el servicio se adaptará a los requerimientos de los pasajeros, sin necesidad de regulación ni disposición estatal alguna.

Pero precisamente esto es lo que los empresarios de autotransporte consideran herético, blasfemo, pecaminoso: que el servicio se adapte a las expectativas y preferencias de los pasajeros. Lo que los empresarios exigen, reclaman y reivindican –y nada menos que en nombre de la “justicia”- es que el servicio desestime por completo las preferencias de los pasajeros y, en cambio, esté organizado de modo tal que les garantice sus ganancias.

La mayor parte de la gente no comprende la naturaleza del problema planteado y, por cierto que, en medio de las urgencias cotidianas, resulta casi absurdo pretender que este pequeño conflicto ocupe el foco de la atención popular. Se trata, en cuanto anécdota en sí misma, de un incidente absolutamente irrelevante. Pero en este ínfimo episodio contingente, está sintetizada una parte sustancial del fracaso sistémico de la economía argentina, de la pobreza generalizada, del hambre de millones de personas y del sentimiento colectivo de frustración que nos embarga. A veces –este es uno de esos casos- los grandes problemas quedan sintetizados en pequeños incidentes. Por eso es bueno reflexionar sobre esta anécdota. Su significación tiene alcances que llegan hasta mucho más allá que el contenido del conflicto propiamente dicho.

2 comentarios:

  1. Muy bueno tu post y fantástico tu blog. Es bueno saber que todavia quedan liberales en Argentina. Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Estimado Alejandro; en Córdoba, hace muchos años se pusieron colectivos diferenciales, en que se viaja sentado, con aire acondicionado y son más caros, nunca protestó nadie. Hoy, salvo estos, son subsidiados, pero en Bs. As. reciben casi el triple de subsidio que en Córdoba y además se quejan, me pregunto ¿Qué pasará cuando se acabe esa dádiva?, ya que el Gobierno se está quedando sin recursos.

    ResponderEliminar