viernes, 31 de diciembre de 2010

¡Brindemos por el crecimiento de la presencia pública del liberalismo en 2011

Como sucede desde hace mucho tiempo, el liberalismo no tuvo protagonismo ni influencia efectiva alguna en la vida institucional argentina durante 2010. Sigue habiendo liberales en Argentina, en una cantidad limitada aunque con una sólida preparación técnica, pero el problema sigue siendo la dificultad no superada de transformar ese activo movimiento liberal en una corriente con peso político efectivo. No se han producido en 2010 novedades que modifiquen el escenario de los últimos años. La última presencia importante del liberalismo en el escenario político data de 2003, cuando la candidatura presidencial de Ricardo López Murphy atrajo al 18 % de los votos emitidos pero sin que ese caudal se consolide en la gestación de un proyecto consolidado. Poco después esa iniciativa se disolvió y el liberalismo no volvió a tener presencia política alguna.

En 2010, el liberalismo tuvo presencia a través del periodismo, por medio de algunos programas radiales (es destacable el trabajo realizado por FM Identidad) y publicaciones de buenos articulistas, la mayor parte de ellos referidos a temas económicos. Con sus respectivos matices, siguen existiendo diarios importantes y algunas revistas que incluyen frecuentemente contenidos con orientación liberal y una profusión de blogs y páginas web dedicadas a la divulgación del liberalismo. Por lo demás, ha habido, como es usual, abundante actividad académica por medio instituciones educativas que desarrollan carreras de grado y de posgrado donde se transmiten conocimientos liberales que en las universidades públicas están casi totalmente omitidos y un buen número de fundaciones que suelen organizar conferencias, seminarios, cursos y la edición de publicaciones que también contribuyen a mantener vigente en la sociedad argentina la presencia del liberalismo.

El problema, a lo largo de 2010, sigue siendo el mismo de siempre, en el sentido de que todo esto convierte al liberalismo en una suerte de secta encerrada en sí misma pero sin poder generar una adhesión que trascienda el círculo de los interesados directos.

Dentro de este escenario, merece ser destacado, en los últimos meses del año, la creación del movimiento “Libertad Querida”, impulsado por Eduardo Marty pero con buen acompañamiento de parte de muchos liberales de diferentes extracciones y formaciones intelectuales. Aunque se trata por el momento de una iniciativa muy incipiente, lo cierto es que se trata de un movimiento que muestra una saludable heterogeneidad y, al mismo tiempo, una muy buena predisposición –que no existía en tiempos anteriores- para priorizar las coincidencias en cuestiones de fondo por sobre las diferencias de detalle. El acto de lanzamiento del movimiento “Libertad Querida” fue indudablemente un hecho destacado a lo largo de 2010.

Es también interesante cómo viene desarrollándose la actividad del Partido Liberal Libertario, una agrupación política en proceso de formación e integrada por dirigentes muy jóvenes pero que va encontrando poco a poco los métodos de organización interna y de “trabajo de campo” en ámbitos públicos como para sacar al liberalismo del círculo reservado en el que suele moverse para proyectarse como tal y sin complejos ante el pueblo, con el propósito de llevar la disputa político al ámbito institucional por medio de la competencia electoral. En la foto, los afiches del partido en las calles de Buenos Aires.

Este conjunto de hechos da como resultado un balance similar al de todos los últimos años pero al mismo tiempo mostrando una pequeña luz al final del túnel, dejando entrever que quizá reaparezca esa dormida vocación por llevar el mensaje liberal al pueblo, más allá de las universidades y los círculos especializados. Quizá sea éste un promisorio punto de partida y cabe esperar que, en 2011, estos incipientes intentos de popularizar al liberalismo comiencen a mostrar resultados concretos. ¡Brindemos para que así sea!




jueves, 30 de diciembre de 2010

Ataques del gobierno a los medios: la verdad en entredicho



Los medios de comunicación en general y el Grupo Clarín en particular son blancos usuales de las diatribas y acusaciones de los voceros kirchneristas. Con el propósito de dificultar la libre circulación de información, el gobierno ha impuesto la sanción de una “ley de medios” plagada de inconstitucionalidades y vulneraciones de derechos adquiridos, procura controlar la provisión de papel para diarios, ha atacado verbal y hasta físicamente para tratar de amedrentar a periodistas críticos y ha creado y procura ampliar un multimedios estatal que difunde informaciones deformadas a fin de presentar una imagen favorable al oficialismo. Todas estas maniobras no le han dado mayores resultados al kirchnerismo porque su imagen no ha mejorado sustancialmente y, como consecuencia de ello, el gobierno procura redoblar sus esfuerzos para lograr el control y la manipulación de la circulación de información.

El interrogante que cabe plantearnos es cuánta influencia verdaderamente tienen los medios de comunicación en el estado de ánimo colectivo. El argumento del gobierno es que su pérdida de adhesión por parte de la sociedad se debe al hecho de que los medios y en especial el Grupo Clarín deliberadamente informan falsedades con el propósito de socavar la base de sustentación política del kirchnerismo para defender supuestos intereses económicos contrarios al interés popular.

Según este enfoque, los argentinos somos unos necios que nos dejamos engañar por un grupúsculo de sinvergüenzas que, desde las profundidades de las redacciones, nos manipulan como marionetas e inoculan en nuestros cerebros venenosas creencias destinadas a servir a los oscuros intereses que esos siniestros personajes representan. Resulta oportuno que le dediquemos algunas líneas a analizar si esto es tan efectivamente así.


Nadie puede ser tan ingenuo de desconocer que los medios de comunicación son empresas cuyo desenvolvimiento está condicionado por intereses comerciales que eventualmente pueden ejercer una cuota variable de influencia sobre la línea editorial de las diferentes publicaciones. Esto siempre ha sido así y seguirá siéndolo mientras el periodismo exista. La pretensión de que el periodismo sea impoluto, inmaculado y exento de toda contaminación es una utopía irrealizable. La comunicación social es una realización humana y está sujeta a todas las grandezas y miserias que son posibles dentro del comportamiento humano. Los periodistas no somos “carmelitas descalzas”.

Pero hay un factor que el gobierno omite tener en cuenta y es el que le quita sustentación a los planteos del kirchnerismo. Ese factor es el hecho de que el principal insumo del que la comunicación social se nutre es la verdad. Un medio de comunicación cuyos contenidos dejen de ser verosímiles está irremediablemente condenado a muerte. Por lo tanto, si bien es cierto que el desenvolvimiento de los medios de comunicación está condicionado por intereses comerciales, también es incuestionable que las posibilidades de los medios de presentar informaciones falsas para defender determinados intereses tiene límites bastante acotados, ya que el falseamiento sistemático de los contenidos concluiría por comprometer la credibilidad y, por lo tanto, la propia supervivencia de quien actúa de ese modo.

Frente a este razonamiento, el gobierno podría argumentar que el problema radica en que la influencia de los medios de comunicación engaña al pueblo que, por ese motivo, desconoce cuál es la verdad. Y éste es el punto donde entramos en el terreno de la fantasía. Porque una cosa es que algunas publicaciones puedan sesgar el modo de presentar determinados contenidos para no afectar sus intereses comerciales y otra cosa muy diferente es informar falsedades. Los medios que verdaderamente son influyentes no pueden informar hechos ostensiblemente falsos porque, si lo hicieran, dejarían de ser influyentes.

Y aquí llegamos, finalmente, al núcleo de la cuestión. El propósito del gobierno al descalificar a los medios de comunicación es que los medios dejen de ser influyentes. De ese modo, el kirchnerismo tendrá un obstáculo menos para llevar adelante sus designios políticos. Pero el precio de que los medios de comunicación dejen de ser influyentes es que dejen de decir la verdad. Como los medios más influyentes se niegan a incurrir en el falseamiento sistemático de la verdad que el kirchnerismo intenta imponer, el gobierno no tiene más alternativa que tratar de desactivar a los medios que dan a conocer los hechos que son verídicos pero al gobierno lo incomodan.

La conclusión que se desprende de todo este análisis es que el conflicto que el gobierno mantiene con los principales medios de comunicación del país es, en realidad, una manifestación visible del conflicto que el kirchnerismo mantiene con la verdad. Los medios de comunicación son el vehículo a través del cual la verdad llega al pueblo y eso es lo que el gobierno procura impedir. Afortunadamente, la prédica del gobierno no tiene un eco lo suficientemente amplio como para llegar a desnaturalizar la libre circulación de la información y, por lo tanto, la verdad sigue estando al alcance del conocimiento público.

Quizá una buena forma de ilustrar la concepción que el kirchnerismo tiene de la comunicación social es comparar los programas 6,7,8, del Canal 7 y A dos voces, de TN. En el primero, sólo hay representantes del gobierno, que expresan las posiciones del oficialismo y descalifican sistemáticamente cualquier posición opositora. En A dos voces, los paneles son pluralistas, con representantes del gobierno y de otras corrientes políticas del país, como corresponde en un ordenamiento democrático. 6,7,8 es costeado con los dineros del pueblo, A dos voces es sustentado con los aportes de los abonados al cable y de los anunciantes que publicitan allí. Esta simple comparación es útil para entender cuál es el criterio que el kirchnerismo abriga como fórmula de comunicación social si pudiera imponerla. Lo que está en juego es nada menos que la posibilidad de que se siga conociendo la verdad. Con todos sus defectos, que los tiene y muchos, el sistema de pluralismo periodístico actualmente vigente es ampliamente más confiable que el modelo que propugna el gobierno.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

"Los mitos setentistas", Agustín Laje Arrigoni anuncia un libro que desafía a la "historia oficial" sobre los años '70


Aparecerá en pocas semanas, fines de enero o mediados de febrero, el libro LOS MITOS SETENTISTAS - Mentiras fundamentales sobre la década de los 70, escrito por el joven ensayista cordobés Agustín Laje Arrigoni. Es oportuno decir que la sola aparición del libro y el tratamiento del tema constituyen hechos auspiciosos porque después de tres décadas en las que se ha construido una versión oficial falsa sobre los acontecimientos de la década de 1970, va llegando el momento de redefinir el contexto en el que todos aquellos acontecimientos se sucedieron.

Cuando recientemente el ex presidente de facto Jorge Videla declaró ante un juzgado que el líder radical de entonces Ricardo Balbín le hizo un guiño para que las Fuerzas Armadas derrocaran al tambaleante gobierno de la señora de Perón en un contexto de caos cien veces más grande que el que nuestro país padece actualmente, se generó un coro de reproches cuestionando las afirmaciones de Videla. Sin embargo, toda la documentación de la época –incluidas las declaraciones públicas del propio Balbín-demuestra que ese golpe de estado contó con un consenso muy amplio de parte de la dirigencia política y, por supuesto, también de la población, en vista precisamente de ese cuadro de caos en el que Argentina estaba inmersa a comienzos de 1976.

Sin embargo, la historiografía oficial posterior a 1983 inventó una versión completamente distorsionada de los hechos de aquellos años, según la cual los militares aparentemente de la nada se habrían levantado una mañana y arbitrariamente habrían decidido derrocar a un pacífico gobierno democrático. Para esa versión historiográfica oficial, todos los factores que convergieron para desencadenar el golpe de estado y la durísima represión posterior al terrorismo son elementos inexistentes. El libro de Laje Arrigoni se anuncia como un intento de impulsar, en base a documentación presentada en la propia obra, un revisionismo acerca de la versión oficial de la historia de aquella época.

Es indudable que el libro de Laje Arrigoni desencadenará polémicas y rechazos categóricos de aquellos que por interés, por prejuicio o por ignorancia sostengan la “versión oficial” de la historia de la década de 1970. LOS MITOS SETENTISTAS – Mentiras fundamentales sobre la década del 70 se perfila como un libro perturbador, de esos ante los cuales resulta difícil permanecer indiferente o ser absolutamente imparcial. Pero ojalá que el libro contribuya a clarificar la verdad, no una verdad ni una parte de la verdad sino la verdad objetiva, tal como los acontecimientos se desarrollaron.

La tesis central del libro, según la información que consta en la propia página oficial de la publicación, en facebook es que “en aquellos años se vivió una guerra interna entre las Fuerzas Armadas de nuestro país y organizaciones terroristas apoyadas y entrenadas por el aparato represivo de la Cuba del dictador vitalicio Fidel Castro” y que “las bandas guerrilleras hubiesen podido ganar la guerra y alzarse con el poder del Estado de no ser por el rechazo que padecieron por la mayor parte de la sociedad, la cual al mismo tiempo apoyó y aplaudió a las FF.AA”. Con respecto a la cuestión de las violaciones a los derechos humanos durante el gobierno de facto, la misma página plantea el tema preguntándose y contestanto que “¿Hubo excesos por parte de los militares en la guerra antiterrorista? Laje sostiene que sí, los lamenta y reprueba profundamente. Pero los errores y horrores militares no incluyen en absoluto la cifra de 30.000 desaparecidos, ni un genocidio, ni terrorismo de Estado o plan sistemático de exterminio”.

Estamos, en definitiva, en vísperas de la publicación de un libro que puede convertirse en un revulsivo para cuestiones que se han convertido en tabú para la sociedad argentina. Bienvenidas entonces estas investigaciones que contribuyen a poner claridad y a destruir mitos y falsedades que confunden y distorsionan la historia reciente, condicionan el presente y ponen en riesgo el futuro de nuestro país y el bienestar de nuestro pueblo.

martes, 28 de diciembre de 2010

Se agota el crédito político de la Señora


Dos meses después de la muerte de Néstor Kirchner está claramente en evidencia que su esposa no está en condiciones de gobernar el país. El caos y la anarquía por los cuales nuestro país se está desbarrancando y que presumiblemente se acentuarán de ahora en más, demuestran que el ejercicio de la Presidencia de la Nación es una tarea que está más allá de las capacidades personales de la viuda de Kirchner. Cuando “él” (como “ella” lo llama) vivía, ella podía gobernar (a la manera kirchnerista, naturalmente) porque tenía alguien en quien apoyarse. Pero el paso del tiempo está evidenciando que sin “él”, “ella” no tiene capacidad política para ocupar la Presidencia.

El problema es que faltan once meses y medio para que se cumpla el término del mandato presidencial en curso. Esto implica que, durante este lapso, el país seguirá marchando a la deriva y cuestiones tales como la ocupación de los espacios públicos, la crisis energética, la inflación y otras calamidades similares seguirán teniendo lugar de manera cotidiana...

No se trata de hechos que nunca hayan sucedido. En rigor de verdad, Argentina ha pasado por crisis más graves que esta. En 1975/76, en 1982/83, en 1989 y en 2001/02 las crisis fueron más graves y, en definitiva, siempre apareció alguna solución, al menos coyuntural. Es bastante probable que, en el curso de 2011 también empiece a vislumbrarse alguna solución al cuadro en el que estamos actualmente inmersos. Es lógico que todavía no se perciba una solución alternativa a la continuidad del actual gobierno porque el crédito del kirchnerismo aún no está definitivamente agotado para el conjunto de la sociedad. Aún hay quienes –cada vez con menos convicción, por cierto- esperan que el actual gobierno logre revertir la crisis que se ha desencadenado. La perspectiva de una solución por fuera del kirchnerismo comenzará a aparecer cuando el crédito del gobierno se agote definitivamente para todos.

En un contexto de estas características, es poco lo que desde una posición liberal puede ofrecerse como aporte original. Estamos en un punto donde la cuestión en juego es el sostenimiento del andamiaje orgánico del país como institución formalmente organizada. En este contexto las cuestiones referidas a libertad económica, derechos civiles y otras similares que forman parte de los planteamientos habituales de los liberales dejan de tener vigencia porque la cuestión central tiene que ver con la garantización de una institucionalidad básica, donde todos los debates conceptuales están implícitos pero a la vez subordinados a la necesidad inmediata de preservar la propia existencia del país como estructura orgánica definida. El riesgo es la anarquización total de la sociedad, algo que no va a suceder porque hay recursos a los cuales acudir para impedir ese proceso de disolución política pero, de todos modos, la evitación de la anarquía es la cuestión prioritaria, que no deja margen para los debates conceptuales más profundos que el liberalismo habitualmente propone.

Nos vamos aproximando al momento en el que la actual estructura de gobierno se desmorone definitivamente. Se podría pronosticar que para el mes de marzo la situación se va a demostrar definitivamente irreversible aunque hace ya tiempo que pueden percibirse los obvios síntomas de deterioro. Sin embargo, todavía el gobierno procura dar respuestas orgánicas a la situación que diariamente se le torna más inmanejable. Llegará un momento en el que la situación se le terminará de ir completamente de las manos y entonces el escaso crédito que aún le queda se le agotará definitivamente. Ese será el momento en el que aparecerán, con vistas a las elecciones presidenciales del año próximo, las alternativas que permitan, al menos, superar la coyuntura. Una vez salvada esa situación, habrá margen para que los liberales planteemos las cuestiones de fondo a las que es necesario abordar para dar soluciones sustentables a los problemas que afectan a nuestro país.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Soluciones liberales para los cortes de energía


Entre los muchos ingredientes que componen el caos en el que Argentina está inmersa y que probablemente continúe durante todo el año 2011, se encuentran los cortes de energía, un “clásico” desde hace varios veranos que este año parece que viene inclusive con más fuerza que en temporadas anteriores. Afortunadamente para el gobierno, se han producido incidentes en Constitución, tomas de predios, disputas políticas con el gobierno de la ciudad, polémicas por el armamento policial y varios etcéteras más y, hasta el momento, la cuestión de los cortes de luz ha pasado bastante desapercibida. Pero el problema existe y, en cualquier momento, el sistema energético colapsa y tenemos un escándalo adicional a todos los motivos de zozobra que nos embargan. La cuestión es: ¿por qué hay escasez de energía?

La causa hay que buscarla en la política económica del kirchnerismo. Mal que les pese a muchos, lo cierto es que, después de las privatizaciones y las consecuentes inversiones realizadas durante el gobierno de Menem, el problema de la escasez de energía –que había hecho crisis en el último verano del gobierno de Alfonsín- se resolvió. Bajo la gestión de Menem –sin perjuicio de los muchos cuestionamientos que ese gobierno indudablemente merece- con un proceso de inversión sostenido y los precios estabilizados, se había logrado un buen equilibrio entre la prestación del servicio, la reinversión en mantenimiento y reposición de la tecnología, y rentabilidad. Con esos tres frentes bien cubiertos, el servicio de energía eléctrica funcionaba correctamente y los cortes sistémicos habían desaparecido (los cortes que hubo, incluso uno que duró muchos días en la Capital Federal eran producto de factores circunstanciales, no de fallas estructurales del sistema).

Con el colapso de la convertibilidad, la devaluación y la implantación del modelo instituido por Duhalde y profundizado por Kirchner, hizo su aparición en el escenario la "señora inflación" y la preocupación del gobierno por esconder ese problema, para lo cual instituyó la perversa maquinaria de compensar la pérdida de rentabilidad de las empresas por el congelamiento de las tarifas, con la entrega de subsidios. Pero los subsidios sólo compensaban la pérdida de rentabilidad pero no la reinversión en mantenimiento y actualización tecnológica. Por lo tanto, la red energética se fue quedando obsoleta y fue perdiendo calidad. Esa es, en esencia, la causa de los cortes de energía: el avejentamiento de la red. ¿Cuál es la solución? Bueno, la misma de siempre, fácil y conocida: la estabilización de los precios, la desregulación de la actividad y la libre disponibilidad de las ganancias por parte de las empresas. En ese contexto, el afán de lucro motorizará las inversiones que harán aumentar la calidad del servicio y el propósito de conseguir nuevos clientes impulsará a las empresas a ofrecer la mejor relación calidad-precio a los usuarios.

Todo esto es muy simple y es casi una respuesta “de manual” pero forma parte de la naturaleza de los problemas cotidianos con los que los argentinos nos encontramos y que tendrían una solución consistente y sustentable por medio de la aplicación de políticas de orientación liberal. Es necesario señalar, sin embargo, a modo de autocrítica, que no se suele escuchar a los representantes públicos del liberalismo que planteen este tipo de iniciativas, las cuales permitirían ir logrando una gradual revalorización del liberalismo por parte de la población, a favor de las ventajas competitivas que el liberalismo contiene a los efectos de la resolución de los problemas que afectan diariamente a la población de nuestro país.

Los cortes de energía son, en definitiva, uno de los problemas prácticos y concretos que afectan la calidad de vida de los argentinos, para los que el liberalismo tiene soluciones efectivas y duraderas. Los políticos liberales deberían saber aprovechar la solidez de los argumentos liberales para presentar esas soluciones ante la consideración del pueblo...

viernes, 24 de diciembre de 2010

ESPÍRITU NAVIDEÑO Y RESPETO A LA LIBERTAD


Por Gabriel J. Zanotti
Diciembre de 2010.

Había pensado un título como “Navidad y liberalismo”, pero sería un error. Nunca he intentado derivar directamente de mi fe un sistema político determinado, ni he intentado colocar a las Escrituras como la premisa de la cual se derivara directamente un sistema político. Claro, he aclarado infinitas veces que el liberalismo (con todas las aclaraciones pertinentes) no es contradictorio con mi fe, lo cual es muy diferente.

Habiendo hecho esta aclaración, voy a hacer una pequeña reflexión para creyentes y no creyentes que compartan cierto espíritu liberal. Me refiero a la no agresión, a la no invasión, a no iniciar la violencia contra otro. A veces eso se mezcla con la indiferencia ante el prójimo, pero no es lo mismo. El fundamento para no invadir no debe ser la expresión “es tu vida, morite si querés”, sino “respeto tu conciencia”, “no voy a invadir la casa de tu existencia”, lo cual es muy diferente a no preocuparnos por la vida de los demás. Muchos han deducido la invasión al otro como el resultado de la preocupación por el otro, y ese es el grave error que el liberal siempre denuncia.

Para los que somos creyentes, Cristo es Dios, para los no cristianos, obviamente no. Pero creo que ambos grupos coincidirán en algo: su nacimiento fue pacífico, una paz en serio. No fue el hijo de un monarca o emperador autoritario de la época cuyo nacimiento anunciaba quién era el próximo invasor de las vidas ajenas. Nació sin reclamar nada, sin invadir a nadie. Cuando su madre recibió el anuncio de que iba a tener un hijo, ella preguntó cómo podía ser eso, y la respuesta del ángel fue un diálogo respetuoso que quedó como modelo de diálogo entre razón y fe. María no fue coaccionada. A partir de su nacimiento, Cristo estuvo con sus padres 30 pacíficos años pacíficos viviendo de su trabajo y de la co-propiedad con su padre. Luego afirmó que él era el Mesías, el Hijo de Dios, Dios mismo, anunciando la llegada del mesías esperado por el pueblo judío. Pero Cristo, que afirmaba ser Dios, no procedió como otros que se creen Dios. Predicó, habló, no fundó un ejército ni obligó a nadie a seguirlo. Conversaba con todos, y muy especialmente con los que procedían de modo diverso a lo que él predicaba. Hablaba, estaba y comía con todos, sencillamente con todos, y sólo discutía –y se enojaba- precisamente con los que se consideraban muy pero muy buenos. Pero tampoco los coaccionaba. El ser humano, cuando se cree Dios, piensa que puede invadir a los demás, forzarlos; este ser humano, que afirmaba ser Dios, sólo mostró un Dios que dialoga. Cuando lo vinieron a buscar para matarlo, le dijo a uno de sus discípulos “guarda la espada”, y cuando afirmó ser Rey, dijo “mi reino no es de este mundo” (suerte para Pilatos J ). Desde su Cruz perdonó a todos.

Los creyentes, que a veces son autoritarios en su vida cotidiana y en sus opciones políticas, deberían pensar en el Cristo al cual dicen seguir. Un Cristo que dialoga y no coacciona. Si Cristo, que según los creyentes es Dios, no usa la fuerza para imponer sus ideas, ¿por qué sus “creyentes” sí lo hacen? ¿Tienen prerrogativas que Dios no tiene?

Y los no creyentes pueden quedarse meditando en este peculiar ser humano (que los creyentes consideramos humano también). Si, tal vez tuvo razón el soldado romano que le dijo que si era Dios, que se bajara de la cruz. No me van a negar que hubiera sido un digno final de Hollywood. Cristo bajando victorioso de su cruz y derrotando a toda Roma con sólo un soplido; sentándose en el mismo trono del emperador romano e instaurando el Reino de Dios en la Tierra que, por supuesto, iba a tener ejércitos e iba a coaccionar como cualquier gobierno. Pero no. ¿No porque no era Dios? ¿O no porque, precisamente, lo era?

Navidad otorga a todos, creyentes y no creyentes, una especial oportunidad para meditar todo esto. He allí un hombre que proclamó su divinidad y no invadió nunca a nadie. Es interesante meditar el por qué.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Usurpaciones: el gobierno nacional está equivocado, Macri tiene razón


En la controversia suscitada a partir de las tomas de predios por parte de sediciosos que reclaman beneficios negados a quienes respetamos las leyes y los derechos ajenos, se han perfilado dos posiciones nítidas: 1) la del gobierno nacional, que es partidario de hacer concesiones a los usurpadores a cambio de que desalojen los espacios que están ocupados; 2) la del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que sostiene que no se debe hacer esas concesiones y se debe exigir el desalojo de los terrenos invadidos, eventualmente mediante el uso de la fuerza.

Es necesario declarar, con la máxima energía, que en esta controversia la razón está del lado de la posición del Gobierno de la Ciudad encabezado por Mauricio Macri y la postura del gobierno nacional representado por Cristina Fernández y su “ministra estrella”, Nilda Garré, es errónea. Esta consideración no es arbitraria sino que está basada en una evaluación racional de la situación...

Si se procede como el gobierno nacional lo propone, es decir, excluyendo por completo el uso de la fuerza y haciendo concesiones a los usurpadores, el resultado práctico será que más personas deseosas de tener una vivienda y alentadas por los buenos resultados obtenidos por los primeros intrusos, utlizarán la misma metodología... El razonamiento es simple: si mi vecino de la villa consiguió una casa cuando ocupó un terreno, yo también voy a ocupar otro terreno (o el mismo que había ocupado antes mi vecino) para que el gobierno me de una casa a mí también... ¿Por qué el gobierno nacional procede de este modo? Porque ése es el único criterio político posible que le permite eludir la responsabilidad de emplear la fuerza –aunque más no sea, como último recurso- para resolver el problema. El gobierno es coherente aunque su política sea errónea. La decisión de negarse absolutamente a emplear la fuerza sitúa al gobierno nacional en una posición de completa debilidad en el trato con los sediciosos, quienes constantemente renuevan y aumentan sus demandas, en la seguridad de que no serán desalojados por la fuerza, con lo cual no tienen inconveniente en que el conflicto se prolongue indefinidamente.

Pero la continuidad del conflicto tiene un costo político muy elevado para el gobierno nacional porque la población del país, que por abrumadora mayoría repudia las ocupaciones de terrenos, tiende a cansarse de que el problema no se resuelva y teme además que se extienda a otras zonas de la Capital y a otras regiones del país. Por eso Macri reclama que no se hagan concesiones a los usurpadores y plantea la posibilidad de emplear la fuerza para desalojarlos si no se retiran ante las intimaciones de las autoridades. Macri argumenta que no se deben dejar precedentes sentados para evitar la multiplicación del problema. La marcha de los acontecimientos, por el momento, le da la razón a Macri y no al gobierno nacional porque el problema no se ha resuelto y amenaza con perpetuarse. Si desde el primer día se hubiera aplicado una política de firmeza, a esta altura las tomas de terrenos probablemente habrían desaparecido.

Pero está claro que las diferencias de criterio político para enfrentar el problema se derivan de una diferencia en la valoración de la conducta de los ocupantes de terrenos ajenos. Para el gobierno, los ocupantes de terrenos son las víctimas de un sistema social injusto, al cual el kirchnerismo se propone corregir, de modo que el reclamo de que se les den beneficios con fondos estatales es legítimo. Para el macrismo –que tiene una posición que al menos en este caso puntual es coincidente con los principios del liberalismo- los intrusos son personas que están infringiendo las leyes y por lo tanto no tienen derecho a presentar reclamo alguno basado en la presión ejercida a través de la ocupación de predios. Los liberales debemos declarar con la mayor energía y convicción que, en relación a este tema puntual, Macri tiene razón y el gobierno está equivocado. Esa es la forma correcta de defender, frente al principal problema político del momento, los valores y principios del liberalismo.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La persecución a los hermanos Noble pone en evidencia los valores morales del kirchnerismo


La jueza Sandra Arroyo Salgado ordenó que los hijos adpotivos de la dueña del diario Clarín, Ernestina Herrera de Noble –Marcela y Felipe Noble- se sometan compulsivamente a una extracción de sangre con el propósito, supuestamente, de determinar si son hijos de desaparecidos. Los hermanos Noble ya se realizaron una extracción de sangre en diciembre de 2009 ante el Cuerpo Médico Forense, tal como son las prácticas habituales en los casos de controversia judicial pero la jueza Arroyo Salgado, que mantiene estrechos contactos con el gobierno kirchnerista, ordenó que dicha extracción debe hacerse ante el Banco Nacional de Datos Genéticos, un organismo controlado por el gobierno nacional y cuya imparcialidad es nula porque se trata de una repartición que trabaja al servicios de los intereses políticos del kirchnerismo.

Los abogados de los hermanos anticiparon que apelarán el fallo, lo que probablemente derive en una dilatación del procedimiento ordenado por Arroyo Salgado, de modo que los designios del gobierno y exigidos por la jueza presumiblemente no se llevarán a cabo, al menos por el momento. Pero esta circunstancia resulta oportuna para reflexionar acerca de los principios morales en base a los cuales el gobierno opera y el modo en que manipula con fines políticos una causa legítima como la de la defensa de los derechos humanos.

El propósito del gobierno –al cual la jueza Arroyo Salgado le resulta absolutamente funcional- es demostrar que Herrera de Noble se apropió ilegalmente de dos hijos de desaparecidos con el fin de desacreditar a la dueña del grupo empresarial al que el gobierno ha elegido como uno de sus mayores enemigos. Este hecho, el empleo de la causa de los derechos humanos como pretexto para intentar desacreditar a un grupo periodístico con el que el gobierno eligió enfrentarse, pone en evidencia los valores morales con los que el gobierno se desenvuelve.

Es necesario ser un gran canalla para envolver la delicada cuestión de los derechos humanos en una disputa política del tipo de la que el gobierno eligió tener con el Grupo Clarín. El gobierno cree, desde que estalló el conflicto con los productores agropecuarios por la Resolución 125 y el canal TN mostraba imágenes de los cortes de ruta realizados por los ruralistas, que el Grupo Clarín desea destituirlo u obstaculizar su gestión, argumento que no es cierto, a menos que supongamos –de hecho, así lo considera el kirchnerismo- que el ejercicio independiente del periodismo tiene fines destituyentes.

El Grupo Clarín nunca se propuso destituir al gobierno ni obstaculizar su gestión. Quien piensa de ese modo no comprende cómo opera el periodismo. Clarín es una empresa que vende información y no se fija demasiado, cuando se trata de temas de semejante relevancia, a quién benefician y a quién perjudican las noticias. Si hay un enfrentamiento entre los ruralistas y el gobierno, el negocio del periodismo independiente es contar lo que está sucediendo. Por supuesto que al kirchnerismo eso no le conviene. El kirchnerismo pretende que todos los medios sean voceros oficiales y defiendan su posición. Como no lo hacen, porque no es esa la tarea que le compete cumplir al periodismo independiente, el kirchnerismo eligió enfrentarse con las empresas que difunden las noticias que el gobierno desearía silenciar. Y en el marco de ese enfrentamiento el kirchnerismo motoriza la versión de que los hijos adoptivos de la señora Herrera de Noble son hijos biológicos de desaparecidos.

Es necesario ser tan canalla como lo son los dirigentes kirchneristas para proceder de esta manera. La causa de los derechos humanos y los hijos de desaparecidos involucra cuestiones morales delicadísimas, cuyo tratamiento requiere la mayor prudencia. Pero el gobierno kirchnerista no hesita en manipular la argumentación para ponerla al servicios de sus intereses políticos. No es del caso defender los intereses empresariales del Grupo Clarín. Eso es algo que la empresa debe defender por sí misma. Pero lo que sí pretendemos expresar desde estas líneas es el sentimiento de repudio y de condena que la conducta del kirchnerismo nos inspiran, algo que seguramente será compartido por cualquier persona dotada de sentido moral. La moral es un valor al que el kirchnerismo ha elegido degradar hasta niveles inimaginables. La persecución contra los hermanos Noble es un ejemplo paradigmático de esa degradación.

martes, 21 de diciembre de 2010

La política de seguridad del gobierno nacional es voluntarista y está condenada al fracaso


La decisión de la ministra de seguridad, Nilda Garré, en el sentido de que la policía opere desarmada en las manifestaciones, no tiene sentido lógico. Si la policía debe intervenir en una manifestación es porque se está transgrediendo el orden y se apela a la fuerza pública para restablecerlo. El hecho de que la policía esté desarmada es una invitación a los sediciosos para que se aprovechen de la indefensión de la policía y desoigan cualquier intimación que las fuerzas de seguridad les hagan llegar y agredan a sus efectivos. En cualquier momento en una manifestación una bala matará un policía desarmado y entonces será cuestión de ver qué respuesta ofrece Garré para aclarar este hecho.

Una mirada panorámica sobre los hechos que vienen sucediéndose desde que comenzara el fenómeno de las tomas sistemáticas de terrenos permite percibir, claramente, la confusión en la que el gobierno nacional se encuentra sumido en relación a cómo manejar el problema de la falta de seguridad. Por un lado deciden desarmar a la policía y, al mismo tiempo, deciden enviar la Gendarmería, que tiene otras funciones específicas que cumplir, a custodiar la seguridad que debería estar a cargo de esa policía a la que el gobierno eligió desarmar. Pero la Gendarmería sí va a armada. ¿Qué va a suceder cuando en una refriega aparezca un muerto por un tiro disparado por la Gendarmería? ¿Decidirá entonces Garré desarmar a la Gendarmería también?

El problema de fondo no tiene que ver con cuestiones referidas al modo de operar de las fuerzas de seguridad sino a la confusión conceptual en la que el gobierno está inmerso como consecuencia de sus raíces ideológicas. El kircherismo es una corriente política inscripta en el izquierdismo que ha hecho de la condena a la represión del terrorismo en los años ’70 una bandera política. Este prejuicio inhibe al gobierno para asumir una postura firme frente a cualquier reclamo social, con el cual se sienten íntimamente identificados porque forma parte del universo ideológico en el que el kirchnerismo está inmerso. Para el gobierno, la represión a los sediciosos es una conducta pecaminosa porque ellos íntimamente se sienten identificados con esos sediciosos. Este es el núcleo del problema. Tenemos un gobierno que simpatiza con quienes violan la ley, los derechos ajenos y las garantías constitucionales. Es inimaginable que un gobierno impregnado de semejante bagaje conceptual encuentre entre sus inclinaciones espontáneas los argumentos necesarios para sentirse justificado a imponer la vigencia de la ley a quienes ocupan terrenos, cortan calles y puentes, bloquean empresas, invaden veredas con puestos ambulantes, etc.

Pero esta inclinación política natural que el gobierno tiene choca con el hecho de que la mayoría de la población repudia ese tipo de conductas porque, en esencia, los seres humanos aspiramos, naturalmente a vivir en un contexto de orden y legalidad. Entonces, la inclinación natural del gobierno a solidarizarse con los sediciosos se refleja en una pérdida de apoyo popular perceptible a través de las encuestas. Frente a este hecho brutal, que al gobierno naturalmente le preocupa porque aspira a continuar ejerciendo el poder, aparecen estos intentos peregrinos de imponer orden por medio de la creación del ministerio de seguridad, que es una medida sin contenido efectivo pero que la Señora Cristina, en su limitada visión de las circunstancias políticas, imagina como una fórmula mágica que resolverá todos los problemas.

La conclusión que se desprende de todo este análisis es que la política que el gobierno está aplicando a los efectos de buscar soluciones al problema de la ilegalidad es puramente voluntarista y, como tal, está destinada al fracaso. Lógicamente, como toda política nueva, genera una cierta expectativa inicial pero no pasará mucho tiempo antes de que su insustancialidad quede en evidencia y la inviabilidad de estos planes resulte ostensible. Cuando eso ocurra deberemos afrontar problemas más graves aún que los que hemos tenido en las últimas semanas. Pero para entonces el crédito político del kirchnerismo habrá comenzado a agotarse definitivamente y el pueblo comenzará a buscar otras alternativas para tratar de encauzar la situación.

lunes, 20 de diciembre de 2010

El empleo de la fuerza y la condena penal no debe estar excluido de la política de seguridad


La llegada de la señora Nilda Garré al Ministerio de Seguridad tendrá como efecto que la policía seguramente acentuará su postura pasiva frente a los ataques al derecho y al orden perpetrados por delincuentes y sediciosos (piqueteros, usurpadores de espacios públicos, vendedores ambulantes ilegales, etc). El resultado de esta política será, previsiblemente, un aumento de las prácticas delictivas e ilegales de toda índole.

El interrogante que a nosotros, los liberales, nos cabe en este contexto es el de determinar qué política podríamos proponer desde el liberalismo para contribuir a resolver el problema de la inseguridad y la ilegalidad tan generalizadas que afectan a nuestra sociedad y por ende los derechos, la propiedad y la vida de cada habitante.

Lo primero que sería oportuno señalar es que la crisis de la seguridad y la legalidad se derivan y son las consecuencias prácticas y apreciables de una circunstancia anterior, que es la renuncia del estado al empleo de la fuerza y la condena penal efectiva como medios para imponer su autoridad. El estado argentino ha renunciado a emplear la fuerza y la condena penal efectiva para desalentar, impedir y eventualmente sancionar los actos delictivos e ilegales. La llegada de Nilda Garré al Ministerio de Seguridad institucionaliza esta política.

Esta renuncia tiene su origen en la descalificación del modo en el que el último gobierno militar reprimió a las organizaciones terroristas. De allí en más, todo empleo de la fuerza y de la condena penal efectiva por parte del estado pasó a ser deslegitimado, circunstancia que, naturalmente, favorece a aquellos que eligen transgredir las normas en favor de sus propios intereses y en perjuicio de los derechos ajenos.

Pero esta situación nos coloca a los liberales en una posición paradójica. El liberalismo es un movimiento que, tradicionalmente, ha estado en contra de los abusos del estado y, de hecho, los liberales argentinos reclamamos habitualmente que el estado deje de asfixiarnos. Reclamamos menos intevención del estado en el campo de la economía, de la educación, de las prestaciones de salud y muchos etcéteras más.

Pero en el ámbito de la inseguridad y la ilegalidad, el problema, actualmente, no es que el estado se extralimita sino, contrariamente, que el estado se abstiene de actuar. Es paradójico que quienes reclamamos usualmente que el estado actúe menos, tengamos que plantear, en el área de la seguridad y la legalidad, el problema de que el estado actúa demasiado poco.

En lo referido al problema de la seguridad y la
ilegalidad, el problema al que el liberalismo debería encontrarle una respuesta satisfactoria es de qué modo es posible ejercer la autoridad del estado en un contexto donde las fuerzas de seguridad y la justicia penal garanticen los derechos de los ciudadanos decentes y repriman con severidad pero sin excesos a los delincuentes y a los sediciosos. El ejercicio de la autoridad por parte del estado no debe excluir el uso de la fuerza y de la condena penal para reprimir a delincuentes y sediciosos. Lo que el estado no debe hacer es excederse en el empleo de la fuerza para imponer la soberanía de la ley. La fuerza y la condena penal deben ser instrumentos al servicio de los derechos de los ciudadanos y, por lo tanto es enteramente legítimo emplearlos cuando esos derechos se vean vulnerados por delincuentes y sediciosos. La política de Garré está orientada en una dirección opuesta a la aquí indicada y por eso está destinada a fracasar, ya que los derechos de los ciudadanos no quedarán eficazmente defendidos y eso desencadenará severos cuestionamientos generales.

El problema de la inseguridad y la ilegalidad consiste, por lo tanto, en evaluar de qué modo es posible encuadrar el uso de la fuerza y la condena penal en una política de seguridad y legalidad destinada a garantizar los derechos de los ciudadanos y que, al mismo tiempo, evite incurrir en abusos policiales que deriven en una descalificación popular del empleo de la fuerza y la condena penal, que terminen favoreciendo el accionar de los delincuentes, como viene sucediendo desde hace tiempo en nuestro país y como seguirá sucediendo bajo la gestión ministerial de Nilda Garré. El liberalismo no debe propugnar la ausencia total del estado sino un estado con funciones muy limitadas pero con presencia muy efectiva en los campos en los cuales sí es recomendable su accionar. Está bien que el estado tenga el monopolio del uso de la fuerza. Pero es responsabilidad de los gobernantes que esa fuerza sea empleada con eficacia y criterio en las circunstancias en las que se la necesite y no que se abstenga de actuar por temor a que el gobierno sea acusado de violar los derechos humanos. Los ciudadanos decentes también somos humanos y tenemos derecho a ser defendidos. La renuncia del estado a cumplir sus genuinas funciones nos ha sumido a todos en la indefensión. En este contexto, los delincuentes y sediciosos tienen más derechos que los ciudadanos decentes. Los liberales debemos promover un cambio en este cuadro de situación.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Libertad Querida! se presentó con un acto donde la fuerza del movimiento liberal quedó una vez más en evidencia


La presentación de Libertad Querida!, realizada el miércoles en Le Gand Salon del Hotel Four Seasons, en la Capital Federal, fue un éxito rotundo. La concurrencia estuvo en el orden de las 400 personas. Aunque el número no sea impactante, la calidad y la coherencia de las exposiciones y el clima emotivo que se vivió hacen que el acto tenga una trascendencia que excede en mucho la mera valoración cuantitativa. Históricamente, el liberalismo no ha sido proclive a promover acercamientos entre sus miembros para cohesionar esfuerzos en pro de objetivos comunes. El movimiento Libertad Querida! parece estar mostrando una reversión de esa tendencia. “Esto no fue totalmente espontáneo sino que fue trabajado entre todos los miembros del grupo. Eliminamos cualquier atisbo de descalificación y estigmatización y así logamos un buen clima de convivencia. Más allá de las diferencias por algunas cuestiones marginales, coincidimos en el 90 % de los temas” explica Eduardo Marty, el impulsor de Libertad Querida!

En el salón había sendas pantallas que reflejaban frases de célebres pensadores de la libertad como Ron Paul, Alberdi, Lord Acton, Madison, Burke, Von Mises y Ayn Rand entre otros. Esas pantallas fueron utilizadas luego para ilustrar los discursos de los operadores. El acto comenzó con una introducción de Armando Ribas, quien expresó que “estamos aquí para evitar que la libertad se pierda en la Argentina”, después de lo cual el propio Ribas entonó una versión “liberal” del tango “Uno”, con letra compuesta por él mismo. Posteriormente, Guillermo Yeats y Bettina Solinger, de las fundaciones Atlas y Naumann, las dos instituciones que auspiciaron la realización del evento pronunciaron palabras de bienvenida y luego se entregaron medallas a un grupo de personas representativas del liberalismo en Argentina. Los premiados fueron Horacio García Hamilton, Guillermo Polledo, Rodolfo Vinelli, Rosa Pelz, Armando Ribas, Norberto Carca, Enrique Loncan, Meil Zylberberg, Alberto Benegas Lynch y Carlos Sánchez Sañudo.

La primer oradora que subió al estrado fue la señora Ana Caprav, quien se refirió al intento gubernamental de controlar los medios y expresó que “hay muchos partidos políticos pero ninguno que defienda la libertad. Debemos salir a la calle y hacer propaganda por la libertad. Con la excusa de desactivar un monopolio lo que se quiere es moldear la opinión pública. Proponemos eliminar todos los medios oficiales, radios, diarios y revistas que salen de nuestros impuestos. Desde los medios de comunicación y desde la educación quieren convertirnos en ovejas".


El presidente del Partido Liberal Libertario, Gonzalo Blousson, fue el siguiente expositor y dio a su discurso una nítida impronta política, condenatoria del paternalismo estatal. Señaló que “me tocó nacer en un mundo donde los políticos creen que saben lo que yo necesito. Me gustaría escuchar por una vez en la vida a un político diciendo la verdad. ¿Cómo puede ser que los padres no puedan decidir la educación de sus hijos? Hemos logrado que el estado se convierta en una niñera para adultos”.

El siguiente orador fue Marcos Hilding Holssonh, quien se refirió al tema de los impuestos y preguntó retóricamente si “¿está bien que tengamos que trabajar la mitad de nuestro tiempo para pagarle al gobierno? No nos damos cuenta del aumento de impuestos porque nos fueron calentando el agua de a poco y no reaccionamos. Cada uno es dueño de lo que hace y del producto de su esfuerzo. La gente quizá no conoce las ideas de la libertad pero sabe que no quiere que le saquen lo suyo”.

Luego, hizo uso de la palabra Luis Meissen, quien a tratar la temática de la seguridad, reclamó “la municipalización de las fuerzas policiales, el derecho de la población a la defensa propia y desregular la portación de armas. Un gobierno es un garrote que golpea pero se debe brindar un marco regulatorio para que no se golpee en el lugar que no corresponde”.

Con un estilo muy coloquial y didáctico, el siguiente orador fue Gustavo Lazzari, de la Fundación Atlas, quien se refirió a la candente cuestión de la pobreza y planteó que “para salir de la pobreza hacen falta políticas liberales. Impuestos bajos, gobierno limitado, competencia son las soluciones a la pobreza. Los liberales hemos sido haraganes, debemos hacer una autocrítica porque apoyamos a quienes no debíamos. Sepamos quienes son los que causan la pobreza, La pobreza es un negocio. ¿Ustedes se imaginan un peronismo sin pobreza? Ellos disfrutan de la pobreza, la necesitan. Los actos peronistas humillan a los pobres”.

Continuó en el uso de la palabra Eduardo Killner, quien reflexionó que “hace mucho que el país oscila entre el dólar barato y la hiperinflación porque no hay un estado fuerte capaz de contener las presiones sectoriales. Es imposible dar a la gente otra salida que instarla a que invierta para que obtenga el fruto de su propio trabajo. La corrupción y el clientelismo están hundiendo al país. La República Argentina depende del milagro de la soja” .

Para referirse a la temática de la educación, Francisco Bosh expresó que “el deterioro del sistema educativo tiene que ver no con la falta de presupuesto sino con la falta de libertad. No es lógico, práctico ni moral que se coarte la libertad de los padres de decidir la educación de los hijos. La educación gratuita implica transferencia desde los más pobres a los más ricos. Soy partidario de la desregulación total del sistema educativo. La educación es un aparato perfecto para difundir el pensamiento único y acallar el pensamiento crítico. Propongo que en esta etapa bombardeemos al establishment educativo con los argumentos de la libertad. Hasta ahora venimos perdiendo la pelea pero porque nos hemos retirado de la lucha. ¡Amigos de la libertad, es hora de que comencemos el escándalo!”.

Propiedad privada fue el tema tratado por el representante de la provincia de Corrientes, Alberto Medina Méndez, quien enfatizó que “no existe derecho posible sin el derecho de propiedad. La historia de la República Argentina muestra una extensa gama de formas de vulnerar la propiedad. Todos los partidos políticos han conseguido que todos creamos que la propiedad es relativa. Nosotros no decidimos sobre lo que poseemos sino que somos meros administradores de lo que es nuestro. En la calle hay gente rentada dedicada a apoderarse de nuestra popiedad. El 65 % de las tierras de Corrientes no son de libre disponibilidad de su propietario”.

El empresario Guillermo Yeatts fue el siguiente orador, quien explicó detalladamente, apoyado en sólidos datos estadísticos, de qué modo la producción de petróleo, a lo largo de la historia, ha sido inversamente proporcional a la participación del estado en la exploración, distribución y comercialización del producto.

Llegó luego el turno de uno de los discursos más elogiados de la velada, el de la doctora Carolina González Rodríguez, quien se refirió a la problemática laboral y expresó que “la manera que los liberales proponemos para eliminar la desocupación es la derogación de toda la legislación laboral, empezando por el nefasto artículo 14 bis de la Constitución. Las conquistas sociales son herramientas de extorsión a los verdaderos patriotas, que son quienes invierten. La legislación laboral vigente es la herramienta para que los Moyano y el sindicalismo monopólico se perpetúe. Proponemos volver a la Constitución de 1853”.

Subí luego al escenario Agustín Etchebarne, del Foro Republicano, quien hizo una recorrida histórica relacionada con la vigencia de la libertad en nuestro país. Aseguró que “la Argentina cuando es liberal es extraordinaria. El mundo está recorriendo el camino de la libertad. Alberdi decía que el problema más grande es el yugo de nuestra propia patria. Desde 1853 hasta 1910 Argentina creció a tasas que hoy llamamos chinas pero son las tasas de la libertad. No le tengan miedo a la inmigración, ténganle miedo a los subsidios. Cuando a la libertad le va bien, a la Argentina le va bien. Cuando a la libertad le va mal, a la Argentina le va mal. Hoy América Latina está cambiando fundamentalmente para bien, sólo que nosotros estamos en la contra-ola”.


Concluyó en el uso de la palabra el gestor del movimiento Libertad Querida!, Eduardo Marty, quien trató de hacer un balance de todo lo tratado y expresó que “todos los expositoresnos han dicho que no aceptamos la ley de medios, la inseguridad, el desborde del empleo público, la ley de contratos de trabajo, la ley de obras sociales, el despojo de los fondos jubilatorios, los controles de precios y las regulaciones económicas, las estatizaciones, los bancos del estado, la manipulación del Banco Central, los empresarios que actúan como barones feudales, los derechos arancelarios, que nos roben el 60 % de nuestra producción con impuestos, no cercenen nuestra libertad de educación, que se adueñen del sistema de salud, en definitiva, que nos traten de idiotas. Tenemos que organizar 30 actos barriales de acá al 31 de marzo. Para nuestro próximo acto trataremos de duplicar la cantidad de gente y lo vamos a hacer en un lugar más popular. Nuestro póximo acto será el 16 de abril”.

Al día siguiente y, a modo de balance, Marty señaló que “fue un acto muy lindo. Sorprende en la gente joven la solidez de los argumentos. Se nota que hay gente que ha leído mucho de la tradición liberal argentina, la escuela austríaca, el objetivismo de Ayn Rand y los autores liberales clásicos. Todos los discursos fueron netamente liberales y recibieron aplausos del público. Y tengamos en cuenta que no jugamos con la primera de Boca sino que jugamos con los juveniles porque ocho o nueve de los oradores hablaban en público por primera vez. La repercusión fue muy buena porque al día siguiente tuvimos cuatro o cinco llamados de periodistas que tenían interés en conocer sobre el tema. Quiero agradecer la colaboración de mucha gente que participó en la organización, como Pablo López Herrera, del Foro Republicano, independientes como Walter Jerusalinsky, Neiyons Romero, Darío Petrollini y los miembros de la familia Caprav, también Gonzalo Blousson, Luis Meissen y Yamil Santoro, del Partido Liberal Libertario. Santoro sostuvo toda la operatoria técnica. Estos grupos funcionan bien si se descentralizan y cada uno está a la cabeza de su tarea. Todo esto demuestra que este proyecto arrancó con fuerza. Ojalá la podamos preservar”.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Política Laboral, y el honor de haber sido elegida como una de las oradoras en Libertad Querida

TEXTO DEL DISCURSO PRONUNCIADO POR LA DOCTORA CAROLINA GONZÁLEZ RODRÍGUEZ EN EL ACTO REALIZADO AYER POR LIBERTAD QUERIDA


Trabajar es mucho más que ganar dinero. Es sentirse útil, productivo y hábil. La sensación de recibir una paga después de un arduo esfuerzo es tal, que no sería alocado decir que en ese acto, en el acto de lograr el rédito por el esfuerzo propio se encuentra uno de los principios fundacionales de la dignidad humana.
Según el INDEK (con K), la desocupación se ubicó en el 7,5% de la población activa, lo que significa que 1.23 millones de personas no tiene trabajo. 1,44 millones más están subocupadas, es decir que trabajan pero menos de 35 horas por semana (aún cuando quisieran hacerlo por más tiempo), por lo que estas dos categorías suman la obscena cifra de 2.670.000 personas sufriendo privaciones no sólo materiales, sino tal vez más grave aún, morales.

De ahí la vital importancia de desterrar las raíces del desempleo, y eso se logra derogando la totalidad de la legislación laboral vigente.
Desde sus orígenes en la Argentina pre-Revolución de Mayo, la vinculación entre un empleador y un empleado fueron vistas como especiales o de peculiares características. El empleado era (y lo sigue siendo) visto como la parte “débil” de la contratación, sujeto a la explotación y abuso del empleador maligno y desmedido.
La regulación fue empeorando. La ley bonaerense del 17 de julio de 1823 imponía la obligación de garantizar al peón agrario 40 minutos al día para... tomar mate, hasta que finalmente el brillante jurista que iluminó este suelo con la antorcha de la libertad nos legó una Constitución Nacional completamente ajena a esas exigencias y desopilantes interpretaciones. Sin embargo, el sueño duró poco y la Argentina no estuvo exenta de los movimientos marxistas y colectivistas iniciados a mediados del Siglo XIX.
En la actualidad, la moderna regulación laboral heredada de los procesos demagógicos de 1943 en adelante dejaron de ser “conquistas sociales” para convertirse en herramientas de manipulación, extorsión y –de manera llamativamente incongruente- exclusión, contraproducentes para la creación y mantenimiento de puestos de trabajo genuinos. La agobiante carga regulatoria y la existencia de ese pseudo –derecho conocido como derecho laboral atentan continua y enfáticamente contra el florecimiento de empresas y emprendimientos productivos, haciéndolos económica y financieramente inviables desde el inicio. Y si bien existen todavía patriotas que apuestan a la creación de su propio emprendimiento, por convicción y vocación o por necesidad, en general el crecimiento de la empresa está limitado a la cantidad de miembros de la familia que puedan cooperar, de manera tal de no incorporar recursos humanos ajenos, posiblemente mucho más eficientes y capacitados.
El estado de avance de la civilización, la información disponible de manera automática a lo largo y a lo ancho del mundo entero hacen que estas regulaciones vetustas y primitivas sirvan sólo y únicamente a la nueva oligarquía que es la nueva clase dominante, que encontró la veta para posicionarse y perpetuarse a través de las generaciones subsiguientes, legando a la descendencia (tal como todo título nobiliario) los puestos de poder alcanzados en sindicatos monopólicos, orquestados como condados a cargo de señores feudales ricos, que son fotografiados haciendo compras en las Galerías Lafayette de Paris.
Esa inmoralidad sólo puede darse con este marco regulatorio laboral, que desincentiva la creación de puestos de trabajo, toma de rehenes a quienes tengan la valentía, el coraje y el patriotismo de iniciar un emprendimiento productivo en la Argentina de hoy, mantiene a la gente en el desempleo y en el subempleo, y genera un juego de suma cero, en el que los únicos ganadores son los Sopranos, perdón… los Moyano.
Los intervencionistas bien intencionados (si los hubiera y no fuera esto una contradicción en términos) fundamentan estas regulaciones en el hecho de que, librada a su entera voluntad, cada parte va a buscar su propio interés. Así, y en el caso de un accidente sufrido en ocasión de desempeñar tareas para un determinado empleador, éste (precisamente por buscar su propio interés) no tendería “naturalmente” a indemnizar al empleado, ya que dicha erogación iría en contra de su propio interés. Por su parte, el empleado procuraría lograr una indemnización que cubra no sólo el daño sufrido, sino la satisfacción de, si no todas, al menos gran parte de sus necesidades presentes y futuras. De esa manera, ambos tendrían incentivos a exagerar sus posiciones, y a exigir beneficios que vayan más allá de la razonabilidad que la circunstancia puntual demandaría.
Sin embargo, como en el esquema presente en el dilema del prisionero, es imperativo considerar que 1) cada empleador contratará no uno sino varios empleados, los que a medida que la empresa crezca, serán –a su vez- también cada vez más; 2) las situaciones de riesgo, entonces, se multiplicarían obligando a ser consideradas en el cálculo económico del empleador, a quien resultaría siempre más eficiente invertir en medidas preventivas que en remedios posteriores (más caros que la prevención); 3) en un sistema de libre mercado, sería muy poco probable que el empleador resulte un empleador monopólico. Por el contrario, la competencia entre distintos productores haría que sólo subsistieran aquellos empleadores que elaboraran bienes o prestaran servicios en las mejores condiciones posibles, tanto para el consumidor de los productos o servicios como para los recursos humanos a los que necesitaría como al aire para poder alcanzar el objetivo empresarial; y 4) en este esquema, los empleados, conscientes de la necesidad de los empleadores de contar con los mejores recursos humanos, optarían por el empleador que mejores y mayores medidas preventivas, ventajas y beneficios ofreciera a los fines de contratar y retener a ese recurso tan valioso e imprescindible para la continuidad del emprendimiento.
La diferencia entre el socialismo y nosotros los liberales es una diferencia de aproximación y consideración filosófica del ser humano. Mientras los socialistas y marxistas consideran que algunos individuos se encuentran en inferioridad de condiciones con relación a otros, estiman que los pobres, además de pobres, son imbéciles incapaces de procurar su propio bien; incapaces de lograr pasar de una circunstancia menos satisfactoria a otra más satisfactoria por sus propios medios. Creen que sin su intervención “magnánima y misericordiosa”, sin su asistencialismo coyuntural e interesado, esos mismos pobres estarían condenados a una vida de miseria e indigencia. Nosotros los liberales creemos firme y vehementemente en la magnificencia del espíritu humano, del individuo por sobre sus circunstancias, y en la responsabilidad por los actos propios.
Los pobres son eso: pobres. Pero en absoluto son estúpidos, ni siquiera idiotas útiles a los intereses de la clase política que los arrea como ganado a las manifestaciones y marchas orquestadas y organizadas por el poder de turno. De serlo, irían a las marchas por la mera indicación del puntero a cargo. Sin embargo, encuentran en esa actividad el recurso más accesible para procurarse el sustento, aunque en el camino deban resignar una gran cuota de su dignidad.
La izquierda con notable mérito y éxito logró estigmatizarnos. Mienten los socialistas y marxistas al decir que somos los liberales los que pretendemos la exclusión social de miles de compatriotas. Por el contrario, creemos que sólo la inclusión de estos individuos al mercado puede significar el crecimiento y desarrollo sustentables, ya que, tal como lo identificó Friedrich Von Hayek, todos y cada uno de nosotros disponemos de información sobre las circunstancias de tiempo y lugar que nos afectan. Así, la información dispersa en cada uno de nosotros (imposible de ser reunida ni por cien Guillermos Morenos), unida a la división del trabajo ya identificada en 1776 por el genial Adam Smith como una de las fundamentales causas de la riqueza de las naciones, y la experiencia de las sociedades desarrolladas de hoy en día, todo eso en conjunto demuestra que sólo un gran mercado, con sustantiva cantidad de individuos produciendo en exceso de sus necesidades, generando excedentes para ser intercambiados y en el que ese intercambio se concrete libremente, puede llevar a lograr una sociedad pacificada, ordenada y orientada al crecimiento y al desarrollo.
Es imperativo e ineludible lograr la derogación de la totalidad del sistema del pseudo derecho laboral vigente, anclada en el siniestro Art. 14bis de la Constitución también vigente. Es imperativo patear la muleta que le da legalidad y formal legitimidad a los Moyano, a los Recalde y a toda esa casta de inmorales que apalancados en los privilegios de ser "clase dominante" se enriquecen a costa de los que teóricamente representan. Dejarlos rengos, y mancos fundamentalmente, para que dejen de "meter la mano en la lata" de los verdaderos patriotas, de los que producen, los que emprenden, los que generan riqueza. O en resúmen, es imperativo recuperar la Constitución de 1853, tal como nos fue legada por el genial tucumano.

Pero para ello es imperativo, es ineludible, creer… creer firmemente en la magnitud del individuo, del espíritu humano y en su capacidad para procurar su propia fortuna. Creer y defender con alma y vida nuestro derecho a ser libres, a velar por nuestra vida y nuestro patrimonio. Esa es nuestra deuda con nuestros hijos.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Los liberales tenemos soluciones para el problema habitacional


Se ha producido un apaciguamiento coyuntural en la tensa situación social y política en la que Argentina estuvo inmersa durante más de una semana. El Parque Indoamericano, foco central del conflicto que tuvo en vilo al país durante casi diez días ha quedado desocupado en respuesta a una propuesta conjunta de los gobiernos nacional y porteño en relación a la puesta en marcha de un plan de viviendas populares. Esto no resuelve el problema de fondo pero, al menos, permite destrabar el punto muerto en el que estábamos inmersos hasta ayer. Hay margen, ahora, para pensar con mayor tranquilidad en la búsqueda de soluciones definitiva.

Es necesario, ante todo, expresar con la mayor claridad que el problema no tiene solución inmediata y que la solución de fondo sólo es factible en el contexto de un programa económico global cuya vigencia sea sostenida a través del tiempo. He allí el problema más grave. Es inimaginable que el kirchnerismo sea capaz de implementar una política de esa naturaleza. Para que el problema habitacional encuentre una vía de solución efectiva es necesaria la aplicación de una política que de lugar al pleno desarrollo económico sin el estímulo del estado pero sin los obstáculos que el estado argentino interpone a la inversión de riesgo.

La cobertura del déficit habitacional que padece nuestro país y que fue el detonante de la crisis de los últimos días requiere la puesta en marcha del tipo de políticas que la población y los políticos que esa población vota no desean aplicar. Por eso este apaciguamiento coyuntural difícilmente sirva para avanzar hacia soluciones más duraderas. Es triste decirlo pero, aunque hayamos salido del atolladero en el que estábamos sumidos, no hay margen para creer que esto derivará en una mejoría sustancial de toda la situación. La gente que en su desesperación ocupó el Parque Indoamericano y otros predios seguirá viviendo misérrimamente, los delincuentes y narcotraficantes que se han apoderado de las villas seguirán con sus delitos y los políticos continuarán con sus alquimias institucionales a expensas del pueblo.

No hay, lamentablemente, esperanzas consistentes de que la situación cambie. Pero los liberales debemos decir, con voz bien alta, que nosotros estamos en condiciones de ofrecer respuestas satisfactorias y viables al problema habitacional. No son soluciones fáciles ni demagógicas. Se trata de politivcas que demandan el cumplimiento de ciertas condiciones, la primera de las cuales es la vigencia de un ordenamiento legal que asegure el pleno ejercicio de la propiedad como incentivo para que haya empresas dispuestas a realizar inversiones productivas con la seguridad de que sus ganancias no serán confiscadas. Es necesario, además, que haya una moneda estable para que la inflación no desvalorice los frutos del trabajo, de la producción y de la inversión. En ese marco de seguridad jurídica y estabilidad monetaria, las instituciones financieras encontrarán que el crédito hipotecario es un excelente negocio porque el crecimiento general de la economía abrirá fuentes de trabajo que darán lugar a que mucha gente pueda afrontar el pago de la cuota para tener su casa.

Todo esto no es ciencia ficción. Esto es algo que se puede empezar a poner en marcha ya mismo, hoy si lo deseáramos. No es una solución utópica. Es, por el contrario, un camino posible y a nuestro alcance y es, en definitiva, la solución de fondo, no es un paliativo, no es un parche ni un anuncio mediático. Hay una solución al problema habitacional pero la aplicación de esta solución requiere la puesta en marcha de una política general de orientación liberal. Esto es algo que los políticos y la mayoría del pueblo rechazan. Pero la solución está y los liberales la podemos ofrecer para que el pueblo argentino se beneficie de ella. Es una solución que exige trabajo y esfuerzo, no es una solución mágica. Pero es lo mejor que cabe hacer dentro de las posibilidades humanas. Los milagros no existen. Los liberales no prometemos milagros. Los liberales decimos la verdad. Por eso las soluciones que proponemos son humanamente viables. La alternativa es ocupar el Parque Indoamericano o vivir en una villa miseria. La decisión depende de todos nosotros.

martes, 14 de diciembre de 2010

La situación de estancamiento en el caso de las tierras ocupadas tendrá costos políticos irreparables para el gobierno


Da la sensación de que el conflicto por las tierras usurpadas no tiene solución en el corto plazo y que tendremos que habituarnos a convivir con el hecho de que un grupo de invasores se haya apoderado de espacios que no les pertenecen, sin que haya margen para darle un corte definitivo al problema en forma inmediata. La causa de este estancamiento es que el gobierno nacional se ha autoimpuesto la decisión de no emplear la fuerza para desalojar a los intrusos, motivo por el cual carece del único argumento de disuasión ante el cual los sediciosos estarían dispuestos a ceder. Esa es la razón por la cual el problema, dentro del marco operativo fijado por el kichnerismo, no tiene solución posible y, por el contrario, tenderá a agravarse porque más grupos de marginales seguirán intentando ocupar predios, amparados en la inacción del gobierno.

En este cuadro de situación, muchos intentan responsabilizar de lo que está ocurriendo tanto al gobierno nacional como al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y a su líder, Mauricio Macri. Sin perjuicio de las muchas críticas que quepa hacerle a la gestión de Macri desde una perspectiva liberal, en lo referido a este caso hay que señalar que la conducta política de Macri ha sido coherente porque ha sostenido sin vacilaciones las dos posiciones esenciales que es necesario adoptar para resolver el conflcito: 1º) la negativa a negociar el otorgamiento de concesiones a los intrusos para evitar dejar sentado el precedente de que este es un método apropiado para obtener beneficios; 2º) la determinación a emplear la fuerza para desalojar a los invasores si se niegan a retirarse por medios pacíficos. Por supuesto, ambas posiciones están interrelacionadas. Sólo quien esté dispuesto a emplear la fuerza si eso resulta indispensable puede adoptar una postura intransigente como la que las circunstancias reclaman. Macri no tiene margen de maniobra para aplicar la política que él desearía porque no tiene a su disposición una fuerza de seguridad en condiciones de llevar adelante ese curso de gestión.

Es indudablemente cierto que la aplicación de la fuerza para desalojar el parque podría producir más víctimas de las que ya hubo y, por ese motivo, antes de recurrir a ese método, convendría intentar por todos los medios tratar de llegar a soluciones pacíficas. Una alternativa legítima sería la de rodear los terrenos intrusados e impedir el ingreso pero no la salida de cualquier persona, cortando los suministros de alimentos y agua pero, al mismo tiempo, ofreciendo comida y bebida a quienes salgan del predio usurpado. De ese modo, la situación de los intrusos se tornaría insostenible en poco tiempo y, a la vez, se les estarían creando incentivos para desalojar el espacio ocupado. Por supuesto que esta es una política de “mano dura” del tipo de las que el gobierno nacional repudia porque, según la postura kirchnerista, es violatoria de los derechos humanos. Pero precisamente como consecuencia de la política kirchnerista llegamos a esta situación, de modo que bien se impone un cambio de rumbo.

Pero por el momento no se vislumbra que el gobierno vaya a decidir un cambio de política, de modo que probablemente la situación no se resuelva y esto continúe así por tiempo indefinido. No es posible por el momento evaluar cuáles serán, pero es indudable que todo esto tendrá consecuencias importantes en términos políticos y que esas consecuencias seguramente incidirán en la evolución del problema. Si antes de que estas ocupaciones estallen el gobierno ya tenía un importante desgaste (aunque se hubiera revertido circunstancialmente por la muerte de Kirchner) esto seguramente terminará por hundir definitivamente la imagen y la intención de voto del oficialismo. Y en las grietas políticas que las ocupaciones de terrenos están dejando abiertas seguramente aparecerán los resquicios para que surjan proyectos que permitan dejar atrás de una buena vez a la lacra kirchnerista.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Con un proyecto liberal de largo plazo, problemas como el de Sodati nunca existirían


La crisis suscitada en Soldati no registra por el momento avances visibles. Se ha logrado, dentro de límites muy precarios, evitar que sigan produciéndose incidentes de gravedad extrema pero, por el momento, no se vislumbra solución alguna al problema. La dificultad para llegar a una solución radica en que, como lo sostiene el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, si se accede al pedido de otorgar viviendas a los ocupantes del parque, se está estimulando a que esa práctica se generalice. Pero esto deja la situación en punto muerto porque la alternativa sería el desalojo de los intrusos, algo que el gobierno nacional no quiere hacer para no exponerse a que haya víctimas. En estas condiciones, el problema no tiene solución.

Este punto muerto provoca, irremediablemente, que la tensión en el lugar aumente y que el riesgo de que cualquier chispa haga estallar el polvorín se torne mayor minuto a minuto. Si alguien quisiera conocer una versión en pequeño de cómo es la vida en la frontera palestino-israelí, puede darse una vuelta por el Parque Indoamericano de la Ciudad de Buenos Aires y tendrá seguramente una idea aproximada. Las cuestiones que están en juego son mucho menos relevantes pero el estado de ánimo seguramente se parece bastante. Quizá la mayor diferencia es que en la frontera de Medio Oriente los ejércitos, cuando es necesario, están dispuestos a matar, algo que acá está vedado pero, en cuanto a la tensión, aquí tenemos una “muestra gratis” del problema mayor.

Es imposible predecir cómo concluirá este conflicto pero hay algo que sí es importante señalar, que es el hecho de que este conflicto acentúa las evidencias de que el ciclo político kirchnerista está agotado –lo está desde hace más de dos años pero hasta ahora el gobierno ha logrado estirar su agonía- y que se perfila un 2011 con el país inmerso en un creciente proceso de anarquización.

Todo esto, naturalmente, es la consecuencia lógica y previsible de la metodología de gestión del kirchnerismo, consistente en nunca resolver un problema sino en apelar siempre a los “parches”, dejando las soluciones definitivas postergadas para tiempos inciertos. El aporte más significativo que los liberales podemos hacer a este problema, en vista de que no podemos aportar remedios efectivos porque carecemos del poder para eso, es subrayar que la causa de que este tipo de conflictos se susciten es la habitual práctica de buscar paliativos coyunturales que sólo sirven para esconder el problema real pero no buscar soluciones de fondo y sustentables en el tiempo.

En ese sentido, el liberalismo es la contracara del kirchnerismo. La esencia del liberalismo es buscar soluciones profundas y definitivas a los problemas, a diferencia de lo que hace este gobierno –y todos los gobiernos populistas en general- que consiste en tratar de eliminar los efectos de los problemas pero no atacar las causas. Todo este problema en Soldati no existiría si el gobierno hubiese aplicado, cuando accedió al poder, una política general acertada, contribuyendo a consolidar la seguridad jurídica y garantizando la estabilidad de la moneda. En ese contexto, el crecimiento de la economía hubiese sido sustentable y el clima de confianza hubiera estimulado la inversión productiva de riesgo. En ese contexto, seguramente hubiesen aparecido entidades financieras dispuestas a otorgar créditos hipotecarios que permitirían que mucha gente obtenga su vivienda por medios legítimos y a la que podría acceder en función de que habría buenas fuentes de empleo, que darían la posibilidad de pagar los créditos recibidos.

Todo esto no es “Argentina año verde”. Todo esto es posible aquí y ahora. Sólo es necesario llevar adelante las políticas tendientes a que este proyecto se concrete. Por supuesto que la puesta en marcha de esas políticas implicaría dejar de lado todos los supuestos en base a los cuales el kirchnerismo se ha venido desenvolviendo. Pero ese es un problema de los kirchneristas. Las soluciones liberales están siempre disponibles y su eficacia está probada. La puesta en aplicación depende de quienes tienen la facultad de tomar la decisión. Si no quieren hacerlo, no se lamenten después por las consecuencias.

sábado, 11 de diciembre de 2010

"Libertad querida!" hace su presentación pública - EL MIERCOLES, TODOS LOS LIBERALES AL FOUR SEASONS!!!


“Libertad querida! – El Tea Party argentino”, será presentado públicamente el próximo miércoles a las 18 hs con un acto “a toda orquesta” donde habrá oradores representativos de todas las corrientes del liberalismo, shows artísticos, entrega de reconocimientos a figuras representativas del liberalismo y un compilado cinematográfico con escenas de diferentes películas alusivas a la temática de la libertad. La organización del acto está a cargo del educador liberal Eduardo Marty, quien destaca el hecho de que alrededor de este movimiento se han nucleado varias generaciones y varias vertientes del liberalismo.

“Esto es un movimiento, más que un partido político. Nuestra intención es reflotar las ideas liberales e instalarlas en los medios y en los partidos políticos”, explica Marty, quien enfatiza además en la solidez de la formación técnica y teórica de los actuales representantes del liberalismo.

“Hay muchos chicos que han leído a Mises, a Rothbard, a Hayek. Son muy buenos objetivistas, están muy organizados y tienen una gran capacidad para defender el sistema de la libertad desde el punto de vista moral. Además, entre los divulgadores del liberalismo hay muchos oradores que tienen una larga experiencia dando clases. Creo que el liberalismo tiene una base de por lo menos 300 tipos con una formación muy sólida”, se entusiasma Marty.

El acto del próximo miércoles será una manera de congregar a todo ese conglomerado, donde estarán presentes exponentes de diferentes corrientes del liberalismo, que usualmente solían potenciar sus diferencias pero que ahora, en buena medida sumándose al impulso inicial de Marty, han acordado sumarse de manera espontánea para sostener principios que son comunes a todos.

La reunión tendrá en su inicio un show del artista brasileño Renato Dos Santos, luego se realizará una entrega de reconocimientos a un grupo de diez personalidades que acreditan méritos como “defensores de la libertad”, después de lo cual se entonará una versión “liberal” del tango “Uno”.

Posteriormente habrá un break donde se servirá un catering, después de lo cual comenzará la primera ronda de cinco oradores, que dispondrán de entre cinco y siete minutos para expresarse, cada uno de ellos acerca de algún tema determinado. Concluida esa primera tanda, se emitirá el compilado cinematográfico realizado por María Marty. Inmediatamente habrá una segunda ronda de cuatro oradores y luego habrá otro número artístico a cargo del cantante Denis, para después dar paso a las intervenciones de los últimos cuatro oradores.

Para el final está prevista una nueva interpretación del artista brasileño Renato Dos Santos, quien promete una versión “remixada” del clásico “Vocé abusou” convertida en “Cristina abusou”. Por último, el cierre del acto estará a cargo de Eduardo Marty, quien oficiará como maestro de ceremonias a lo largo de todo el desarrollo de la reunión.

“Libertad querida!”, que nació de un modo inorgánico, espontáneo, vocacional, se presentará en sociedad el próximo miércoles a las 18 hs. en el Hotel Four Seasons, Posadas 1086, Buenos Aires y la lista de oradores está integrada por personalidades tan meritorias como Agustìn Etchebarne, Marcos Hilding Olson, Ana Caprav, Ernesto Killner, Gonzalo Blousson, Luis Meisen, Francisco Bosch, Santiago Lozano, Guillermo Yeatts, Gustavo Lazzari, Roberto Cachanosky, Alberto Medina Mendez y Enrique Duhau. No nos queda, en consecuencia, más que desear que este acto sea un gran éxito y que no sea el último sino el punto de partida de muchas más convocatorias similares, grandes y pequeñas, que contribuyan a esparcir y hacer germinar la semilla de la libertad en todos los rincones de nuestro país.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La crisis del Parque Indoamericano no tiene solución dentro de la lógica kirchnerista


La crisis del Parque Indoamericano de la Capital Federal pone en evidencia el agotamiento del modelo de gobernabilidad kirchnerista. Lo que está sucediendo era previsible: un grupo de ocupantes de terrenos ajenos, sabedores de que el gobierno tiene como política establecida la renuncia al uso de la fuerza, aprovechan la pasividad del estado para avasallar los derechos de terceros... Era obvio que esto era lo que iba a suceder y, si no se rectifica la política que el gobierno aplica (más apropiado sería hablar de “la política que el gobierno no aplica”) el problema no sólo no se resolverá sino que se agravará porque los mismos métodos se irán aplicando en zonas más céntricas y conflictivas de la ciudad. La pasividad del gobierno estimula a los activistas a apoderarse de lo que no es suyo porque, como nadie se los impide y no sienten escrúpulos éticos porque invocan “la necesidad”, actúan con total desparpajo.

La conducta del kirchnerismo tiene una lógica, no es caprichosa. La adopción de una política firme frente a los abusos de los ocupantes conlleva el riesgo de que se produzcan víctimas, como sucedió esta semana en Soldati. Y cuando hay víctimas, el gobierno, encerrado en su visión “montonera” de los derechos humanos, considera, sin analizar la situación en lo más mínimo, que se trató de un abuso de las fuerzas de seguridad. De ese modo, el estado se queda sin recursos prácticos para evitar la acción de los ocupantes, quienes sí actúan sin temor a ejercer la fuerza física ante la cual nada se opone porque el estado kirchnerista ha renunciado a oponer una fuerza aún mayor aunque tiene derecho a hacerlo en nombre del orden social. La solución que el kirchnerismo trata de aplicar para estos casos es la de hacer algunas concesiones (por ejemplo, otorgar títulos de propiedad a quienes se apoderaron por la fuerza de terrenos o viviendas que no les pertenecen) con el fin de pactar, a cambio de eso, una limitación de los abusos. Pero esa política es inviable en el largo plazo. Después de más de siete años de practicar el mismo método, está pasando lo que era previsible, es decir, que los grupos de marginales que avanzan sobre propiedades ajenas, aumentan sus exigencias, sabiendo de que el gobierno, al haber renunciado al empleo de la fuerza, no tiene otra opción que ceder ante sus exigencias. El error radica en no aplicar una política firme frente a estos avasallamientos y en no estar dispuesto a emplear la fuerza en circunstancias extremas si eso fuera necesario. Por supuesto que el empleo de la fuerza para rechazar los avasallamientos de los ocupantes es inconsistente con la gestión de un gobierno que hace una utilización demagógica de las apelaciones a las violaciones de los derechos humanos hace 35 años y por eso el kirchnerismo está encerrado en un callejón dialéctico del que no tiene modo de salir.

El problema planteado en Soldati no tiene solución dentro de los márgenes políticos en los que el kirchnerismo se mueve. Para resolver este problema es necesario aplicar una política diferente, en la cual el empleo de la fuerza no esté descartado, al menos como última opción. El estado tiene derecho a emplear la fuerza para garantizar el orden público y, ante la acción de grupos que vulneran los derechos de terceros, no sólo es legítimo sino que es imperioso que las fuerzas de seguridad operen con firmeza para evitar las ocupaciones y eventualmente expulsar a los ocupantes de predios o propiedades públicos o privados que hayan ocupado arbitrariamente. Por supuesto que, antes de emplear la fuerza, es aconsejable concentrar los esfuerzos en lograr soluciones pacíficas, siempre que estas no impliquen el otorgamiento de concesiones que resulten inaceptables en términos jurídicos. Pero si los métodos pacíficos no producen resultados, el estado debe estar dispuesto a hacer uso de la fuerza, en la medida de lo posible reduciendo al máximo las posibilidades de que se produzcan víctimas pero asumiendo, en última instancia, ese riesgo. Como el kirchnerismo se niega a afrontar esa hipótesis, este problema no tiene solución y es probable que la situación se agrave de ahora en más. Para encontrar una solución hay que cambiar el gobierno. El año que viene hay elecciones. Que la población lo tenga en cuenta.

jueves, 9 de diciembre de 2010

El liberalismo tiene respuestas para el problema de la exclusión social


Los acontecimientos sucedidos en Villa Soldati, donde un operativo policial para desalojar un terreno tomado por marginales derivó en la muerte de dos personas y el consiguiente conflicto posterior, son, todo ello, consecuencia del fenómeno de la exclusión social, sumamente extendido en nuestro país. Es un hecho objetivamente perceptible que en Argentina hay mucha gente que no tiene la posibilidad de vivir y progresar por medio de su trabajo, principalmente porque no hay fuentes de empleo suficientes para todos los habitantes. Ante esta circunstancia, surgen el fenómeno de la ocupación de terrenos y la generación de métodos de supervivencia reñidos con la ley y con el respeto por los derechos ajenos. La cuestión que viene al caso puntualizar es que el liberalismo tiene respuestas apropiadas para esos problemas.

Las políticas estatistas e intervencionistas aplicadas durante muchas décadas han provocado un incremento en la marginalidad, la cual ha sido aprovechada por los propios gobiernos que motorizaron esas mismas políticas, precisamente porque a estos gobiernos no les conviene eliminar esos focos de exclusión social. La actitud frente a la exclusión social marca la diferencia esencial entre el liberalismo y los gobiernos populistas.

El método a través del cual los gobiernos populistas han institucionalizado la marginalidad social es la práctica que en el vocabulario político argentino se llama “clientelismo”, el cual consiste en conceder pequeños beneficios a los marginales para que puedan ir sobreviviendo día a día, en muchos casos a cambio de apoyos que aseguren la continuidad en el poder de los gobernantes que ofrecen esas limosnas. Desde un punto de vista liberal esas prácticas son repudiables porque si bien ayudan a la supervivencia diaria, perpetúan el sistema que condena a esas personas a una existencia marginal y precaria.

La respuesta que el liberalismo ofrece al problema de la marginalidad no consiste en perpetuarla sino en poner en práctica políticas que conduzcan a la inclusión social de aquellos que están excluidos del sistema económico-social. Para que una persona se inserte en el sistema y pueda vivir dignamente, es necesario que tenga trabajo, que pueda ganarse la vida por sí misma, que no tenga que depender de la ayuda estatal para sobrevivir día a día. La respuesta del liberalismo frente al problema de la marginalidad social es más eficiente que la de los gobiernos estatistas y populistas porque consiste en crear las condiciones para que la marginalidad tienda a ser reducida y eventualmente eliminada.

Hay indudablemente fallas severas en la comunicación de las propuestas liberales, que tienden a soslayar estos contenidos de sus expresiones programáticas habituales, hecho que explica en buena medida el ostracismo político en el que el liberalismo está sumido en Argentina. Si nosotros mismos nos encerramos en nuestras consideraciones conceptuales teóricas y soslayamos las oportunidades que las circunstancias nos ofrecen de presentar respuestas satisfactorias a los problemas concretos que afectan a la sociedad, es natural que no seamos capaces de obtener adhesiones populares relevantes.

No es del caso detallar aquí los argumentos que los liberales podemos esgrimir para sustentar nuestra capacidad para dar respuestas al problema de la marginalidad social. Ese tema excede los breves alcances de un artículo bloguero. Pero sí es bueno que tengamos en cuenta que debemos dar la batalla política en el terreno de los hechos y no en el plano de las ideas. Porque el pueblo demanda respuestas concretas a sus demandas concretas. Desde el liberalismo podemos generar esas respuestas. Pero debemos ponernos en sintonía con los reclamos populares y salir del laboratorio de las conceptualizaciones teóricas. De lo contrario, seguiremos teniendo razón pero los votos y el poder se dirigirán hacia otras direcciones.