lunes, 6 de diciembre de 2010

Un clima político más calmo podría abrirle oportunidades al liberalismo


A 40 días de la muerte de Néstor Kirchner, la dinámica política argentina se ha ido tranquilizando. Las posiciones y el estilo del gobierno son menos violentos que cuanto lo eran en vida de Kirchner. No hay diálogo, no hay convivencia, no hay relaciones fluidas entre gobierno y oposición pero al menos no hay la violencia verbal ni el maltrato característicos de cuando Kirchner estaba con vida. Estos hechos, al menos coyunturalmente, son positivos. Se trata de pequeños primeros pasos tendientes al restablecimiento de un clima de racionalidad que la presencia de Kirchner tornaba imposible.

Ahora bien, es necesario decir que esto no es kirchnerismo. La idea de un kirchnerismo sin confrontaciones es una contradicción semántica. La idea de que el kirchnerismo no ataque a los medios, a los empresarios, a los opositores, etc. constituye una negación de la esencia del gobierno. ¡Gracias a Dios que esto esté sucediendo! Esto significa que, efectivamente, la muerte de Kirchner parecería estar dejando la puerta abierta a una nueva etapa.

Es también probable que esta nueva etapa no obedezca a una decisión deliberada del gobierno sino, más bien, a un fenómeno espontáneo, el cual consiste en que, al no estar presente el factor que motorizaba la confrontación –Kirchner- la confrontación tiende a desaparecer porque un nivel de enfrentamiento tan encarnizado no está en la esencia del cuadro político ni del clima social del país.

Un cambio en el clima político y social del país favorece la posibilidad de una evolución –que al principio será seguramente imperceptible- hacia la posibilidad de abrir espacios para la presentación de propuestas liberales. Y éste es un hecho positivo... Es bueno que haya un clima político menos violento porque en ese contexto es posible hacer uso del recurso de la racionalidad en el cual el liberalismo es fuerte. Cuando no hay margen para apelar a argumentaciones conceptuales porque los debates se plantean en términos de “todo o nada”, de “blanco o negro”, de “amigo y enemigo”, las posibilidades de lograr que los planteos del liberalismo obtengan adhesiones se achican porque las pasiones desbordan a la razón, que es el fundamento metodológico del liberalismo.

En ese sentido, la muerte de Kirchner ha provocado un efecto político positivo. Aunque la viuda sostenga que “honra su memoria” y que actúa “como él lo hubiera hecho”, lo cierto es que esto no es así. El “cristinismo” es diferente del “nestorismo”. Cuando Kirchner vivía, la conducta de la Señora estaba condicionada por la influencia de su marido. Muerto Kirchner y puesta ante la obligación de gobernar todos los días, la Señora al menos procura no atizar el fuego de las confrontaciones irreductibles como lo hacía su marido. Probablemente lo haga menos por convicción que por necesidad. La viuda actúa de este modo porque no se siente lo suficientemente fuerte como para provocar conflictos todos los días, como Kirchner lo hacía, envalentonado por su convicción de que era invencible.

Es difícil, en este contexto, predecir cuál será el futuro político del país. Recién ahora se están decantando con claridad las consecuencias de la muerte de Kirchner. Es improbable que la buena imagen que la Presidenta cosechó como consecuencia de su viudez se sostenga indefinidamente y por eso los planes que promueven el aprovechamiento de esa coyuntura para impulsar la reelección probablemente concluyan por desvanecerse. Pero el clima de apertura existente prefigura reacomodamientos importantes, en particular en el peronismo. Las grietas que se irán abriendo probablemente dejen resquicios como para empezar a inocular, incipientemente, contenidos liberales en la dinámica de la vida política. Quizá, aunque ahora no se perciba con nitidez, se nos esté empezando a abrir una oportunidad. Si esta oportunidad se nos presenta, debemos estar atentos para saber aprovecharla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario