viernes, 22 de abril de 2011

Vargas Llosa aportó argumentos para la autocrítica liberal

El discurso pronunciado ayer por el escritor peruano Mario Vargas Llosa en la inauguración de la Feria del Libro ha sido muy rico en todo su desarrollo pero contiene un pasaje cuyo análisis podría ser muy valioso a los efectos de orientar la acción pública del liberalismo argentino.

Señaló Vargas Llosa que “todo un género literario -la novela- fuera prohibida durante los tres siglos que duró la colonia en todas las posesiones españolas de América”. Explicó luego el escritor que “una de las perversas -o tal vez felices- consecuencias de esta prohibición fue que, en América latina, como la ficción fue reprimida en el género que la expresaba mejor -las novelas- y como los seres humanos no podemos vivir sin ficciones, éstas se la arreglaron para contaminarlo todo -la religión, desde luego, pero también las instituciones laicas, el derecho, la ciencia, la filosofía y, por supuesto, la política-, con el previsible resultado de que, todavía en nuestros días, los latinoamericanos tengamos grandes dificultades para discernir entre lo que es ficción y lo que es realidad”.

Estas observaciones, provenientes de tan calificado expositor, son plenamente aplicables al liberalismo argentino. Los liberales argentinos no sabemos –por lo menos, no con la suficiente claridad- discernir entre los aspectos pragmáticos de la defensa de la libertad y las facetas teóricas e intelectuales de la ideología liberal.

Concluye ese pasaje el Premio Nobel señalando que “sin una buena dosis de pragmatismo y de realismo -saber diferenciar el suelo firme de las nubes- un país puede estancarse o irse a pique”. Esta es quizá la enseñanza intelectual más útil que Vargas Llosa nos haya dejado de su paso por nuestro país.

Resulta particularmente oportuno que haya sido Vargas Llosa, un hombre laureado y reconocido por sus aportes en el campo de la ficción, quien plantee claramente este límite entre la realidad y la fantasía. La defensa efectiva y operativa de los ideales de la libertad requiere pragmatismo para reconocer las limitaciones reales que la vigencia de la libertad contiene para actuar sobre esas circunstancias a fin de modificarlas y tratar de lograr una gradual ampliación de los márgenes de libertad vigentes. Como alguna vez escribiera el autor argentino Enrique Arenz –en un libro ahora difícil de conseguir pero cuya lectura sería recomendable para muchos jóvenes liberales argentinos- la libertad es un sistema de fronteras móviles que se van expandiendo constantemente. Pero, retomando las observaciones de Vargas Llosa, digamos que lo que él señala en relación a América Latina en general es particularmente aplicable al liberalismo argentino, un movimiento activo, bullicioso, efervescente, dinámico y enérgico pero con escaso sentido del contacto con la realidad, con las demandas concretas del pueblo, con las prioridades que la sociedad plantea, con los factores determinantes de la vida cotidiana de nuestro país.

La presencia de Vargas Llosa en Argentina, al margen de su significación general como expresión de la libertad y como reivindicación del principio de tolerancia como guía rectora de la convivencia, ha tenido, solapadamente, un contenido que los liberales argentinos podemos aprovechar para hacer un proceso de introspección que necesitamos desde hace mucho tiempo –desde comienzos de los años ’90, más específicamente- y que a esta altura está empezando a resultarnos impostergable.

Quizá lo primero que deberíamos entender es que la libertad no es un ideal sino un instrumento indispensable en la vida de todos los días al efecto de realizar el proyecto de vida personal de cada individuo. En este sentido, los liberales argentinos, demasiado atados a las abstracciones contenidas en libros excesivamente ideologizados, solemos dejar de lado los hechos reales, concretos y palpables. Que no caigamos en ese error fue lo que Vargas Llosa nos dijo ayer. Por todo lo demás pero también por este aporte puntual, con la confianza de un apasionado lector, me permito decirle, como lo llamaba La Tía Julia, ¡GRACIAS, MARITO!

jueves, 21 de abril de 2011

Todos estamos pendientes de la decisión de la Señora

Todos los análisis políticos actuales están basados en el supuesto –sólidamente fundamentado, por cierto- de que la presidenta ganaría las elecciones de octubre. Las encuestas reflejan este hecho inequívocamente. La Señora tiene a su entera disposición cuatro años más de mandato presidencial. Esto le podría permitir seguir avanzando contra los poderes económicos concentrados, trabajando en el proceso de redistribución de la riqueza, combatiendo los monopolios mediáticos, en definitiva, seguir consolidando el “modelo”. El interrogante que cabe plantearnos es si resulta prudente semejante curso de acción.

Porque este modelo se sustenta en circunstancias muy favorables, no sólo en el campo internacional sino inclusive en el plano interno. Y no sólo en factores económicos sino también políticos. Quienes creen que todo el secreto del éxito kirchnerista se explica por el elevado precio de los commodities se confunden. El éxito del kirchnerismo se explica esencialmente porque aplica políticas contradictorias con las que se ejecutaron durante los años ’90. Hasta ahora esas políticas no produjeron resultados positivos pero generaron la esperanza de que estos sobrevengan. Si la Señora gana las elecciones, el pueblo empezará a demandar resultados visibles y eso es algo que el kirchnerismo no puede ofrecer. Por lo tanto, es altamente probable que, una vez que pasen los comicios, cuando el pueblo demande una devolución por el crédito que le dio al kirchnerismo y este no esté en condiciones de saldar esas facturas, sobrevenga un rápido desgaste del oficialismo. Si esto ocurre, los próximos cuatro años serán muy difíciles porque habría un gobierno con un largo período por delante y un malestar social creciente. Afortuanadamente para la Señora, De la Rúa devolvió el helicóptero y la viuda lo sigue teniendo a su disposición.

Pero por estas mismas razones resulta posible que, finalmente, la viuda desista de presentar su candidatura a la reelección, como parecen insinuarlo algunas de sus expresiones en sus últimos discursos. Por supuesto que no se puede tener una certeza absoluta acerca de lo que piensa la Señora en su intimidad pero en los últimos discursos hizo repetidas alusiones a conceptos como la temporalidad de los mandatos políticos, o que apoyará este proyecto desde cualquier lugar donde le toque estar, entre otras insinuaciones en el mismo sentido. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si Cristina eligiera bajarse de la presidencia y dedicarse a erosionar al futuro gobierno desde la oposición? ¿No sería eso una perspectiva política más promisoria para ella? ¿No podría convertirse en una suerte de “Elisa Carrió” del kirchnerismo, dedicada a la crítica sistemática sin tener el problema de tener que gobernar y asumir responsabilidades cotidianamente? En definitiva, ese es el papel político en el que Cristina brillaba con luz propia, cuando era legisladora y fustigaba a los gobiernos de otros o apoyaba la gestión de su marido. A Cristina el papel de legisladora le sienta mucho más que el de presidenta, más aún cuando no tiene a su marido a su lado para que la respalde y la inspire...

Si Cristina decidiera dejar la Presidencia y ocupar algún otro espacio dentro del sistema político, tendría todas las ventajas del reconocimiento popular y ninguno de los problemas que el ejercicio del gobierno plantea. Y, admitámoslo, la Señora es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de esto. Hasta ahora, las hipótesis que se vienen manejando son: 1) que Cristina se presenta a la reelección; 2) que se aleja de la política. Pero hasta ahora nadie consideró la alternativa intermedia, que es que se aleje del gobierno pero no de la política, preservándose como alternativa para más adelante, tirándole la “bomba de tiempo” a otro para que se haga cargo de enfrentar los serios problemas que probablemente sobrevengan en los próximos años. Si tomamos los contenidos de sus últimos discursos, esa podría ser la conclusión que puede extraerse de sus palabras. Y si esto sucediera todo el escenario político se revolucionaría... El dato clave de la coyuntura política es qué camino seguirá Cristina. A ese dato están condicionadas todas las demás variables. Por eso la oposición no logra plasmar ninguna propuesta consistente. Y, obviamente, la Señora se guarda la decisión hasta último momento para asegurarse el mayor margen de maniobra. Todos estamos pendientes de ella. Cuando ese dato se aclare, el resto de las variables se acomodarán espontáneamente. Mientras tanto, seguirá reinando la incertidumbre...

miércoles, 20 de abril de 2011

El avance del gobierno contra el empresariado no tiene pronóstico favorable

Es bastante probable que el gobierno nacional se este “comprando” un problema bastante serio con su intento de invadir los puestos de conducción de las principales empresas del país. Se trata de una iniciativa que tiene un sustento jurídico muy endeble y no es un tema que despierte adhesiones populares intensas. Sin embargo, en los sectores afectados, el tema sí genera escozores y se trata de ámbitos muy influyentes, de modo que la pulseada difícilmente se resuelva en forma inmediata. El proceso de forcejeo que presumiblemente sobrevendrá en los próximos meses no es un escenario promisorio para el gobierno porque en ese lapso la arbitrariedad, el autoritarismo y el afán hegemónico del kirchnerismo quedarán ampliamente en evidencia. Eso debería conducir, inexorablemente, a un elevado costo político para el oficialismo.

El propósito de insertarse en los directorios de las principales empresas del país es consecuente con el objetivo de “quedarse con todo”, expresado reiteradamente por el kirchnerismo. La inserción que el gobierno impulsa actualmente es un paso intermedio dentro de un proceso gradual tendiente a la estatización de las empresas o, en su defecto, a provocar ventas forzadas a empresarios allegados al kirchnerismo. El sentido de la gestión que el gobierno promueve es hacerles “la vida imposible” a los actuales propietarios de las empresas con la intención de que finalmente vendan las compañías como un “mal menor” antes que tener que afrontar todos los obstáculos que el oficialismo trata de interponerles.

Frente a este avance, la actitud de los empresarios parece ser la de estar dispuestos a resistir. El caso de SIDERAR se ha convertido en un ejemplo emblemático (en la foto de la derecha, Daniel Novagil, presidente de la compañía). Es altamente probable que comience un larguísimo proceso judicial, con medidas de amparo, apelaciones y chicanas procesales de la más diversa índole que, naturalmente, dejarán en suspenso todos los planes de inversión futura de la empresa pero tampoco le significarán un beneficio político sino más bien un desgaste constante al gobierno. Este es un error muy típico del kirchnerismo que, al tratar de ir más allá de donde las circunstancias lo permiten, suele empantanarse con iniciativas que cualquiera podría haber previsto que son inviables. Cuando quiso avasallar al campo o a Papel Prensa le sucedió algo similar.

Por supuesto, es muy positivo que el gobierno se meta en problemas. Todo lo que implique dificultades para el kirchnerismo es positivo para nuestro país. ¿Existe el riesgo de que el gobierno tenga éxito en su embate contra las grandes empresas y logre desestabilizarlas hasta llegar a apoderarse de ellas? Se trata de una eventualidad que, por supuesto, siempre está vigente. Es posible, inclusive, que algunos empresarios acepten “de buen grado” (presumiblemente a cambio de alguna prebenda desconocida públicamente) la presencia de los directores estatales. Pero en el balance general no parece muy probable que el gobierno extraiga un rédito político relevante de este movimiento de acoso hacia las principales compañías del país.

Además, está claro que, en términos económicos, el hecho de que el gobierno intente entrometerse en la dirección de las grandes empresas resulta absolutamente desincentivador para cualquier proyecto de inversión. A nadie le gusta arriesgar su dinero en un país donde el gobierno se atribuye el derecho de inmiscuirse en las conducciones empresariales y perturbar el desarrollo de los negocios. Y eso tiene el efecto de que obstaculiza las posibilidades de crecimiento, desarrollo y bienestar.

En definitiva, haciendo un balance preliminar, parecería que al gobierno “el tiro le va a salir por la culata” en esta iniciativa de avasallar los genuinos derechos de cada empresa a auto-dirigirse. El tema no está agotado ni mucho menos. En realidad, recién empieza. Pero es bueno que los pronósticos no sean favorables para el oficialismo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Mientras el gobierno es coherente y eficaz, la oposición es vacilante y dubitativa

Todos los indicios señalan que la ministra de justicia, Nilda Garré, no concurrirá hoy a la Cámara de Diputados, adonde fue citada para dar explicaciones por su inacción ante el bloqueo a la planta impresora de Clarín del último domingo. Si así procediera, la actitud de Garré sería lógica y consecuente con el accionar del gobierno que, simplemente, ignora a las instituciones y opera en el terreno de los hechos consumados. El problema es que, frente a esta conducta del gobierno, la oposición sigue expresando su “condena” y su “preocupación” por “la degradación del sistema republicano”. Mientras tanto, el kirchnerismo continúa consolidando los fundamentos de su poder.

El hecho de que Garré ignore la convocatoria para presentarse en la Cámara de Diputados es natural de parte de una ministra que tiene como práctica habitual el desconocer las órdenes de la justicia y ordenar la pasividad policial ante situaciones que exigen la intervención de la fuerza pública. Quizá no esté mal que los diputados convoquen a Garré a dar explicaciones, aún sabiendo que la ministra eludirá hacerse presente en el Congreso. De ese modo, al menos, no le darán la posibilidad de mentir que “no me presenté porque no me convocaron”. Sí, señora ministra, usted fue convocada y no se presentó. No podrá decir que no fue invitada a dar una respuesta.

La ausencia de Garré sería funcional a la estrategia del gobierno, que pretende que el episodio del bloqueo a Clarín quede sepultado en el olvido lo más pronto posible. La cuestión es: frente a este accionar del gobierno ¿qué plan de acción eficaz tiene la oposición? La realidad es que no tiene ninguno. Y ahí está la diferencia entre el kirchnerismo y la oposición y también la razón por la cual el gobierno se encamina a obtener la victoria en las elecciones a pesar de que su imagen no es buena.

El plan político del kirchnerismo no es del agrado de mucha gente pero es un plan, hay un curso de acción definido, se puede aproximadamente imaginar qué es lo que el kirchnerismo representa. La oposición no tiene un plan claro, sus propuestas son inconsistentes, se perciben como contradictorias, impracticables, ilusorias. Y eso explica por qué la oposición no está en condiciones de enfrentar seriamente al gobierno. El oficialismo puede no gustar demasiado –de hecho, a la mayoría de la población no le agrada mayormente- pero expresa un proyecto que es políticamente inteligible. Eso da, al menos, un margen de previsibilidad. Como la oposición no presenta una alternativa mejor, el krichnerismo termina consolidándose como el único proyecto “votable”. La previsible ausencia de Garré de la Cámara de Diputados es consecuente con el plan político del gobierno.

Dos ejemplos de la carencia de planes políticos por parte de la oposición los constituyen la decisión de Ernesto Sanz de negarse a participar de la interna radical que él mismo promovió y el anuncio de Mauricio Macri de que las elecciones en la Capital se realizarán el 10 de julio pero su partido no tiene candidato. ¿Qué adhesión pueden suscitar en el electorado políticos tan vacilantes, dubitativos, medrosos y contradictorios? Frente a esas ambivalencias, el gobierno es claro: bloquea Clarín, le dice a la policía que no actúe y cuando los diputados citan a la ministra, Garré les hace pito catalán. La Presidenta, mientras tanto, no se refiere al tema en sus discursos y los medios oficialistas pronuncian un discurso consecuente con ese curso de acción. La población percibe esta unidad de acción, esta coherencia en el desarrollo de la gestión política y termina prefiriendo al gobierno que a la oposición porque, al menos, le da una dosis de previsibilidad que los opositores no le ofrecen.

No se trata de que la población desconozca que lo que el gobierno hace está mal. Por el contrario, lo tiene muy claro. Pero el problema es que nadie hace nada mejor. Y entonces no hay alternativa posible. La opción es “kirchnerismo o caos” y, ante ese escenario, el oficialismo sigue siendo lo menos malo.

Si no se produce una reacción, las elecciones de octubre serán “un paseo” para el gobierno. Todavía nada es irreversible pero las perspectivas no son halagüeñas. No hay razones para el optimismo. Para obtener determinados efectos hay que operar sobre las causas. Y eso sólo lo hace el kirchnerismo. Por eso, hablando estrictamente, si gana las elecciones, la victoria será merecida. Que los cusantes de esto se hagan cargo de su responsabilidad.

martes, 29 de marzo de 2011

Las palabras son insuficientes frente a los hechos que el gobierno practica

La operación de bloqueo de la planta impresora del diario Clarín por parte de un grupo de activistas vinculados con el gobierno ha sido un éxito rotundo. El diario no circuló el domingo pasado a pesar de que la justicia, la oposición y el resto de la prensa independiente condenó el hecho. Y en esa palabra, “hecho” está la clave de la cuestión. Por que el gobierno hace, es decir, produce hechos. En cambio, el resto de la sociedad simplemente vierte palabras.

Por ejemplo, la respuesta de la oposición política frente a este “hecho” fue citar a la ministra Nilda Garré a la Cámara de Diputados para que explique “de palabra” qué fue lo que sucedió. Es fácil prever que Garré dará explicaciones completamente insuficientes pero la consideración acerca de las expresiones de la ex montonera resultará subjetiva. Los medios oficialistas descalificarán las preguntas que la oposición plantee y ensalzarán las expresiones de Garré. De ese modo, en el terreno de las palabras, todo el abordaje del problema quedará diluido en un contrapunto sin definición.

Precisamente esto, que el tema se confunda, es lo que el gobierno pretende. De ese modo, la monstruosidad de lo sucedido queda oculta en la maraña de palabras contradictorias que se vertirán en relación al tema y las expresiones de condena quedarán desvirtuadas bajo el argumento de que quienes nos solidarizamos con Clarín trabajamos para el “monopolio”.

La cuestión que las palabras no resuelven qué sucedería si un bloqueo de este tipo volviera a producirse... ¿Quién garantiza que Clarín continúe circulando normalmente? El gobierno, que es quien debería hacerlo, por cierto que no. La realidad es que en la Argentina actual no hay garantías fácticas contra ningún tipo de arbitariedad. Todas las normas institucionales y los resguardos jurídicos son simples palabras y meros papeles frente a la brutal realidad de los hechos. Y esta es la ventaja competitiva con la que el gobierno cuenta en el terreno fáctico.

Mientras la oposición y las instituciones hablan, el gobierno desvirtúa las palabras por medio de mentiras y concreta sus propósitos a través de los hechos. He allí la clave del problema: nadie está en condiciones de competir con el gobierno en el terreno de la realidad. Si el oficialismo perpetra un fraude escandaloso en las próximas elecciones y proclama que ganó, la respuesta de la oposición será impugnar el resultado en la justicia, la cual será a su vez impugnada (si no directamente cooptada) por el gobierno y, de ese modo, el kirchnerismo habrá logrado, de hecho, lo que quizá no tendría posibilidades de lograr por medio del derecho. Pero es que al gobierno no le interesa tener derecho sino que le importa imponerse de hecho. En ese terreno es que el kirchnerismo supera ampliamente a la oposición y a las instituciones que corporizan y garantizan los derechos del pueblo.

El único espacio posible para derrotar al kirchnerismo es el terreno de los hechos porque allí es donde el gobierno impone su superioridad. Las condenas retóricas son inútiles. ¿De qué modo cabe prevenir un nuevo bloqueo a la planta impresora de Clarín o de La Nación? Es evidente que las declaraciones políticas, las argumentaciones conceptuales y las resoluciones judiciales son inoperantes por el sencillo motivo de que el kirchnerismo las ignora, las soslaya, las incumple. Frente a esta política de hecho, las palabras, las declaraciones, los comunicados son inoperantes. Es necesario idear alguna metodología que impida de modo fáctico que el kirchnerismo continúe cometiendo este tipo de atropellos. Pero esa metodología requiere de hechos porque las palabras y las declaraciones no tienen efectos prácticos. Cuáles puedan ser esos métodos, es una cuestión que está por resolverse. Pero si no actuamos rápido, estamos expuestos al riesgo de que después sea demasiado tarde.

lunes, 28 de marzo de 2011

Podría estar gestándose una alternativa opositora viable

En el curso del fin de semana circuló una información que no tuvo mucha repercusión pero sobre la cual conviene depositar la mirada porque puede tener gran importancia. La noticia es que se estaría organizando, para mañana, martes, una reunión secreta entre todos los referentes del peronismo disidente donde la cuestión determinante es la participación del senador Carlos Reutemann. Nada más que eso, al menos en principio.

El hecho de que Reutemann participe no implica, teóricamente, que el Lole vaya a ser candidato a nada. Según consta en las informaciones disponibles, Reutemann le dijo a Eduardo Duhalde que "yo acompañaré a quien gane la elección interna del Peronismo Federal: seas vos o Rodríguez Saá". La coordinación de la reunión está a cargo de alguien que se hace notar poco pero que tiene un papel significativo: la diputada Graciela Camaño.

No podemos engañarnos respecto de lo que una reunión de este tipo representa, en particular al estar centrada en la presencia o no de Reutemann. La lectura política apropiada es que se trata del paso inicial para motorizar el proyecto Reutemann 2011. Es natural que esta iniciativa no se anuncie aún e inclusive que se la niegue, tanto de parte del propio senador como del resto de los participantes en el acuerdo. Seguramente, hay todavía muchas cuestiones por negociar y resolver antes de que se tome una decisión al respecto. El propio Reutemann, por una natural y comprensible prudencia, no se decidirá hasta tanto toda la ingeniería política destinada a sustentar su eventual candidatura no esté debidamente edificada.

No vamos nosotros, desde el liberalismo, a sumergirnos en el análisis de los detalles de esta negociación. Se trata de una cuestión que involucra a una línea interna del peronismo y, por lo tanto, no nos concierne. Pero lo que no nos es ajeno es el destino del país. En las circunstancias actuales, es esencialmente importante que el kirchner-moyanismo sea derrotado en las próximas elecciones y un peronismo corrido hacia el centro, moderado y tolerante aunque mantenga los usuales contenidos populistas que lo caracterizan, es una opción satisfactoria dentro de este panorama. Reutemann es un político apto para encabezar un proyecto de esa naturaleza. Por eso el dato de que se proyecta una reunión trascendente donde el factor central es la presencia del Lole adquiere significación.

El principal problema de todas las corrientes de oposición, hasta el momento, es la imposibilidad de definir un candidato capaz de aglutinar y contener a todas las corrientes y a atraer a suficientes porcentajes del electorado como para derrotar al oficialismo. Por eso, desde este espacio, en las últimas semanas, hemos venido sosteniendo que, de no modificarse el rumbo político, la Señora ganaría las próximas elecciones presidenciales. Pero si sectores relevantes del justicialismo convergen en una candidatura aceptable y despliegan hacia abajo una base de sustentación política razonablemente consistente, la posibilidad de vencer al kirchner-moyanismo se torna cierta. Más aún, es posible que esta sea la señal que determine que la Señora resigne su candidatura porque se daría cuenta de que no puede ganar y, antes que perder, preferiría seguramente alejarse del poder para disfrutar de todos los beneficios acumulados a lo largo de estos años. Y que nadie se haga ilusiones: los peronistas la van a dejar ir sin llevarla a la justicia ni preguntarle cómo fue que se enriqueció.

Es posible que algunos se indignen ante este hecho pero no hay vuelta con esta cuestión. La Señora puede seguir siendo o no la presidenta pero no va a ser condenada por ningún ilícito. No nos quejemos, peor sería que vuelva a ganar las elecciones. También es posible que algunos liberales intransigentes cuestionen el hecho de que veamos como positiva la eventual candidatura de Reutemann y sostengan que, en definitiva, es peronista y no liberal. Pero nosotros debemos considerar como valioso al hecho de que pueda asegurarse la vigencia del orden republicano, aún cuando el gobierno no sea de carácter liberal porque en un contexto de pluralismo podríamos hacer valer la mayor consistencia de nuestra argumentación con vistas a un gradual crecimiento político posterior. Un eventual triunfo de Reutemann y el desplazamiento del kirchnerismo es funcional a los intereses políticos del liberalismo. Debemos saber apreciar y aprovechar la oportunidad que podría presentársenos.

jueves, 24 de marzo de 2011

El 24 de marzo no debería ser feriado

No es del caso abrir hoy un debate acerca de los sucesos del 24 de marzo de 1976 ni de sus consecuencias en los años siguientes. La historia se encargará debidamente de eso. Este es un espacio periodístico y la temática que nos compete no es el pasado sino la actualidad. La cuestión, entonces, es analizar si aquellos episodios sucedidos hace hoy exactamente 35 años forman parte de nuestro presente como para que se haya establecido un día feriado para conmemorarlos.

La Argentina actual, afortunadamente, no tiene los problemas que motivaron el golpe de 1976. No existen ahora grupos terroristas armados que estén intentando socavar las bases de sustentación de la democracia para tomar el poder e instituir la dictadura marxista. ¡Gracias a Dios esto no sucede ahora! En la actualidad hay una conciencia democrática y una reivindicación de la tolerancia que en 1976 no existía. Por ejemplo, en 1976, probablemente, Vargas Llosa no hubiera podido venir a inaugurar la Feria del Libro porque se hubiera expuesto a que lo mataran, no los militares sino los terroristas.

La violencia extrema no forma parte de la praxis política vigente en la Argentina actual, como sí lo era en la década del ’70. La violencia que existe actualmente es menor y consiste en piquetes, bloqueos, intrusiones pero no en homicidios, bombas ni atentados. No se mata por razones políticas en la Argentina actual como se mataba en los ‘70. Los historiadores determinarán con mayor nitidez cuál es el grado de responsabilidad que a cada actor o grupo le compete. La “historia oficial” de esta época ha impuesto la noción de que los militares golpistas del ’76 fueron una banda de facinerosos que tomaron el poder con el único propósito de cometer un genocidio y saquear las riquezas del pueblo. No falta mucho para que esta unilateral versión de los hechos sea sometida a un análisis crítico racional.

Pero no es esa la cuestión que nos interesa plantear sino la oportunidad de seguir insistiendo en mantener vigente una etapa de la historia que ya no forma parte de nuestra actualidad. El hecho de que estemos rememorando permanentemente un ciclo que quedó atrás hace tanto tiempo se asemeja a la conducta de esa gente que constantemente añora su niñez o su juventud porque carece de contenidos propios de la vida de las personas adultas.

Los argentinos tenemos la mirada echada hacia atrás porque carecemos de horizonte hacia el futuro. En ese sentido, este feriado del 24 de marzo es un símbolo de todo lo que los argentinos deberíamos no olvidar pero sí dar por superado. Es legítimo que algunos piensen que los militares fueron unos genocidas y otros consideren que salvaron al país de caer bajo el yugo de una dictadura marxista. Ese es un tema que deberán dirimir los historiadores cuando las pasiones referidas a estas cuestiones se apacigüen. Pero no es el problema de hoy y eso es lo que queremos recalcar.

Los problemas de hoy son la pobreza, la inseguridad, la inflación que reapareció bajo la gestión del kirchnerismo, la desastrosa calidad del sistema educativo, entre muchos otros más. La fruición con la que el gobierno se solaza en machacar con el recuerdo de lo sucedido en la década del ’70 pone en evidencia su carencia de planes hacia el futuro. Dejemos de lado la cuestión referida a la versión que el gobierno ha impuesto acerca de lo sucedido en esos años. Ese es un aspecto del problema que despierta discrepancias y pasiones muy agitadas. Pero no es un asunto que condicione nuestro análisis del presente con proyección al futuro. Dos personas que piensen sustancialmente diferente acerca de la década del ’70 pueden ser parte del mismo orden pluralista y coincidir o establecer una corriente de diálogo aún en el disenso en relación a las cuestiones de 2011 y hacia adelante.

Por todo esto, porque es un factor de desunión y de canalización equivocada de los esfuerzos, sostenemos que el 24 de marzo no debe ser feriado, simplemente debe ser un día más, un día laborable como todos y donde se omita toda referencia al pasado, no para negarlo ni olvidarlo sino para evitar que las disputas desactualizadas de los ’70 nos impidan construir la realidad del siglo XXI. Contra los que dicen que los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo, nosotros decimos que los pueblos que se quedan anclados en su pasado hipotecan su futuro. Y eso es lo que nosotros estamos haciendo, en nuestro propio perjuicio.

miércoles, 23 de marzo de 2011

En Chubut, el gobierno exhibe los métodos que empleará para ganar en octubre

Las sospechas de fraude que el gobierno está instalando en relación a las elecciones de Chubut ponen en evidencia que el gobierno está dispuesto a todo con tal de no reconocer una derrota. El kirchnerismo no admite perder. Y ese es un factor determinante en el desánimo de la oposición y en la afirmación de las aspiraciones del oficialismo.

Es sumamente difícil competir contra un adversario inescrupuloso como lo es el gobierno. Hace falta estar dispuesto a recurrir a métodos que permitan, al menos, neutralizar las trampas del rival, lo cual requiere en muchos casos ser también bastante inescrupuloso y estar dispuesto a competir con sus métodos, en su terreno y con sus reglas. La ventaja del tramposo, en estos casos, es que actúa con convicción en tanto que el adversario del ventajero opera como reacción a metodologías ajenas.

Desde que llegó al gobierno, el kirchnerismo siempre ha tenido esa ventaja y por eso continúa firmemente asentado en el gobierno. Mientras los adversarios señalan que el kirchnerismo “vulnera la ley” o “no tiene derecho” a actuar de tal o cual modo, el gobierno aplica de hecho sus métodos y luego inventa algún entramado jurídico ficticio para legitimar sus trampas. Frente a este método de gestión, la oposición no tiene respuesta. Por eso el kirchnerismo lleva ventaja y se encamina a una nueva victoria en 2011. En cierto modo, debemos admitirlo, el gobierno se merece ganar porque trabaja para eso, en tanto que la oposición simplemente “navega” sin rumbo y sin destino, en medio de la desorientación, las vacilaciones y la incertidumbre.

Las elecciones de Chubut son un ejemplo del modo en que el gobierno actúa. Por medio de acusaciones de fraude están buscando, por todos los medios posibles, adjudicarse los comicios. Es bastante probable que quienes hayan cometido fraude hayan sido los propios kirchneristas, aunque Das Neves seguramente tampoco es “la Madre Teresa de Calcuta”. El kirchnerismo hizo una excelente elección, quizá ayudado por alguna “picardía”, y Das Neves, por medio del aparato provincial, seguramente habrá ejercido una buena dosis de influencia del tipo de la que el kirchnerismo emplea habitualmente. Pero la ventaja competitiva del gobierno nacional es que ejerce ese tipo de trampas y condicionamientos de manera sistemática, racional, industrial, en tanto que todos los demás operan en forma artesanal, improvisada, circunstancial.

Planteado el problema en estos términos, no se vislumbra de qué modo el gobierno podría perder las elecciones. Por supuesto que en gran medida los métodos que el kirchnerismo aplica son sucios, ilegales y en cualquier caso inmorales. Pero a los efectos prácticos los criterios que el oficialismo aplica son eficaces y en definitiva eso es lo que cuenta. Una condición esencial para que pueda surgir y consolidarse una alternativa opositora es que quien enfrente al gobierno sea capaz de competir de igual a igual, sin darle al oficialismo ventajas decisivas antes del comienzo del proceso electoral. Esto puede implicar en gran medida atenerse a los mismos métodos sucios que el propio gobierno aplica o elaborar estrategias que permitan neutralizar esos procedimientos. Pero como la oposición opera en el terreno de la palabra y el derecho en tanto que el gobierno se mueve en el campo de los hechos reales, el beneficio queda para el oficialismo.

En Chubut, hoy comienza el escrutinio definitivo de votos y es altamente probable que el gobierno plantee infinidad de objeciones destinadas a “embarrar la cancha” para tratar de sacar ventajas. Esto, por supuesto, es ilegítimo pero el problema es que la pasividad de los adversarios le permite al kirchnerismo aplicar la política de los “hechos consumados” y existe el riesgo de que, por medio de un “manotazo” terminen volcando en su favor el resultado que, provisionalmente, favorece a la oposición representada por Das Neves. Por lo demás, tampoco hay que descartar que, en el caso de que triunfe finalmente el candidato de Das Neves, Martín Buzzi, el gobierno lo “compre” con favores políticos, fondos para obras públicas y otras prebendas del tipo de las que el kirchnerismo sabe administrar con tanta eficiencia. El panorama sigue siendo adverso con vistas a las elecciones de octubre. Por ahora, no se vislumbra un cambio de escenario. No tenemos fundamentos para ser optimistas. Nos gustaría poder decir otra cosa. Pero la realidad nos impone un juicio negativo.

martes, 22 de marzo de 2011

La gestión de Menem demanda una reflexión desapasionada

En 1989 tuvo lugar un hecho revolucionario: el presidente de extracción peronista ortodoxa Carlos Menem anunció la puesta en práctica de la “economía popular de mercado”. Esa experiencia si bien tuvo facetas positivas, no terminó de la mejor manera, en parte porque las inconsistencias intrínsecas del modelo económico llevaron a su desestabilización pero, principalmente, porque hubo un desastroso manejo de toda la situación –en gran medida, deliberado- que derivó en un agravamiento de una situación que era delicada pero en modo alguno tan crítica como terminó siéndolo.

Después del quiebre de la convertibilidad entre el peso y el dólar, la política menemista se convirtió poco menos que en una herejía imperdonable. Nadie podía defender absolutamente nada de lo realizado durante aquellos años sin recibir durísimas condenas. Nunca fue posible, desde hace diez años hasta ahora, realizar un análisis mínimamente desapasionado y racional de lo acontecido durante la década en la que Menem presidió el país.

Los desaciertos de la política económica de Alfonsín habían llevado el país hacia una crisis hiperinflacionaria dramática. En ese contexto, Menem se hizo cargo del gobierno y anunció la puesta en marcha de un profundo plan de reformas económicas orientadas hacia el liberalismo. Actualmente, todo aquello tiene muy mala imagen pero, mirándolo retrospectivamente, es necesario reconocer que hubo también un buen porcentaje de contenidos positivos en la gestión de Menem.

Es indudable que el modelo que Menem había establecido requería importantes correcciones. Pero esas rectificaciones implicaban profundizar el rumbo y no invertirlo, como lo hizo Duhalde y lo consolidó Kirchner. Menem había abierto un camino que representaba una perspectiva promisoria. Pero ese proyecto, en cuanto tal, no tenía consenso y por eso, cuando sus inconsistencias se pusieron en evidencia, en lugar de corregirlo para mejorarlo, se eligió desterrarlo y reemplazarlo por el actual modelo kirchnerista que no ofrece más que una estabilidad precaria pero sin proyección alguna hacia el futuro y grandes riesgos de que, ante cualquier cimbronazo, pueda desmoronarse de manera abrupta.

Va siendo el momento de pensar nuevamente, de manera menos apasionada y con mayor racionalidad, acerca de los aciertos y los errores de la gestión del menemismo. No se trata de caer en una defensa a ultranza del menemismo pero sí de no incurrir en una postura condenatoria basada simplemente en un prejuicio ideológico. El menemismo había abierto un proceso que requería mayores profundizaciones y significativas correcciones pero que, apropiadamente aplicado, conducía a un mejoramiento de la situación general del país y a una elevación de la calidad de vida de la población en general.

Pero resultó políticamente más rentable anatematizar al menemismo que corregirlo y así es como los gobiernos que sobrevinieron después de la caída de De la Rúa eligieron desandar el camino que Menem había recorrido, con el resultado de que actualmente nuestro país no tiene un horizonte definido y que solo logramos sobrevivir día a día en un contexto de incertidumbre y desorientación generalizadas.

Es un imperativo y una deuda con nosotros mismos la apertura de un análisis crítico hacia lo que hubo de bueno y por supuesto también de negativo durante el ciclo menemista. Aunque sus detractores se nieguen a admitirlo, lo cierto es que durante la gestión de Menem la situación general de nuestro país registró progresos importantes y también mostró defectos innegables. Entonces, es evidente que el camino apropiado es recomponer y profundizar lo positivo y corregir lo erróneo. Ese es el camino para reencontrar un rumbo apropiado. No es lo que ofrecieron Duhalde y los K, que eligieron desestimar todo lo que Menem había aportado, sin discriminar aciertos y errores. Ese replanteo, esa reflexión acerca de lo sucedido durante el gobierno de Menem es, probablemente, el punto de partida para la gestación de un proyecto político apropiado para desplazar al kirchnerismo del gobierno.

lunes, 21 de marzo de 2011

El conflicto entre Moyano y la Señora resquebraja a la coalición gobernante

Las tensiones que están afectando internamente a la coalición gobernante prefiguran un escenario de ingobernabilidad política. No parece posible que el kirchnerismo puro consiga ponerle límites por sí solo a las ambiciones de Moyano pero tampoco es verosímil que un sujeto tan mal visto como el camionero pueda adueñarse indefinidamente del país e imponer su ley de la fuerza, el patoterismo y la arbitrariedad. Y más allá de que intenten maquillar la realidad, lo cierto es que las relaciones entre el kirchnerismo y el moyanismo están muy deterioradas, al punto de que resulta difícil imaginar que puedan seguir conviviendo. La decisión de Moyano del último viernes al “dejar en suspenso” el paro previsto para hoy fue en realidad un gesto destinado a no dar un paso que él mejor que nadie sabe que sería irreversible. Pero a pesar de que primó esa racionalidad de corto plazo todos saben que los proyectos del sindicalismo moyanista y los planes del kirchnerismo son incompatibles entre sí.

¿Hay alguna posibilidad de ponerle límite a los avasallamientos del movimiento encabezado por Moyano? Se trata de una pregunta compleja. Moyano dispone de un factor de poder que es determinante, que es el hecho de que controla el transporte tanto de personas como de mercaderías. Moyano no tiene la capacidad de obtener consenso pero sí tiene un gigantesco poder de extorsión. En eso radica su fuerza pero su problema es que en eso se agota su influencia. Si el método de gestión política de Moyano pasa únicamente por el empleo de la fuerza, el resultado que sobrevendrá es que en determinado momento la amplia mayoría de la sociedad que repudia a Moyano se encargará de generar los mecanismos para desactivar esa prepotencia sistemática. Moyano no tiene un proyecto político, una visión de país, una idea atractiva para proponerle al pueblo. El kirchnerismo, pese a todos sus desvaríos, tiene al menos un discurso más sofisticado. El kirchenrismo cultiva el arte de la demagogia, Moyano es simplemente un bruto.

Mientras tanto, la mayoría de la sociedad, que está disgregada porque discrepa en muchas cuestiones, tiene al menos claro que no desea someterse a la demagogia kirchnerista ni a la prepotencia de Moyano. Hasta ahora, los análisis políticos se basaban en que el oficialismo podía exhibir al menos unidad frente a una oposición fragmentada. Pero después de los episodios del último viernes ese supuesto ha dejado de tener validez, más allá de que superficialmente la suspensión del paro haya evitado que “la sangre llegue al río” por el momento. Ahora está disgregada la oposición pero también está quebrado el oficialismo. ¿Y entonces?

Esa pregunta no tiene respuesta conocida. La situación política ha entrado en un “impasse”. El supuesto de que la Señora se encaminaba a ganar las elecciones a favor de la fragmentación de la oposición ha dejado de tener vigencia por la sencilla razón de que ahora tampoco el oficialismo puede exhibir unidad y si la Señora rompiera con Moyano y se “cortara sola” correría el serio riesgo de tener que enfrentar una oposición sindical muy cerrada, sin tener ningún otro sector de la sociedad en el cual respaldarse para contrapesar al gremialismo.

La lógica de las relaciones de fuerza de la política argentina es que el enfrentamiento con Moyano lleve a la Señora a poner en duda su voluntad de presentar su candidatura, cediéndole el control político al establishment del justicialismo. Hasta no sería inimaginable una “devolución” del poder desde el kirchnerismo a Duhalde, como para que el peronismo histórico, en alianza con sectores sindicales adversarios de Moyano, plasmen algún proyecto razonablemente presentable como para evitar el cuadro de ingobernabilidad que podría sobrevenir del enfrentamiento entre Moyano y el kirchnerismo. En este escenario hipotético, la Señora se “correría”, podría irse tranquilamente a El Calafate o a París a disfrutar de sus rentas y dejaría la política en otras manos. Una versión menos prepotente del peronismo podría hacerse cargo del país y administrar la situación, al menos como una solución de transición, mientras se recomponen todas las relaciones políticas alteradas por el ciclo kirchnerista. Si se presentara un escenario de este tipo, al menos, coyunturalmente, el riesgo de que la dictadura K se consolide quedaría aventado. Y Moyano, seguramente, perdería gravitación como líder gremial pero difícilmente resulte condenado porque ya sabemos cómo actúa la justicia con los amigos del poder...

viernes, 18 de marzo de 2011

¿Por Qué Roban los Políticos?

Periodista invitado: Iván Carrino

Por lo mismo que los otros ladrones. No tanto por su calidad como personas sino por una respuesta lógica a la siguiente pregunta: ¿Para qué trabajar 8, 10 o 12 horas por día por un sueldo que no alcanza si trabajando mucho menos tiempo se puede vivir mucho mejor?

En general creemos que el que roba es malo porque hace un daño al otro y eso es cierto, pero no debemos dejar de lado la idea de que el robo es un acto perfectamente racional.

Salir a robar no debe ser nada fácil. Si te sale mal podés terminar preso, herido o bien muerto. Es decir, robar involucra un alto nivel de riesgo. Sin embargo, el beneficio es alto en relación al costo.

Robar una cartera, por ejemplo, puede tomar 40 segundos. La adrenalina debe ser altísima y –como dijimos- el riesgo también, pero luego de 40 segundos de trabajo obtuvimos 200 o 300 pesos más un celular y accesorios que podemos cambiar por dinero.

Asimismo, robarle con éxito una cartera a una señora en el medio de la avenida Corrientes es mucho más difícil que hacerlo de noche en un callejón con poca luz y poca gente. ¿Por qué? Porque la posibilidad de ser descubierto y tener que correr por tu vida disminuye significativamente en el callejón.

Ahora bien, imaginemos que el carterista pudiera reducir el riesgo de ser descubierto a una expresión mínima.

Imaginemos que, en lugar de asaltar una mujer, empujarla al piso, tironearle el bolso y salir corriendo, nuestra rutina laboral sucediera en un elegante despacho, con aire acondicionado y varios empleados sirviendo café.

Supongamos, además, que en lugar de 200 pesos y accesorios para vender, el premio son varios millones que van a ir a parar a una cuenta en un banco suizo a nombre de un tío segundo.

Pensemos también que la posibilidad de ser atrapado en medio del atraco baja porque nuestra rentabilidad es tan grande que podemos compartir el botín con quien debería meternos presos.

Y considérese por último que las oportunidades para incurrir en este tipo de maniobras es abundante puesto que el sistema está lleno de regulaciones, permisos, habilitaciones, contrataciones públicas y licitaciones.

Finalmente, si vos fueras político y vieras esta circunstancia, ¿no robarías también?

Probablemente no porque no es tu estilo andar jorobando a la gente por ahí. De acuerdo. Sin embargo, no podemos decir que quien cobra una coima, paga un sobreprecio, o cobra un “peaje” extra no lo haga siguiendo una perfecta ecuación de costo beneficio. Entonces ¿qué hacemos?

Como primera medida podríamos ir casa por casa predicando las bondades de ser honesto y noquedarse con los vueltos. Pero difícilmente la debilidad humana logre entendernos.

En segundo lugar, podríamos idear una nueva serie de controles que sirva para relevar a los supervisores del área de regulación de las actividades monitoreadas que controlan al que debería estar controlando; logrando simplemente agregar eslabones a una cadena alimenticia en donde, a la larga, cuando se aceita el mecanismo, todos se llevan su porción.

Entonces, si los hombres luego de resolver su ecuación costo-beneficio deciden incurrir en actos corruptos, y si los controladores de que esto no pase son tan humanos como los primeros, lo que hay que cambiar no es al hombre sino a la circunstancia.

Si no hubiera mujeres por la calle caminando con carteras, de seguro no habría carteristas. Si la calefacción dependiera de cada departamento, el administrador del edificio no podría facturar más caro el arreglo de la caldera.

Análogamente, si removemos al gobierno de su papel omnipresente, promotor y controlador de la actividad de los hombres, le estaríamos dando un demoledor golpe al fenomenal clima de negocios corruptos que hoy impera en el país.

Artículo publicado en el blog La crisis es filosófica (www.lacrisisesfilosofica.blogspot.com)

El pedido de la justicia suiza referido a Moyano prefigura convulsiones políticas

La llegada del pedido de la justicia suiza de informes sobre las actividades del gremialista Hugo Moyano en relación a la empresa Covelia llega en un momento por demás oportuno. Cuando todo parecía perfectamente armado para favorecer los intereses electorales del oficialismo, este requerimiento y la inmediata reacción de la central sindical, convocando a un paro general para defender a su líder, resulta ideal para poner en aprietos al gobierno y para hacer salir a la superficie las contradicciones que anidan en la coalición gobernante.

Moyano forma parte del riñón del gobierno kirchnerista. Desde el primer día el camionero estuvo aliado a Néstor Kirchner, sin perjuicio de que pudiera haber cortocircuitos entre ellos (habrían tenido una fuerte discusión la noche previa al fallecimiento de Kirchner). Y ahora, ante la perspectiva de la reelección de la Señora, Moyano aspiraba a ampliar su esfera de influencia política a pesar de que es una de las figuras públicas con peor imagen del país.

El hecho de que la justicia suiza haya librado un exhorto solicitando información acerca de las causas judiciales en las que el líder sindical está involucrado y que la CGT haya reaccionado en defensa de los intereses personales de Moyano, amenazando poco menos que con “prender fuego” al país pone en evidencia qué implicaría la reelección de Cristina Fernández. Es como si la justicia suiza nos hubiera dicho: “¿quieren la reelección de Cristina? Bueno, en el paquete viene Moyano”... Esto no era algo que no se supiera pero este incidente lo puso abiertamente en evidencia.

Para el gobierno, la cercanía de Moyano es un lastre muy pesado y ahora, después de siete años de “matrimonio”, será muy difícil deshacerse de él. De hecho, la sola llegada de un pedido de informes de la justicia extranjera ha provocado un gigantesco revuelo en los círculos donde el jefe camionero se desenvuelve. Según algunas versiones, allegados a Moyano aseguran que este pedido llegó por instigación del propio kirchnerismo pero es dudoso que un gobierno tan desprestigiado como el actual tenga influencia sobre las decisiones de la justicia suiza. Más razonable sería pensar que pueda haber existido alguna influencia de cancillerías extranjeras interesadas en desestabilizar al gobierno argentino y que encontraron en Moyano un talón de Aquiles sobre el cual golpear.

El problema, en términos electorales, es que la figura de Moyano resta muchísimos votos pero, al mismo tiempo, que para enfrentar a Moyano no hay otro recurso que la fuerza física, un método que el oficialismo desestima por completo. En gran medida, en la falta de escrúpulos para valerse de la prepotencia, la arbitrariedad y la violencia efectiva o al menos potencial, radica el poder del camionero. Como nadie se atreve a enfrentarlo en ese terreno porque existe pánico a la escalada que podría producirse en el caso de que alguien le oponga fuerza física a sus bravuconadas, Moyano encuentra el terreno despejado para adquirir porciones crecientemente mayores de poder.

Pero como la amplia mayoría de la sociedad repudia categóricamente los métodos de Moyano, la pretensión de institucionalizarlos a través de la inserción en el aparato político del oficialismo inexorablemente iba a traer aparejado un conflicto. Hay cosas que ni el dinero ni la prepotencia pueden comprar y una de ellas es la estima y la aprobación de los demás. Por mucho que robe y patotee, Moyano siempre seguirá siendo un personaje muy mal visto por el conjunto de la sociedad. Para el gobierno ese es un problema sin solución. No puede prescindir de Moyano porque hace siete años que está ligado a él y si lo deja de lado se lo pone en contra con todas las consecuencias que eso implica pero si lo mantiene dentro de su estructura debe pagar el costo político de tenerlo como aliado. El pedido de informes de la justicia suiza ha puesto esta contradicción ostensiblemente en evidencia. Aunque quieran minimizarlo, este incidente tiene el efecto de una bomba atómica sobre los planes del oficialismo.

Es aún pronto para evaluar los efectos de este suceso. Existe la posibilidad de que todo el escenario político se modifique sustancialmente a partir de esto. Las consecuencias se clarificarán en las próximas semanas. Se vienen tiempos movidos...

jueves, 17 de marzo de 2011

El gobierno va ganando pero las elecciones de octubre aún no están definidas

Para que Cristina Fernández no gane las elecciones de octubre es absolutamente indispensable que haya algún candidato que le gane... Este hecho obvio, elemental, básico es la razón esencial por la cual el gobierno se está encaminando a obtener la victoria. El kirchnerismo se beneficia de la ausencia de adversarios que trabajen seriamente para derrotarlo.

Este hecho, la pasividad de la oposición, no es absolutamente inexplicable. No se trata simplemente de que los dirigentes del gobierno sean más inteligentes que los líderes de la oposición o que no pueda haber entre los opositores figuras que puedan enfrentar con solvencia a los representantes del oficialismo. En gran medida la ventaja competitiva del gobierno se explica porque el proyecto político que el cristinismo corporiza responde a las expectativas de anchas franjas de la población.

Nos guste o no, el kirchnerismo –y más aún el cristinismo propiamente dicho- responde a las demandas mayoritarias del pueblo argentino. Las prácticas clientelistas, que los opositores liberales fustigamos sistemáticamente, representan una respuesta a cuanto gran parte de la población demanda. Hay amplios sectores de de nuestro país que no quieren aprender a pescar; quieren que les den pescado. El gobierno lo sabe y actúa en consecuencia. El pueblo argentino repudia la aplicación de impedimentos directos a la libertad de expresión y por eso la presidenta debió desautorizar a quien pretendió descalificar la presencia de Mario Vargas Llosa en la Feria del libro pero los actos de intimidación contra medios y periodistas opositores no generan rechazo en la mayoría de la población, como tampoco tiene costo político alguno el montaje del circo mediático instituido por el gobierno. Y eso los estrategas del oficialismo lo saben y por eso mantienen su presión sobre los medios independientes aunque al mismo adoptan una fachada de tolerancia que no concuerda en absoluto con sus inclinaciones genuinas.

El mismo tipo de razonamientos podría hacerse en relación a otros temas. El cristinismo, como antes el kirchnerismo, tiene muy bien calibrado de qué modo “comprar” la voluntad del pueblo. Para que un proyecto opositor prospere sería necesario ofrecer algo mejor. Sería falsa la afirmación de que no hay margen para superar la propuesta del gobierno. La gestión del cristinismo tiene puntos débiles, tales como la inflación y la inseguridad, al mismo tiempo que no logra erradicar un sentimiento que no se manifiesta pero que está inconscientemente presente, que es la sensación (y esto sí es una sensación) de que todo el andamiaje social es muy precario y que podría desmoronarse en cualquier momento.

Pero la oposición no encuentra el modo de generar una oferta que aproveche los puntos débiles del gobierno para erosionar la base de sustentación electoral del oficialismo. En buena medida, esto se debe a la falta de convicción de los dirigentes opositores para impugnar los métodos clientelistas del gobierno porque todos saben que esas prácticas suman apoyos. Por lo tanto, el cuestionamiento hacia esas políticas traería aparejado un costo político que no tendría compensación suficiente por la adhesión que suscita, en núcleos minoritarios, el repudio al clientelismo. La realidad electoral de Argentina demuestra que, haciendo sumas y restas, la aplicación de prácticas clientelistas ayuda a ganar elecciones y el gobierno tiene muy bien armada su respuesta a esa demanda. Para derrotar al gobierno, habría que ofrecer respuestas mejores en las áreas donde el gobierno es débil pero sin desarmar –por lo menos, de manera abrupta- la red de contención social que el kirchnerismo ha montado.

Esta es la clave del resultado electoral de octubre. Si la oposición no logra armar algún proyecto que desactive los puntos donde el gobierno es fuerte, la Señora será reelecta, mal que nos pese. Pero aún hay tiempo para diseñar algún proyecto superador. Si bien el oficialismo lleva ventaja, la elección de octubre aún no está definida. Hay margen para revertir el resultado. El desenlace aún está abierto.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Vamos perdiendo la "guerra de la verdad"

Si hubiese que definir en pocas palabras la situación en la que Argentina se encuentra actualmente, podría decirse que estamos librando “la guerra de la verdad”. Se trata de una guerra conceptual donde la cuestión central consiste en imponer una versión acerca de la situación en la que el país se encuentra. El gobierno da una determinada visión de los hechos y quienes estamos en la vereda opuesta ofrecemos una perspectiva diferente. El gobierno sostiene que nosotros mentimos y nosotros, por supuesto, sabemos que quien falsea los hechos es el gobierno.

Se trata, por cierto, de una guerra inusual. El gobierno la ha planteado de un modo tal que cualquier afirmación es relativa. El ejemplo paradigmático es la inflación. Por ejemplo, el INDEC dio ayer a conocer una estadística según la cual el aumento de la canasta básica alimentaria en febrero fue del 0,2 %, en tanto que, para las consultoras privadas esos aumentos oscilaron entre el 1,5 y el 3 %. Para el gobierno, estos datos son tan falsos como para nosotros lo son los que el gobierno divulga. Y toda la situación se estanca porque nosotros sabemos que la inflación es mucho más alta que la que el gobierno reconoce y el oficialismo se aferra al argumento de que los aumentos están en los guarismos que publica el INDEC. No hay posibilidad alguna de diálogo entre ambas partes.

La gran ventaja del gobierno en relación a todo este tema tiene que ver con el hecho de que el kirchnerismo tiene clara la naturaleza del conflicto y la oposición no lo comprende. El kirchnerismo sabe que su proyecto consiste en institucionalizar la mentira y transformarla en la versión oficial de los hechos. La oposición, en cambio, no comprende que el problema radica precisamente en defender la vigencia de la verdad. La consecuencia práctica de todo esto es que la acción del gobierno es coherente, coordinada, sistemática y eficaz, en tanto que la acción de la oposición es errática, vacilante, contradictoria y ambigua. El gobierno, por lo tanto va ganando la guerra y va imponiendo sus puntos de vista. Nosotros sabemos que estamos del lado de la verdad pero, como no nos manejamos políticamente de un modo acertado, vamos perdiendo la guerra.

Por supuesto que la posición del gobierno siempre es endeble porque está basada en supuestos falsos, es decir, que no concuerdan con la realidad. Pero como esas fantasías no encuentran una alternativa política con la cual confrontar, la acción del gobierno avanza sin toparse con obstáculos. Nuestra propia inacción le facilita el trabajo al gobierno nacional. Deberíamos admitir, a fuerza de ser sinceros, que no es el gobierno sino nosotros mismos los responsables de la crítica situación en la que nos encontramos.

Es inexorable que, a la larga, toda la ficción que el gobierno ha montado concluya por desmoronarse. Ningún proyecto político sustentado en falsedades puede sostenerse indefinidamente. Pero el tiempo que demore en descubrirse la farsa puede ser extenso. En la Unión Soviética, por ejemplo, la mentira comunista sobrevivió casi 80 años antes de quedar irremediablemente al descubierto. El castrismo lleva 52 años gobernando Cuba. Los países no desaparecen por la sencilla razón de que el espacio físico que ocupan siempre seguirá existiendo pero las condiciones de vida bajo el imperio de la mentira suelen ser muy duras y pueden prolongarse durante largos períodos. Por lo demás, la salida de los regímenes estructurados en base a falsedades usualmente es traumática y costosa tanto en términos materiales como humanos.

No se vislumbra por el momento el modo de erradicar al kirchnerismo. No nos hemos hecho cargo de qué es lo que está en juego y cuál es el factor determinante del futuro político del país. Seguimos dispersando nuestros esfuerzos. La Señora nos lo agradece de todo corazón y nos castiga como nos lo merecemos. Nada sucede sin motivo, ni siquiera las injusticias. Pero no nos hemos dado cuenta de eso aún.